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Lección 9: Metáforas de la salvación

Lección 9: Metáforas de la salvación

Para el 29 de noviembre de 2008

http://docs.google.com/Doc?id=dkc3vcv_68hmw4d592

http://groups.google.com.mx/group/fino2008escuelasabatica/files

Lee: Romanos 2:1-29; 3:19-26; 2 Corintios 5:18-21; 1 Juan 4:7-11.

Descubre: ¿Cómo defines los siguientes términos: redención, justificación, reconciliación, propiciación y expiación? ¿Qué hizo Jesús por nosotros en la Cruz? ¿Qué significa la muerte de Jesús para ti? ¿Cuál el significado del sacrificio de Cristo hecho en la Cruz? ¿De qué maneras podemos “demostrar” la salvación a nuestras familias, vecinos y compañeros de trabajo? ¿Qué nos enseña el concepto de “la historia de la redención” acerca de Dios? ¿Qué aprendemos acerca de su carácter? ¿De su amor? ¿De su paciencia? ¿De su ira?

Memoriza y considera: “A quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados” (Rom. 3:25).

Pensamiento clave: Resumir algunas maneras en que el Nuevo Testamento interpreta la muerte de Cristo.

PROPÓSITOS DE LA LECCIÓN DE ESTA SEMANA

·        Saber que Cristo eligió morir en nuestro lugar.

·        Sentir que él no fue obligado: dio su vida por su propia libre voluntad.

·        Hacer participar con alegría en la reconciliación de una relación fracturada entre Dios y nosotros.

“Mediante Cristo, se dan al hombre tanto restauración como reconciliación.  El abismo abierto por el pecado ha sido salvado por la cruz del Calvario.  Un rescate pleno y completo ha sido pagado por Jesús en virtud del cual el pecador es perdonado y es mantenida la justicia de la ley.  Todos los que creen que Cristo es el sacrificio expiatorio pueden ir y recibir el perdón de sus pecados, pues mediante los méritos de Cristo se ha abierto la comunicación entre Dios y el hombre.  Dios puede aceptarme como su hijo y yo puedo tener derecho a El y puedo regocijarme en El como en mi Padre amante” (Alza tus ojos, p. 97).

I. REDENCIÓN

·        ¿Qué impacto debería tener sobre nuestra vida diaria el saber de nuestra redención por medio de la sangre de Cristo? ¿Cuál es el valor de este don, si el que recibe la oferta nunca la acepta?

1. ¿Qué significa la palabra redención? (Marcos 10:45; Gálatas 3:13; Efesios 1:7; 1 Pedro 1:18,19)

“Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Mar. 10:45).

“En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia” (Efesios 1:7).

Redención significa acción y efecto de redimir. La palabra redimir del hebreo gâ'al, "rescatar", "comprar otra vez", "recuperar"; del griego agorázô, "comprar"; lutróô, "librar por el pago de rescate", "redimir", "libertar", "rescatar". También se usan los verbos heb. pâdâh y kâfar, y los vocablos griegos lútrôsis y apolútrôsis, "redención".

El término "redimir" implica:

1.  Rescatar o comprar de nuevo propiedades o esclavos.

 2. Liberar de cautividad física.

3. Redimir del pecado y la esclavitud espiritual.

Un dueño hebreo de tierras, forzado a venderlas (en realidad, alquilarlas) por razones financieras, podía redimir sus tierras en cualquier momento (Lev. 25:25).  Bajo circunstancias especiales, los productos que normalmente serían considerados diezmo, podían rescatarse, es decir, comprarse para uso personal (Lev. 27:31).  Booz estaba dispuesto a redimir la propiedad que había pertenecido al esposo de Noemí (Ruth 4:1-10).  Dios redimió a Israel de la esclavitud egipcia (Exo. 6:6; 2 S. 7:23; 1 Crón. 17:21) y prometió redimirlos del cautiverio babilónico (Miq. 4:10).  Dios redime a su pueblo del pecado (Sal. 130:8; Tito 2:14) y de la maldición (Gál. 3:13), y los redimirá de la tumba (Ose. 13:14; 1 Cor. 15:51-54; 1 Tes. 4:16, 17). Nuestra redención es posible por medio del sacrificio de Cristo (Gál. 3:13; 4:4, 5; 1 Ped. 1:18, 19; Apoc. 5:9). 

2. ¿Qué actos divinos hizo posible nuestra redención? (Rom. 3:24,25)

“Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados” (Rom. 3:24,25).

Considerando el vocablo griego apolútrôsis, “redención” "rescate", "liberación mediante un rescate".  Es una palabra griega compuesta de apó, "procedente de", y lútrôsis, afín de lútron, "rescate". Lútron es un término común en los papiros para describir el precio de compra de los esclavos libertados. Se usaba para referirse a la liberación de la esclavitud o cautiverio, o de un mal de cualquier naturaleza, y generalmente implicaba la idea del pago de un precio o rescate. "Redimir" deriva de un verbo latino que significa "comprar de vuelta", "rescatar".

·        En el Antiguo el gran acto simbólico que representaba la redención fue la liberación de los israelitas de Egipto. Jehová, como el redentor o libertador, prometió: "Os redimiré con brazo extendido" (Exo. 6: 6;15: 13). El propósito de la redención era la consagración de Israel al servicio de Dios (Exo. 6: 7); y para que los israelitas disfrutaran de la redención debían, como un acto de fe, asperjar en sus umbrales la sangre del cordero pascual y comer su carne (Exo. 12).

·        Esos símbolos se cumplen en la redención del hombre, rescatado del pecado y de la muerte. Jesús es "el Cordero que fue inmolado" (Apoc. 5: 12; Juan 1: 29; 1 Cor. 5: 7; 1 Ped. 1: 18-19).

·        El Nuevo Testamento enseña con claridad que se pagó un rescate o precio por nuestra redención.

·        Jesús declaró que el Hijo del hombre vino "para dar su vida en rescate por muchos" (Mar. 10: 45). 

·        Pablo habla de Cristo como de Aquel "que se dio a sí mismo en rescate por todos" (1 Tim. 2:6).

·        Se habla de los cristianos como "rescatados" (2 Ped. 2: 1; o "adquiridos"), o "comprados por precio" (1 Cor. 6:20).

3. ¿Por qué se dice que Jesús es el puente entre Dios y el hombre?

·        "Cristo nos redimió de la maldición de la ley hecho por nosotros maldición" (Gál. 3: 13).

·        De modo que, en un sentido, la justificación no es gratuita, pues se ha pagado un grandísimo precio por ella: los  sufrimientos y la muerte de Cristo. Pero es gratuita para nosotros, pues no tenemos que pagar su costo, pues ya fue pagado por el Hijo de Dios.

·        Esta redención nos rescata del pecado (Efe, 1: 7; Col. 1: 14; Tito 2: 14; Heb. 9: 15; 1 Ped. 1: 18-19), de la corrupción y de la muerte (Rom. 8: 23), y finalmente nos liberará de nuestra mala condición actual y nos llevará a un estado de gloria y bienaventuranza (Luc. 21: 28; Efe. 4: 30).

·        Cristo nos redime del castigo del pecado por medio de la justificación; nos salva del poder del pecado mediante la santificación; y nos redimirá de la presencia del pecado con su segunda venida y la resurrección de los suyos.

Nuestra aceptación ahora del plan divino de la redención que libera del pecado requiere, como en el caso de los israelitas cuando fueron liberados de Egipto, que ejercitemos fe, que reconozcamos y aceptemos personalmente a Jesús como nuestro Redentor, con todo lo que implica tal decisión.

4. ¿En que sentido Cristo nos redimió de la maldición de la ley?

“Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero)” (Gálatas 3:13).

La ley no podía redimir a los que habían atraído sobre sí la maldición, lo cual incluía a todos los que alguna vez habían buscado la justificación por medio de la ley.   Sólo se podía ser liberado de la maldición por medio de la fe en Cristo.  Mientras estuvieron bajo la tutela de la ley en los tiempos del Antiguo Testamento, todos los que prefirieron servir al Señor hallaron la salvación por medio de la fe en el Mesías prometido.  La ley no fue su salvador, sino sólo su "ayo" (Gál. 3:24) para llevarlos al Salvador y ayudarlos a entender las estipulaciones que el cielo había hecho para su salvación.  La ley era buena en sí misma y por sí misma, pues Dios la había dado; pero era completamente impotente para salvar al hombre de sus pecados.

·        La ley de Moisés contenía bendiciones maravillosas para los obedientes (Deut. 28: 1-14) y terribles maldiciones para los desobedientes (Deut. 27: 15-26; 28: 15-68).  La más leve violación de las ordenanzas de la ley era suficiente para incurrir en la maldición.  Finalmente el legalismo fue creciendo hasta convertirse en un minucioso esfuerzo para evitar incurrir en la maldición de la ley (Mar. 7: 3).

·         Pero una persona, aun evitando la maldición de la ley, sólo podía, en el mejor de los casos, obtener una justicia legal; no necesariamente habría alcanzado la justificación delante de Dios.

·        Nuestro Señor nació "bajo la ley" (Gál. 4: 4) para así poder redimir "a los que estaban bajo la ley" (Gál.4:5).

·        Su muerte en la cruz expió "las transgresiones que había bajo el primer pacto" (Heb. 9: 15) y también las que se cometieran después de la cruz.  Por eso tomó sobre sí "la maldición" en la que habían incurrido los que vivieron "bajo la ley", pero que por fe anticipaban la expiación que Cristo finalmente les proporcionaría.

Un criminal que era empalado, o traspasado con un palo puntiagudo, el método que usaban los judíos era equivalente a la crucifixión, se consideraba que estaba bajo la maldición de Dios y de los hombres.  Esta bárbara forma de ejecución era en verdad una demostración pública del máximo desprecio con que era considerado el criminal.

·        Durante toda su vida Cristo supo lo que era ser odiado, despreciado y rechazado.

·        Isaías describe la naturaleza vicaria de los sufrimientos y de la muerte de Cristo(Isa. 53:4-6).  Cristo sufrió en nuestro lugar.  Tomó sobre sí el dolor, la humillación y el maltrato que nosotros merecemos (DTG 16).

·        Cuando tomó sobre sí la forma de hombre, Cristo llegó a ser sensible a todo el dolor, la tristeza y los desengaños que el hombre conoce.  Por medio de la humanidad de Jesús, la divinidad experimentó todo lo que el hombre ha heredado.  Le tocó en suerte sufrir todos los malos tratos y las maldades que los hombres impíos y los ángeles caídos pudieran causarle.  Esto culminó en el juicio la crucifixión.

El hecho de que Jesús fuera crucificado, aunque a la manera romana, reflejaba la opinión de los judíos y de sus dirigentes de que era maldito delante de Dios y también ante ellos.  Teniendo esto en cuenta, Pablo cita Deut. 21: 23 para ilustrar el hecho de que Jesús murio; bajo "la maldición de la ley" (Gál. 3: 10).

·        Una cita de Deut. 21: 23.  "Está escrito" era la forma que generalmente usaban los judíos para comenzar una cita de las Escrituras (Mat. 2: 5; Luc. 2: 23).

·        "La ley" era el título que generalmente aplicaban los judíos de los días del Nuevo Testamento a los escritos de Moisés (Luc. 24: 44). 

·        Esta referencia quizá sea al libro de Deuteronomio en particular, que a veces era llamado el libro de la ley.  La cita es de Deut. 27: 26, donde aparece en formula negativa: "el que no confirmara".  Pablo le da una forma positiva: "todos los que dependen de las obras de la ley"(Rom. 2: 7). 

·        Los que dan la espalda al plan de salvación de Dios por medio de la fe, nunca pueden cumplir los más insignificantes requisitos de la ley.  Sus esfuerzos están condenados al fracaso.

II. RECONCILIACION

·        ¿Quién es el mediador?

·        ¿Quién es el puente?

·        ¿Cómo puedes estar en armonía con Dios ahora mismo?

1. ¿Qué significa el término reconciliación?

“Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él”(1 Cor. 5:18-21)

·        Dios es el autor y dispensador de la reconciliación; los hombres son los que la reciben.  Estos no pueden reconciliarse a sí mismos con Dios lamentando sus pecados pasados, haciendo un duro servicio o practicando ciertas ceremonias establecidas.  Sencillamente reciben la reconciliación arrepintiéndose de sus pecados y aceptando la dádiva de la misericordia divina.

·        Del griego katallag', "cambio", "reconciliación".  En el Nuevo Testamento significa contar de nuevo con el favor de Dios (Rom. 5: 1,10; Col. 1: 20).

·        La idea de la "reconciliación" con Dios implica que en lo pasado Dios y el hombre disfrutaban de comunión mutua, y que luego se han separado (Rom. 8: 7), que Dios ha tomado la iniciativa para terminar con esa condición, y que, por lo tanto, otra vez es posible que el hombre disfrute de comunión con Dios.

Los hombres a veces conciben a Dios como un juez severo, airado con los pecadores, difícil de ser aplacado, inclemente, listo para condenar.  Esa descripción lo desfigura y es una afrenta para él.  Cristo no tuvo que ir a la cruz para apaciguar a Dios; lo hizo como demostración del amor divino.  Dios no exigía la muerte de su Hijo, sino que lo entregó movido por el amor infinito de su corazón (Juan 3: 16; 1 Juan 4: 9; Rom. 3: 25).  Además, Dios no podía poner a un lado su ley e impedir las consecuencias que siguen a su violación sin negar su propio carácter, del cual su ley es una expresión.  Dios siempre ha odiado el pecado.  Su justicia no puede tratar de la misma manera el bien y el mal.  La expiación no cambia la ley; cambia la enemistad que resulta de su violación.  La reconciliación elimina la enemistad mediante un sustituto que cumple las exigencias de la ley.

2.. ¿De qué razones el hombre necesita la reconciliación con Dios?

“Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira. Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación” (Rom. 5:8-11).

La palabras griega katallássô, significa primeramente "intercambiar", y por lo tanto se refiere a un cambio en la relación de dos partes hostiles que conciertan un arreglo pacífico.  Podría indicar tanto el fin de una enemistad mutua como el de una enemistad unilateral, y el contexto debe determinar a qué se refiere.  El pecado ha separado al hombre de Dios, y el corazón humano está en guerra con los principios de la ley de Dios (Rom. 1: 18 a 3: 20; 8: 7); sin embargo, Dios dio a su Hijo para que el hombre de tendencias pecaminosas y rebelde pudiera ser reconciliado (Juan 3: 16).

·        En ningún lugar de la Biblia se presenta a Dios como reconciliándose con el hombre por estar enemistado con él.  Más bien tomó la iniciativa para reconciliar al mundo consigo (2 Cor. 5: 18 -19). 

·        La muerte de Cristo hizo posible que Dios hiciera por el hombre lo que no podría haber hecho de otra manera (Rom. 3: 25-26). 

·        Al llevar el castigo de las transgresiones, Cristo abrió un camino por el cual el hombre pudiera ser restaurado al labor de Dios y volver a su hogar edénico (PP 55).

·        Si no hubiera sido por el sacrificio de Cristo, todos los hombres habrían cosechado los resultados inevitables del pecado y de la rebelión al ser finalmente destruirlos por la ira de Dios (Rom. 2: 5; 3: 5; 5: 9; 1 Tes. 1: 10).

·        Esto no significa que Dios necesitaba ser reconciliado; era el hombre quien se había alejado de su Hacedor y enemistado con él (Col. 1: 21). 

·        Dios es quien en su gran amor inicia la reconciliación.  "Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo" (2 Cor. 5: 19;Efe. 2: 16; Col. 1: 20).

·         Aunque Dios odia profundamente el pecado, su amor por los pecadores es aún más profundo.  No escatimó nada, por costoso que fuera, para que se efectuara la reconciliación (DTG 39). 

·        Cristo no murió para ganar el amor de Dios para el hombre, sino para que el hombre pudiera volver a Dios (Rom. 5: . 

·        El plan de Dios y los medios que ha provisto para la reconciliación del hombre en realidad fueron concebidos en la eternidad pasada, antes de que el hombre pecara (Apoc. 13: 8; PP 48; DTG 773-774).  De este modo, anticipando el sacrificio expiatorio, fue posible que la fe de Abrahán le fuera contada por justicia (Rom. 4: 3), y que el patriarca fuera considerado amigo de Dios (Sant. 2: 23) mucho antes de que en realidad Cristo muriera en la cruz.

El argumento de Pablo en esta primera parte de Rom. 5 es que como tenemos una evidencia tan abrumadora del ilimitado amor de Dios, aun para los pecadores separados de él, es completamente seguro el fundamento que tenemos sobre el cual basar nuestra paz, nuestro gozo y nuestra esperanza en la salvación final.

III. JUSTIFICACIÓN

 

“Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios; ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado. Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado ¡ajusticia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él.  Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús”(Rom. 3:19-24)

 

1. ¿Qué es la justificación?

 

Justificación. Del griego dikáiôma, "exigencia", "acto justo", "estatuto", "sentencia judicial", "declaración de justicia", dikáíôsis, "justificación", "vindicación", "absolución".

 

El verbo "justificar" aparece con mucho más frecuencia que el sustantivo "justificación".

En el uso teológico, justificar es el acto divino por el cual Dios declara justo a un pecador penitente, o lo considera justo.  La justificación es lo opuesto a la condenación (Rom. 5:16).  Ninguno de los dos términos especifica cómo es el carácter, sino sólo la situación ante Dios.  La justificación no es una transformación del carácter inherente; no produce justicia, así como la condenación no produce pecaminosidad.  Una persona cae bajo la condenación por causa de sus transgresiones, pero, como pecador, puede experimentar la justificación sólo mediante un acto de Dios.  La condenación se gana o se merece, pero la justificación no puede ser ganada: es un "don" gratuito o inmerecido.  Al justificar al pecador, Dios lo absuelve, lo declara justo, lo considera  justo, y lo trata como a una persona justa.  La  justificación es tanto el acto de absolver como la declaración correspondiente que afirma que existe un estado de justicia.  Las acusaciones de maldad son canceladas, y el pecador, ahora  justificado, llega a estar en una relación correcta con Dios (que Pablo describe como de "paz para con Dios"; Rom. 5:1).  El estado de justicia que el pecador alcanza por medio de la justificación es imputado (Rom. 4:22), es decir, se le cuenta como justicia (Rom. 4:3, 4).  Cuando  Dios imputa justicia al pecador arrepentido, figuradamente pone la expiación provista por Cristo y la justicia de él como un crédito en los libros del cielo, y el pecador se encuentra ante Dios como si nunca hubiera pecado.

 

2. ¿Por qué las obras de la ley ningún ser humano es justificado?

 

“Por las obras de la ley ningún ser humano será justificado”. Literalmente "de obras de ley"; indicando origen o procedencia; es decir, "en base a obras de ley", o sea obras ordenadas por la ley. En el texto griego "ley, no está precedida por el artículo. Pablo está declarando tina verdad general que es aplicable a gentiles y judíos.

 

·        La justificación mediante "obras de ley" (requeridas por ley) ha sido la base de todo sistema religioso falso, y también se había convertido en el principio aun de la religión judía (DTG 26 -27). Pero las obras que se hagan para obedecer cualquier ley, ya sea que ésta se conozca por la razón, la conciencia o la revelación, no pueden justificar al pecador delante de Dios (Gál. 3: 21). Pablo ya ha demostrado que los gentiles han violado la ley que les fue revelada en la naturaleza y en la conciencia (Rom. 1), y también ha comprobado que los judíos han violado la ley revelada a ellos en el AT, especialmente en los Diez Mandamientos (cap. 2). Judíos y gentiles necesitan justificación. Pero la ley no tiene poder para justificar; sólo puede mostrar la pecaminosidad del pecado en su exacta realidad. La justificación se puede alcanzar en una sola forma.

No hay contradicción entre la afirmación "los hacedores de la ley serán justificados" (cap. 2: 13) y este pasaje: "por las obras de la ley ningún ser humano será justificado". En el primer caso se destaca que sólo serán justificados los que se entregan completamente a Dios y están dispuestos a hacer cualquier cosa que él ordene, por cuanto no son simples "oidores de la ley"; en el segundo caso se enfatiza el hecho igualmente cierto de que las buenas obras de obediencia nunca pueden comprar la salvación, pues en el mejor de los casos pueden ser únicamente la evidencia de la fe por medio de la cual se recibe la justificación.

 

3. ¿De qué manera somos justificados delante de Dios?

 

·        La justificación presupone que Dios tiene  una perfecta norma de justicia, mediante la cual espera que los seres creados ordenen su vida, y que él demanda una obediencia perfecta a esta norma. 

·        Teóricamente, Dios no podría condenar a un hombre que nunca hubiera violado esta norma (Rom. 2:13), pero dado que todos lo hemos hecho (Rom. 3:10, 23). 

·        La ley divina  -toda la voluntad revelada de Dios con respecto al hombre- es así una expresión, un reflejo de su propio carácter y una norma que deben alcanzar todos los seres creados.

·        La justificación es necesaria porque "todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios" (Rom. 3:23).  Sin ella, los pecadores nunca podrían ser aceptos por Dios, sino que permanecerían en un estado de perpetua  hostilidad contra él. 

·        La justificación es posible por causa de la gracia divina, o su disposición a no considerar a los pecadores como responsables por sus errores, con la condición de que acepten la justicia provista por él "a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados" (Rom. 3: 24, 25), y en  virtud de la justicia de Cristo (Rom. 5:18).

 

La provisión de justicia es el don de su Hijo, "el cual  fue entregado por nuestras transgresiones, y  resucitado para nuestra justificación" (Rom. 4:25; 5:16, 18; Juan. 3:16).  Cuando, por fe, el pecador acepta la muerte vicaria de Jesucristo como el justo castigo por sus propias ofensas, Dios a su vez acepta la fe del pecador en vez de su justicia personal, y pone la justicia de Jesucristo en su crédito.  La resurrección de Jesús fue tan esencial "para nuestra justificación" como lo fue su muerte en la cruz (Rom. 4:25).  La justicia estricta no provee escape del castigo por el pecado: la muerte.  Por eso Cristo sufrió ese castigo en la cruz.  Pero así como su muerte es una demostración de la justicia divina, la resurrección (que lo liberó de ese castigo) es una demostración de la misericordia divina y de la disposición de Dios de transferir los méritos de la muerte vicaria de Cristo a los pecadores que están dispuestos a aceptar su bondadoso regalo.  Si Jesús hubiera permanecido para siempre en la tumba, no habría evidencia objetiva de que Dios puede y quiere justificar a los pecadores (Rom, 4:24, 25).  Por ello, la fe en un Señor resucitado nos permite aceptar la justificación por Cristo, y nos capacita para ello.  Somos "justificados en su sangre" y "salvos por su vida" (Rom. 5:9, 10).

La contrapartida o el complemento del acto de gracia de Dios al justificar es la fe del pecador que se extiende para aceptar la gracia ofrecida (Rom. 5:1,2).  Por sí mismo, el hombre no puede hacer nada para obtener la justificación.  Al ejercer fe confiesa su incapacidad de llegar a un estado de justicia por sus propias obras.  Dios reconoce su fe y lo justifica y "ahora... ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús" (Rom. 8:1): ahora es un "justo" (del griego díkaios: Rom. 5:19) ante Dios.

 

·        La justificación consiste primero en el perdón de los pecados (Rom. 4:5-8), pero éste está acompañado por una declaración de que el pecador perdonado ha sido restaurado al favor divino.

Pablo describe esta relación correcta como estar "en paz para con Dios" (Rom. 5:1), o "reconciliados con Dios" (Rom. 5:10).  El dolor por el pecado (Luc. 18:13,14) y un deseo profundo de estar bien con Dios (Mat. 5:6) son prerrequisitos para la justificación.  Luego surge la fe para aceptar la divina provisión de gracia (Rom. 4:4, 5, 16, 24).  Esta debida relación con Dios otorga al pecador arrepentido su título para el reino de los cielos.  Por esto Jesús pudo asegurar al ladrón en la cruz que estaría con él en el Paraíso (Luc. 23:43).  La justificación otorga al pecador arrepentido el derecho a entrar en la carretera al reino y viajar por ella, pero no le concede el poder para avanzar por la misma.  Ese poder es impartido por la morada de Cristo en la persona (Gál. 2:20), mediante el proceso de la santificación que dura toda la vida.  Por la fe en la muerte de Cristo, el pecador justificado se levantará para andar "en vida nueva" (Rom. 6:4, 5).  Aunque la justificación no le da el poder para caminar por el camino a una vida nueva en Cristo Jesús, supone que ésa es su intención.  En realidad, la justificación sería inútil si rehusara hacerlo, y a menos que suceda esa experiencia, no habría evidencias de que ha ocurrido la justificación.  La vida posterior testifica de la realidad de la justificación.  La justificación y la santificación son dos pasos en la salvación.  Una vida en Cristo significa crecer en la gracia (2 Ped. 3:18), un crecimiento hasta llegar a la plena estatura de Cristo (Efe. 4:15).

 

4. ¿Qué es la santificación?

 

De acuerdo con el concepto teológico moderno, la palabra santificación se refiere al proceso del desarrollo del carácter, o al resultado de dicho proceso.  Sin embargo, tal como se las usa en el Nuevo Testamento, "santificación" y "justificación" son en esencia términos equivalentes.  El primero se refiere al cambio de condición: de la pecaminosidad a la santidad; el segundo, al paso de la injusticia a la justicia (Rom. 6:19).  Por eso, se presenta el comienzo de la santificación como algo que ya ha ocurrido (1Cor. 6:11, donde dice: "Ya habéis sido santificados").  Esto no quiere decir que los autores del Nuevo Testamento no tenían nada que opinar con respecto al concepto moderno de "santificación", porque se refieren a él a menudo y ampliamente con expresiones como:

·        "Sigue la justicia" (1Tim. 6:11)

·        "Andemos en vida nueva" (Rom. 6:4)

·        "Transformaos" (Rom. 12:2)

·        "Perfeccionando la santidad" (2 Cor. 7:1)

·        "Crezcamos en... Cristo" (Efe. 4:15)

·        "Prosigo a la meta" (Fil. 3:12-15)

·        "Sobreedificados en él [Cristo]" (Col. 2:7)

·        "Completos en todo lo que Dios quiere" (Rom. 4:12)

·        “ Peleando "la buena batalla de la fe" (1 Tim. 6:11,12)

·        Participando "de la naturaleza divina" (2 Ped. 1:4)

·        Creciendo "en la gracia" (2 Ped. 3:18). 

Mediante la justificación el hombre recibe al Señor Jesucristo, y mediante la santificación aprende a andar en armonía con su voluntad (Col. 2:6, 7). La justificación se produce en un momento, mientras la santificación dura toda la vida.

IV. PROPICIACION

1. ¿Cuál es el significado de la palabra propiciación?

“Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús” (Rom. 3:24-26)

La palabra griega hilastérion, ha sido ampliamente discutida por muchos comentadores e interpretada de diferentes maneras. La dificultad parece hallarse no sólo en descubrir el significado exacto del término griego, sino también en encontrar una palabra o frase castellana que represente este significado.

Hilastérion sólo aparece aquí y en Heb. 9: 5, donde claramente se refiere a esa parte del arca del pacto generalmente conocida como "propiciatorio". Este uso de la palabra es común en la LXX para traducir el Hebreo kappóreth, que se refiere a la tapa del arca. Sobre ese artefacto que era de oro puro, se esparcía la sangre en el día de la expiación (Lev. 16: 14-15) y desde allí, "en virtud de la expiación, se otorgaba el perdón al pecador arrepentido" (PP 36 l).

·        Esta era la más sagrada de todas las ceremonias hebreas, y como era un símbolo de la obra expiatorio de Cristo, una comprensión del significado del sustantivo kapporeth, que era el centro de la ceremonia simbólica de la expiación, puede aclarar algo el uso que hace de él Pablo al referirse al sacrificio de Cristo.

·        Esta palabra hebrea empleada para denominar al "propiciatorio" deriva de kafar, vocablo que significa básicamente "cubrir"; sin embargo, en el Antiguo Testamento, kafar se emplea sólo una vez en su forma más sencilla con el significado corriente de cubrir (Gén. 6: 14).

·        Lo más frecuente es que aparezca en otra forma y se use en forma figurada con el sentido de "cubrir pecado", y por lo tanto con el significado de "perdonar", "ser misericordioso", "expiar".

·        Lutero tradujo kapporeth con la palabra alemana Gnadenstuhl: "asiento de misericordia" (lo que en castellano se ha traducido como "propiciatorio").

·        Posteriormente Tyndale tradujo el vocablo de Lutero al inglés como mercy seat ("centro o sede de la misericordia"), y de allí ha pasado a las principales versiones inglesas de la Biblia.

·        Algunos han sugerido la traducción "lugar  de expiación" para representar más claramente la obra de redención y reconciliación que allí se efectuaba.

·        Los traductores de la LXX sin duda comprendían muy bien el significado del nombre cuando lo tradujeron con el vocablo griego hilast'rion. El significado de hilast'rion se aclara más comparándolo con otras palabras de la misma raíz que aparecen en el Nuevo Testamento.  Hiláskomai se usa en la oración: “Dios, sé propicio a mí pecador" (Luc.  18: 13) y en la descripción de la obra de Jesús de "expiar los pecados del pueblo" (Heb. 2: 17). Otra palabra griega de la misma raíz, hilasmós, parece dos veces en la descripción de Cristo como "la propiciación por nuestros pecados" (1 Juan 2: 2; 4: 10).

·         En el concepto pagano una "propiciación" era un presente o sacrificio que tenía el propósito de apaciguar la ira de un dios para convertirlo en amigo, o que perdonara; pero nuestro Dios no tiene por qué ser apaciguado o reconciliado con nosotros, pues él ama a los hombres aun cuando son pecadores (Rom. 5: 8; Apoc. 13: .  Nosotros somos los que necesitamos ser reconciliados con Dios (2 Cor. 5: 18-19).  La sintaxis griega destaca que Cristo es en sí mismo la propiciación y también el propiciador.  El es tanto el sacerdote como la víctima.

·        Tal como se usa en Rom. 3: 25, y en este contexto que describe el ofrecimiento de justificación y redención mediante Cristo, hilast'rion, "propiciación", parece representar el cumplimiento de todo lo que estaba simbolizado por el hilast'rion, el "propiciatorio" del santuario del Antiguo Testamento.

·        Jesús ha sido presentado mediante su muerte expiatoria como el medio de expiación (DTG 434), el sacrificio expiatorio, la propiciación (CC 12) y la reconciliación. En castellano quizá no haya una palabra que describa adecuadamente todo este significado. Los teólogos han dado definiciones a algunos de los términos que hemos mencionado, pero que de ninguna manera coinciden con la verdadera naturaleza de la expiación.  Hay que tener mucho cuidado en el uso de estos términos para no atribuirles matices incorrectos de significado.

2. ¿Qué lecciones practicas aprendiste de la propiciación que hizo Jesús por ti?

“Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiera pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo” (1 Juan 2:1,2).

Cualquiera que sea la palabra que se use, es evidente que la muerte expiatoria de Jesús ha pagado el precio del castigo del pecado y ha hecho posible el perdón y la reconciliación de todos los que tienen fe en él.  Por supuesto, esto no debe entenderse que significa que el sacrificio de Cristo se ofreció, como los sacrificios paganos, para aplacar a un dios ofendido y para persuadirlo a que considerara con más benignidad a los pecadores.  "La expiación de Cristo no se hizo para inducir a Dios a que amara a los que de otro modo hubiera aborrecido; no se hizo para crear un amor que no existía, sino que se llevó a cabo como una manifestación del amor que ya había en el corazón de Dios" (CC 12).  En realidad, Dios se sacrificó a sí mismo en Cristo para la redención del hombre.  "Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo" (2 Cor. 5: 19; DTG 710).

3. ¿Qué relación existe entre la reconciliación, propiciación y la expiación?

Expiación proviene de la palabra hebrea kippurîm, literalmente, "cubiertas";[de los verbos kâfar, "cubrir", "hacer expiación", "reconciliar"; y kipper, "cubrir pecados"]; kappêr, "sustitución"; del griego katallague, "reconciliación".

·        Término que aparece en el Antiguo Testamento, generalmente en relación con diversos sacrificios y servicios del sistema ceremonial. 

·        El término griego refleja la idea fundamental de restablecer la armonía en una relación, de modo que cuando hubo una separación ésta pueda ser eliminada por el proceso de cubrir el problema, producir la reconciliación. 

·        La palabra "expiación" adquirió el significado teológico y técnico de "propiciación", y cuando se la usa así implica que el sacrificio de Cristo en la cruz constituyó una reparación para un Dios ofendido.  Este concepto refleja la idea pagana de propiciar a una deidad ofendida con el fin de evitar su ira y venganza y supone que Dios debe ser reconciliado con nosotros.

Cuando kâfar y kippurîm se usan en relación con el sistema ceremonial, el escritor bíblico supone que las personas o cosas por las que se hace ese "cubrimiento" -las personas o cosas cubiertas- son comunes, "inmundas" o pecaminosas a la vista de un Dios justo; por tanto, no aceptos ante él. 

·        Por causa del pecado en general, y a veces por causa de pecados particulares en especial, se entiende que los hombres están alejados de Dios. 

·        Pero los escritores bíblicos presentan a Dios como ansioso de una reconciliación, y muestran que él ha hecho las provisiones necesarias para lograr esto. 

·        No es necesario cambio alguno de parte de él para producir la reconciliación, porque el hombre en su estado natural es un pecador que ni siquiera tiene el deseo de ser reconciliado, y por lo tanto es necesario un cambio de su parte.  Es el pecador quien debe ser "cubierto" o reconciliado con Dios, no Dios con respecto al pecador.

4. ¿De qué manera podemos reconciliarnos con Dios?

·        El sistema ritual proporcionaba una ilustración objetiva de cómo los hombres se pueden reconciliar con Dios. 

·        La sangre de los animales sacrificados proveía la cobertura objetiva (Lev. 17:11), pero esta sangre no podía, en sí misma y por sí sola, cubrir realmente al pecador (Heb. 10:1, 4, 6, 8, 11).

·        Sólo si por fe veía en ella un símbolo de la sangre de Cristo y aceptaba la promesa de la gracia divina así representada, era "cubierto" en la realidad y de ese modo reconciliado con Dios (Heb. 10: 10, 12, 14-18).  A esta "cobertura" siempre le acompañaban el perdón de los pecados y la aceptación divina (Lev. 4:20; Núm. 15:25).

·        Dios quedaba satisfecho con la sinceridad de propósito de la persona en cuyo favor se hacía la "cobertura", y no hacía nuevas acusaciones contra ella mientras permanecieran en armonía con él.

·        En el Nuevo Testamento se describe esta obra de expiación con la palabra "reconciliación".  También se usan los vocablos griego hilasterion (Rom. 3:25), hiláskomai (Heb. 2:17) e hilasmós (1 Juan. 2:2; 4:10), "propiciación", "ser propicio" o "expiar". 

·        La "cobertura" verdadera ha sido provista por la preciosa sangre de nuestro Salvador, y la reconciliación con Dios es posible mediante la fe en él (Rom. 5:8-11; 2 Cor. 5:17-19). 

5. ¿Qué actos se realizaban en el Día de la Expiación a fin de que el pueblo hebreo era reconciliado con Dios?

·        El 10º día del mes 7o (Etanim o Tishri), el más solemne del año.

·        En ese día todo miembro del pueblo de Israel no sólo debía abstenerse del trabajo, sino también afligir su alma (Lev. 23:27-32). 

·        Esto implicaba  probablemente incluía el ayuno, ya que en tiempos del Nuevo Testamento es evidente que se habla de este día como el del "ayuno" (Hech. 27:9). 

·        En él todos los pecados del año precedente eran finalmente eliminados en la ceremonia de la purificación del santuario (Lev. 16).  Cuantos en ese día no afligían su alma eran cortados de Israel (Lev. 23:29). 

·        El Día de la Expiación era para los judíos un día de juicio.  Todos eran juzgados el día de Año Nuevo, pero los que no eran notablemente buenos o desesperadamente malos tenían 9 días de gracia, hasta el Día de la Expiación, antes de que su suerte se sellara definitivamente.

·        Los cultos y las ceremonias del Día de la Expiación representaban la purificación del pecado y la reconciliación con Dios (Lev. 16:16, 33, 34). 

·        Lee Levítico 16.  Las ceremonias comenzaban con el baño del sumo sacerdote que se vestía ropas de lino fino  y ofrecía un becerro por sí mismo y por su casa como ofrecida por el pecado.  Luego de esta preparación personal se sacrificaba un macho cabrío designado "por Jehová", previamente elegido por suertes de entre 2 obtenidos para las ceremonias.  Después, en medio de nubes de incienso, que ascendían del altar que estaba delante del segundo velo, el sumo sacerdote entraba en el lugar santísimo y esparcía sangre (primero del becerro y luego del macho cabrío) sobre el propiciatorio que cubría el arca (que en su interior tenía, entre otras cosas, las tablas del Decálogo).  De este modo, se limpiaba el lugar sagrado y se hacía expiación por los pecados del pueblo.  En forma semejante se purificaba el altar.  Más tarde, pero no hasta haber reconciliado el lugar santo, el altar y la congregación, las transgresiones se transferían ritualmente al macho cabrío designado "por Azazel", que luego era conducido al desierto.

REFLEXIONES Y APLICACIONES PARA LA VIDA

Mí querido(a) amigo(a) o hermano(a): ¿Qué concepto tienes acerca de la redención? ¿Qué actividades podrías realizar con el propósito de refrescar en tu mente la esencia de lo que hizo Jesús en el Calvario? ¿Qué significado tiene para ti la doctrina de la reconciliación?¿Qué otras ideas, imágenes o metáforas puedes citar que abarquen el significado de la muerte de Cristo y faciliten la comprensión de los nuevos o los no creyentes?¿Por qué la justificación y la santificación se relacionan?¿Cuáles son las bendiciones de la observancia de la ley de Dios?

Reflexiona conmigo el siguiente texto: “Cristo ha hecho reconciliación por el pecado, y ha llevado toda su ignominia, vergüenza y castigo; y no obstante llevar todo el pecado, ha traído justicia eterna, de manera que el creyente comparece sin mácula delante de Dios” (Hijos e hijas de Dios, p. 230).

Manos a la obra:

 

  1. Reconoce a Jesús como tu Salvador Personal. La sangre de Cristo, que representa la perfecta vida de Jesús dada por el hombre, es eficaz como "propiciación" (Rom. 3: 25), justificación (Rom. 5: 9) y reconciliación (Efe. 2:13). 
  2. Vive una vida santificada en Cristo. "Es recibiendo la vida derramada por nosotros en la cruz del Calvario como podemos vivir la vida santa" (DTG 615). Las Santas Escrituras enseñan claramente que la obra de santificación es progresiva. Cuando el pecador encuentra en la conversión la paz con Dios por la sangre expiatoria, la vida cristiana no ha hecho más que empezar. Ahora debe llegar "al estado de hombre perfecto;" crecer "a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo." El apóstol Pablo dice: "Una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo al blanco, al premio de la soberana vocación de Dios en Cristo Jesús." (Filipenses 3: 13, 14.)
  3. Practica los peldaños de la santificación.  El apóstol Pedro nos presenta los peldaños por los cuales se llega a la santificación: "Poniendo de vuestra parte todo empeño, añadid a vuestra fe el poder; y al poder, la ciencia; y a la ciencia, la templanza; y a la templanza, la paciencia; y a la paciencia, la piedad; y a la piedad, fraternidad; y a la fraternidad, amor... Porque si hacéis estas cosas, no tropezaréis nunca." (2 Pedro 1: 5-10).
  4. Ama porque Dios es amor. Nosotros, los que comprendemos la magnitud del incomparable amor de Dios por nosotros, estamos obligados a imitar ese amor en relación con nuestros prójimos.  Puesto que Dios nos amó aunque somos indignos, ¿no debemos amar a nuestro hermano, aunque quizá nos parezca indigno?  Si nos negamos a amar a nuestro hermano -que no es menos a los ojos de Dios que nosotros- nos colocamos en la condición del deudor ingrato a quien se le había perdonado una gran deuda que nunca podría haber pagado, pero que salió y atacó a un consiervo que sólo le debía una pequeña suma (ver com.  Mat. 18: 23-35).  Se nos insta al amor mutuo, y el amor compartido aumenta constantemente cuando cada hermano trata de ayudar al otro.  Mientras más estemos dispuestos a poner a otros en primer lugar (Rom. 12: 10), mientras más estemos dispuestos a dar la vida por los hermanos (1 Juan 3: 16), llegaremos a ser más semejantes a Dios y nuestro amor será más semejante al suyo.  A medida que el pueblo de Dios se aproxima a la terminación del tiempo de gracia, se sucederán cambios notables.  Los corazones de los hermanos en la fe se unirán entre sí en un amor que es como el que Dios tiene por nosotros, y firme e intrépidamente resistirán a sus enemigos (TM 185-186).
  5. Experimenta los beneficios de la ley de Dios.Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos” (1 Juan 5:3).  Los mandamientos de Dios no son molestos para el cristiano, pues la obediencia es el resultado del amor.  Los que aman a Dios encuentran gozo en cumplir sus órdenes y en seguir su consejo, y él proporciona el poder para que su ley sea obedecida (1 Cor. 10: 13; Fil. 2:13).

Resumen: La elección que hizo Cristo de morir por nosotros nos une con él de una manera que ningún otro ser celestial puede comprender o experimentar.

Ore conmigo, por favor…"Que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos entregó a nosotros la palabra de la reconciliación” (2 Corintios 5: 19)… Feliz sábado

 

Elaboró: Delfino Jarquín, Si usted gusta ver los demás comentarios, temas de interés y enlaces inmediatos. Haga clic en:

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Bibliografía: Rodríguez Ángel Manuel, La Expiación y la Cruz de Cristo, Guía de estudio de la Biblia, Edición para maestros, octubre-diciembre de 2008__Notas de E.G. White para las Lecciones de la Escuela Sabática,  octubre-diciembre de 2008__G. White Ellen: El camino a Cristo, La Historia de la redención, El Deseado de todas las gentes, Conflicto de los siglos__Asociación General de la Iglesia Adventista del Séptimo Día: Comentario Bíblico adventista del Séptimo Día, Tomo I, IV, V &,VII- Diccionario Bíblico Adventista del Séptimo día, - Creencias de los Adventistas del Séptimo Día, 1988 & 2006, _D. Thomas Jerry, Las 28 Creencias fundamentales para mí, APIA, 2007_Stephanie Lorena, Treasha Toussaint, Soliwazi Khumalo, et al, La Expiación y la Cruz de Cristo , Guía de es estudio de la Biblia para jóvenes, El universitario, octubre-diciembre de 2008.

Hermanos y maestros de la Escuela Sabática, espero que les pueda servir de ayuda este material. El propósito es, abarcar toda la lección de la semana; considerando los objetivos principales y aplicándolos en nuestra vida cristiana...gracias por las sugerencias y comentarios que nos han enviado; que la honra y la gloria sea para Dios. Si gusta escribirnos este es el correo: delfino_comessab@hotmail.com;  delfinosabbathschoolcomment@gmail.com  ¡Dios les bendiga  en cada una de sus actividades!, y esperando pronto la bendita esperanza de la Segunda Venida de Cristo Nuestro Señor, se despide su hermano en Cristo: Defino Jarquín López.

 

 

 

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Autor: Keith Burton

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2. Cristo y la Ley de Moisés (Éxodo 13:2,12; Deuteronomio 22:23,24; Mateo 17:24-27; Lucas 2:21-24; 41-52; Juan 8:1-11)
3. Cristo y las tradiciones religiosas (Isaías 29:13; Mateo 5:17-20; 23:1-7; 15:1-6; Romanos 10:13)
4. Cristo y la Ley en el Sermón del Monte (Mateo 5:17-37; Lucas 16:16; Romanos 7:24)
5. Cristo y el sábado (Génesis 2:1-3; Isaías 65:17; Mateo 2:23-28; Juan 5:1-9; Hechos 13:14; Hebreos 1:1-3)
6. La muerte de Cristo y la Ley (Hechos 13:38,39; Romanos 4:15; 7:1-13; 8:5-8; Gálatas 3:10)
7. Cristo, el fin de la ley( Romanos 5:12-21; 6:15-23; 7:13-25; 9:30-10:4; Gálatas 3:19-24)
8. La Ley de Dios y la ley de Cristo
9. Cristo, la Ley y el evangelio
10. Cristo, la Ley y los pactos
11. Los apóstoles y la Ley
12. La iglesia de Cristo y la Ley
13. El reino de Cristo y la Ley
 
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