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Capitulo_No_10_Dios es un artista(Lección 10)

Fulgores de Dios

 

Jo Ann Davidson

Capitulo 10

 

 

Dios es un artista

 

Uno de los destacados atributos de Dios, sorprendentemente, se menciona raramente. Él es un artista. Es notable que se refiera a su habilidad artística describiéndose como un alfarero: "¿No podré yo hacer de vosotros como este alfarero, oh casa de Israel? dice Jehová. He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh casa de Israel" (Jeremías 18:6).

Isaías también se refiere a la habilidad de Dios como alfarero: "Aho­ra pues, Jehová, tú eres nuestro padre; nosotros barro, y tú el que nos formaste; así que obra de tus manos somos todos nosotros" (Isaías 64:8).

El apóstol Pablo se refiere a esta perspectiva del Antiguo Testamento: "Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así? ¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro?" (Romanos 9:20, 21).

La Escritura se inicia con la manifestación de las habilidades artís­ticas de Dios durante la semana de la Creación. Su artesanía hace que todos los seres celestiales se regocijen, como Dios se lo describe a Job: "Cuando yo fundaba la tierra [...] se regocijaban todos los hijos de Dios" (Job 38:4-7).

Muchos animales, junto con los seres humanos, fueron formados por la mano de Dios. "Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra". "Formó [...] de la tierra toda bestia del campo, y toda ave de los cielos" (Génesis 2:7, 19). Estas obras de sus manos todavía asombran a quienes estudian el mundo creado por Dios. Él es un artista en el sentido más exaltado de la palabra. Piensa en los diseños asombrosos de la miríada de aves y animales, sin contar a los seres humanos, a quienes Dios creó a su propia imagen.

Cuando nuestra familia vivía en Israel, visitamos una colonia de ar­tistas que se encontraba al norte de Jerusalén, para ver a un artesano que usaba una rueda de alfarero. Era fascinante observar la intensa concen­tración y cuánta técnica estaban involucradas en esta clase de habilidad. También intrigaba la necesidad del artista de relajar sus hombros y su cuello cada vez que había terminado un par de piezas. Dios eligió la ana­logía de la rueda del alfarero para describirse. ¡Qué ferviente atención y experta habilidad implica esto!

Dios no solo se declara un artista, sino también revela su agudo in­terés en las obras de arte, aunque algunos pueden preguntarse si esto es realmente importante para nuestra comprensión y conocimiento de Dios. Muchas personas pretenden que no tienen interés en el arte y saben poco acerca de él. Algunos reconocen que el arte existe, pero dejan de apreciar su relevancia y valor. Lo consideran solamente algo decorativo o tal vez una música de fondo para provocar cierto ambiente, pero que no merece una atención o una evaluación especial.

La gente usa la radio e Internet y mira por horas la televisión sin dar a estas formas de arte el más mínimo pensamiento, y solo ocasionalmente expresa preocupación sobre su influencia o sus efectos. No obstante, los productores de la televisión y de películas, junto con las empresas de gra­bación, son agudamente conscientes de lo que están haciendo, del impacto que quieren lograr y cómo lo harán.

¿Por qué hay un descuido o una indiferencia tan extendidos por los intereses artísticos? Una preocupación sincera por los pobres lleva a al­gunos a presumir que cualquier interés en el arte o en los principios de la estética es inapropiado. Su explicación es que el "lujo" del arte no debería ser complacido cuando hay tantas personas con necesidades de alimento y abrigo. No obstante, el mismo Dios que ordenó a los israelitas que cuiden en forma abundante del pobre, también les ordenó construir un espléndido santuario terrenal, utilizando muchas habilidades artísticas.

Otros pueden suponer que el segundo de los Diez Mandamientos, que prohíbe la fabricación de cualquier imagen grabada, es una advertencia con­tra las obras de arte humanas. Sin embargo, después de proclamar el Decálo­go en el monte Sinaí, Dios dio instrucciones extensas para construir un opu­lento santuario, que manifestaba diseño artístico. El segundo Mandamiento, que prohíbe la fabricación de imágenes, necesita leerse en su totalidad. Este mandamiento realmente prohíbe cualquier intento de representar a Dios con materiales inanimados tangibles. Moisés lo explica de este modo:

"No te harás dioses de fundición" (Éxodo 34:17). "Y habló Jehová con vosotros en medio del fuego; y oísteis la voz de sus palabras, mas a ex­cepción de oír la voz, ninguna figura visteis. [...] Guardad, pues, mucho vuestras almas; pues ninguna figura visteis el día que Jehová habló con vosotros de en medio del fuego; para que no os corrompáis y hagáis para vosotros escultura, imagen de figura alguna" (Deuteronomio 4:12-16).

El profeta Jeremías concuerda: "Se avergüenza de su ídolo todo fun­didor, porque mentirosa es su obra de fundición. [...] No es así la porción de Jacob; porque él es el Hacedor de todo" (Jeremías 10:14-16).

Isaías parece proveer un comentario sobre el segundo Mandamien­to. Presenta al gran Dios del cielo, que mide las aguas de la Tierra en el hueco de su mano. [1] Los telescopios más potentes no pueden alcanzar el borde de la vasta expansión del universo, y sin embargo Dios "[mi­dió] los cielos con su palmo, con tres dedos juntó el polvo de la tierra". Él "pesó los montes con balanza, y con pesas los collados", aunque las altas elevaciones de las cumbres montañosas frenan a los montañistas humanos. Para él, "las naciones le son como la gota de agua que cae del cubo, y como menudo polvo de las balanzas". "Como nada son todas las naciones delante de él; y en su comparación serán estimadas en menos que nada, y que lo que no es [...]. Él está sentado sobre [...] la tierra, cuyos moradores son como langostas" (Isaías 40:12, 15, 17, 22).

Después de considerar a tal Dios, Isaías es impulsado a preguntar: "¿A qué, pues, haréis semejante a Dios, o qué imagen le compondréis?" (Isaías 40:18). Dios mismo también apela personalmente: "¿A qué, pues, me haréis semejante o me compararéis? [...] Levantad en alto vuestros ojos, y mirad quién creó estas cosas" (versículos 25, 26). En este mismo pasaje, Isaías agudamente compara a Dios con los ídolos sin sentido que hacen los artífices humanos (versículos 18-20).

Este es el problema verdadero del segundo Mandamiento. ¿Cómo representas a tal Dios? Él no es una divinidad menor, tal como el dios del trueno, Baal, o Dagón de los filisteos. La prohibición, en este manda­miento, advierte contra cualquier intento de reducir al Dios del cielo, el Rey de reyes y Señor de señores, a materiales temporales. [2] No hay nada que pueda servir en forma adecuada. El gran reformador Juan Calvino estaba en lo cierto cuando afirmó:

"Nosotros creemos que es grande abominación representar a Dios en forma sensible, y ello porque Dios lo prohibió, porque no se puede hacer sin que su gloria quede menoscabada. [...] Así, pues [...] la majestad de Dios, la cual el entendimiento humano no puede comprender, no sea corrompida con fantasmas que en nada se le parecen". [3]

La siguiente frase del segundo Mandamiento confirma la advertencia contra representar materialmente el ser de Dios: "No te inclinarás a ellas, ni las honrarás" (Éxodo 20:5). [4] La fuerte amonestación no prohíbe las obras de arte, sino que, son una advertencia contra un tipo de falsa adoración, o adorar a un dios que es demasiado pequeño.

Este es un rasgo distintivo de la adoración israelita. Las antiguas reli­giones paganas y griegas construían muchos dioses [ídolos]. Sin embar­go, aunque el Dios del cielo ordenó generosas representaciones artísticas de muchos objetos diferentes para su Santuario, él prohibió cualquier intento de representarlo a él materialmente.

"Dios no había revelado ninguna semejanza de sí mismo, y había prohi­bido toda representación material que se propusiera hacerlo. Los extraordi­narios milagros hechos en Egipto y en el mar Rojo tenían por fin establecer la fe en Jehová como el invisible y todopoderoso Ayudador de Israel, como el único Dios verdadero. Y el deseo de alguna manifestación visible de su presencia había sido atendido con la columna de nube y fuego que había guiado al pueblo, y con la revelación de su gloria sobre el monte Sinaí". [5]

No obstante, Dios ordenó hacer gloriosas obras de arte. Hay casi cincuenta capítulos, en los primeros cinco libros de la Biblia, que re­gistran las instrucciones de Dios para construir un santuario portátil extravagante. Proveyó no solo los planos arquitectónicos, sino también las instrucciones para sus muebles. [6] Es vital notar que, en el monte Si­naí, Dios dio del Decálogo junto con instrucciones para la obediencia dentro del Pacto, incluyendo el cuidado de los pobres, e indicaciones específicas para fabricar una estructura lujosa que reflejara casi todo tipo de habilidad artística.

Moisés recibió la orden de construir un complicado santuario, con especificaciones exactas para la madera, las telas, los colores, metales costosos y gemas preciosas. Dentro de estas instrucciones, más de una vez Dios recomendó: "Mira y hazlos conforme al modelo que te ha sido mostrado en el monte" (Éxodo 25:40). Dios diseñó todo, incluyendo los de­talles pequeños. Hay más capítulos con respecto a los planos y a la posterior construcción del Santuario y su mobiliario que sobre cualquier otro tema en el Pentateuco. Nada quedó para que lo diseñaran los hombres.

Aun las vestiduras de los sacerdotes reflejaban un diseño estético, porque Dios le dijo a Moisés: "Y harás vestiduras sagradas a Aarón tu hermano, para honra y hermosura". [...] Y para los hijos de Aarón harás túnicas [...] para honra y hermosura" (Éxodo 28:2, 40; el énfasis fue añadi­do). Todo en el Santuario fue belleza divinamente diseñada:

"La luz de las lámparas del candelabro se reflejaba en las tablas recu­biertas de oro que se hallaban a ambos lados del edificio, como asimismo sobre los muebles sagrados y sobre las cortinas de hermosos colores, con querubines bordados con hilos de oro y plata, cuyo aspecto era tan glorioso que no se lo puede describir. No hay lengua capaz de expresar la sagrada hermosura, el encanto y la gloria que se veían en estos com­partimentos. El oro del Santuario reflejaba los diferentes matices de las cortinas, que parecían ostentar los colores del arco iris". [7]

El libro del Éxodo se divide en dos secciones: los capítulos 1 al 18 cuentan la liberación de Israel de Egipto, y los capítulos 19 al 40 registran las instrucciones de Dios. Tres cuartos de esos capítulos son los "planos" de Dios para el Santuario y sus oficiantes. Esta gran belleza no puede ser considerada como innecesaria, un embellecimiento lujoso, por cuanto las instrucciones son demasiado largas.

Construir el Santuario del desierto requirió una buena cantidad de técnicas artísticas. Dios también indicó cómo debía realizarse esto:

"Y dijo Moisés a los hijos de Israel: Mirad, Jehová ha nombrado a Bezaleel hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá; y lo ha llenado del Espíritu de Dios, en sabiduría, en inteligencia, en ciencia y en todo arte, para proyectar diseños, para trabajar en oro, en plata y en bronce, y en la talla de piedras de engaste, y en obra de madera, para trabajar en toda labor ingeniosa. Y ha puesto en su corazón el que pueda enseñar [...] y para que hagan toda labor, e inventen todo diseño" (Éxodo 35:30-35).[8]

Este es un pasaje notable, con detalles intrigantes y principios im­portantes. [9]

Primero, el arte está dentro de la voluntad de Dios. El Tabernácu­lo divinamente diseñado involucraba numerosos "diseños artísticos". Sabemos que el Dios del cielo no quería ser adorado en una tienda sin muebles, porque los israelitas recibieron la orden divina: "Harás el ta­bernáculo de diez cortinas de lino torcido, azul, púrpura y carmesí, y lo harás con querubines de obra primorosa" (Éxodo 26:1). Otros muebles debían ser de oro puro, madera delicadamente esculpida y piedras pre­ciosas (Éxodo 25). Las especificaciones de Dios para esta estructura portátil llenan numerosos capítulos, que a menudo son lectura tediosa para los cristianos modernos. La miríada de detalles incluyen cuántos ganchos poner en las cortinas, de cuántos codos debía ser el marco, qué cubrir con oro batido, y qué hacer con plata y bronce. Pero a Dios le agradó no solo dirigir exactamente a los israelitas en la sagrada arquitectura y su mobiliario, sino también registrar todos estos detalles en las Escritu­ras. Además, él podría haberles dicho qué debían hacer y sencillamente declarar después, en una sola frase, que lo hicieron. En cambio, Dios se detiene otra vez en los detalles del diseño al registrarse su conclusión. El Autor de la Escritura, el Creador del universo, el divino Diseñador, claramente da mucho valor al diseño artístico y con amor se demora en los esplendentes detalles.

¿Por qué todo lo que tenía que ver con el Santuario y sus oficiantes fue tan espléndido? ¿Por qué una exhibición tan magnífica? El registro textual sugiere que, en toda esta considerable belleza, Dios quería ser glorificado. El Creador de los colores y las texturas, el Autor de toda la belleza natural, claramente valora la dimensión artística. Lo más fino, lo mejor que los seres humanos tienen para ofrecer, es adecuado para glorificar al Dios del cielo. De acuerdo con la Escritura, el arte tiene su lugar dentro de la voluntad de Dios.

El pasaje acerca de Bezaleel también indica que ser un artista puede ser una vocación sagrada. La gente es llamada a ministrar y estar al servicio de las misiones, pero en Éxodo encontramos que aun las ocu­paciones artísticas pueden ser vocaciones divinas. El texto claramente afirma que Dios "llamó" a Bezaleel para la obra de construir y amoblar el Tabernáculo. Este no fue un llamado generalizado, dirigido a todos. Era un llamado personal e individual a una persona en particular de cierta familia y tribu, por nombre. Una persona puede ser llamada por Dios para ser un artista: "Mirad, Jehová ha nombrado a Bezaleel, hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá" (Éxodo 35:30).

El pasaje indica que la habilidad artística es un don divino: "Y Moisés llamó a Bezaleel [...] y a todo varón sabio de corazón, en cuyo corazón había puesto Jehová sabiduría" (Éxodo 36:2). El talento artístico no es me­ramente una habilidad humana innata o la realización del genio. Es un don de Dios. [10]

Junto con revelar el interés de Dios en el diseño artístico, Éxodo 35 y 36 sigue detallando calificaciones específicas con las cuales Dios dotó al artista Bezaleel, proveyendo así una explicación inspirada de lo que involucra lo artístico.

El primer don dado a Bezaleel es notable. Fue lleno "del Espíritu de Dios" (Éxodo 35:31). El ministerio del Espíritu Santo no se atribuye regularmente al talento artístico. Pero aquí está enumerado como el don inicial dado a Bezaleel, quien no era sacerdote ni profeta, ni siquiera un predicador. No obstante, él es la primera persona en todas las Escrituras descrita específicamente como que fue llenada con el Espíritu Santo.

En el Nuevo Testamento, el Espíritu de Dios se da a los creyentes cristianos y da fruto en muchas áreas de la vida. [11] En otras partes de la Escritura, el Espíritu de Dios vino sobre ciertas personas que fueron pro­fetas, jueces o predicadores, [12] capacitándolos para proclamar la Palabra de Dios. Esta es la forma acostumbrada de pensar acerca del ministerio del Espíritu Santo. Sin embargo, en el libro del Éxodo, el Espíritu de Dios dio poder a Bezaleel "para proyectar diseños", sugiriendo que las obras de Bezaleel también expresan, en el medio y el lenguaje del arte, la voluntad de Dios. Las habilidades estéticas de Bezaleel no fueron meras corazonadas talentosas sino un don del Espíritu Santo.

El segundo don dado a Bezaleel fue el talento: "[Dios] lo ha llenado [...] en todo arte" (Éxodo 35:31). No todos son capaces de pintar, esculpir, tejer, escribir grandes poemas, o cantar. El potencial para hacerlo, la aptitud, es dado por Dios, de acuerdo con el libro de Éxodo. Y esa habi­lidad es una necesidad inevitable para un artista en cualquier medio. La habilidad artística es la marca de una gran habilidad. Este talento debería impulsarnos no solo a agradecer al artista sino a alabar a Dios, que da tal habilidad a los seres humanos. [13]

Bezaleel también fue "llenado [...] en inteligencia". Una expresión llena de arte involucra la mente. Para edificar el Tabernáculo, Bezaleel necesitaba no solo inspiración y talento sino también inteligencia. Resol­ver los problemas técnicos de los planos requiere una mente informada y entrenada, manejar las leyes de la física para construir una estructura que no se caerá. Un trabajo artístico de éxito muestra una manera de pensar casi matemática. Grandes artistas en cualquier profesión mues­tran una mente aguda y analítica.

Además, Dios llenó a Bezaleel "en ciencia". Además del talento y la agudeza mental, Bezaleel necesitaba saber ciertas cosas: cómo preparar la calidad especial de madera de acacia, las numerosas etapas de la fun­dición del bronce, cómo puede el oro ser batido para formar láminas de delgadez microscópica sin romperlas. Además de diversos materiales, Bezaleel tenía que conocer objetos que él representaría tanto del mundo físico (tales como almendras, flores y granadas) como del sobrenatural (tales como querubines). [14] Los artistas tienen que saber mucho.

Quinto, Dios llenó a Bezaleel con "todo arte". Además del talento, la inteligencia y el conocimiento, Bezaleel necesitaba artesanía: la paciencia de la perfección y el orgullo de la delicadeza, incluyendo la habilidad de trabajar con diversos materiales, fueran estas telas, metales, joyas o madera, haciendo que el medio haga lo que se le pide. [15]

El control artístico de los medios involucra un compromiso intenso con los detalles, incluyendo mantenerse en un proyecto hasta completar­lo a entera satisfacción. [16] El libro de Éxodo nos informa que esto es lo que sucedió: "En conformidad a todas las cosas que Jehová había mandado a Moisés, así hicieron los hijos de Israel toda la obra. Y vio Moisés toda la obra, y he aquí que la habían hecho como Jehová había mandado" (Éxodo 39:42, 43).

Las teorías seculares sobre el arte a veces enfatizan los talentos in­natos. Otras acentúan el adiestramiento o la técnica. Algunos piensan que la habilidad artística es hereditaria. Las teorías seculares tienden a ser estrechas y parciales. Es característico que las Escrituras sean más amplias. El registro del llamado divino de Bezaleel proporciona una ex­plicación inspirada de la vocación artística.

Siguiendo este pensamiento, es llamativo notar que el magnífico Templo de Salomón también fue diseñado por Dios, porque el rey David insiste: "Mira, pues, ahora [Salomón], que Jehová te ha elegido para que edifiques casa para el santuario; esfuérzate, y hazla". David, entonces, le dio a su hijo Salomón los planos del pórtico, de sus casas, sus tesorerías, sus aposentos, sus cámaras y la casa del propiciatorio, y "el plano de todas las cosas que tenía en mente para los atrios [...] todas las cámaras  [...] las tesorerías [...] para los grupos de los sacerdotes y de los levitas, para toda la obra del ministerio de la casa de Jehová, y para todos los utensilios del ministerio de la casa de Jehová [...] [siguen más detalles, y luego concluye] [...] Todas estas cosas, dijo David, me fueron trazadas por la mano de Jehová, que me hizo entender todas las obras del diseño [...]. Y la obra [es] grande, porque la casa [literalmente, palacio] no es para hombre, sino para Jehová Dios" (1 Crónicas 28:10-13, 19; 29:1; el énfasis fue añadido). Por lo tanto, no debería sorprender que el texto otra vez registre miles de detalles estéticos:

"Cubrió [Salomón] también la casa de piedras preciosas para orna­mento; y el oro era oro de Parvaim. Así que cubrió la casa, sus vigas, sus umbrales, sus paredes y sus puertas, con oro; y esculpió querubines en las paredes. [...] Hizo asimismo cadenas en el santuario, y las puso sobre los capiteles de las columnas; e hizo cien granadas, las cuales puso en las cadenas. Y colocó las columnas delante del templo, una a la mano dere­cha, y otra a la izquierda" (2 Crónicas 3:6, 7, 16,17; el énfasis fue añadido).

Nota las dos columnas aisladas mencionadas en los pasajes citados, que no sostenían ningún peso arquitectónico. Estaban allí porque Dios las dise­ñó como algo de belleza. Sobre los capiteles de esas columnas había granadas fijadas con cadenas. Con obra de arte sobre obra de arte, estas eran obvia­mente algo de gran belleza. Elena de White comenta sobre esta estructura: "La fidelidad [de Salomón] en llevar a cabo las instrucciones, al construir el edificio más magnífico que el mundo alguna vez haya visto, hizo que su fama se esparciera entre las naciones por todas partes. [...] Todas las naciones reconocieron y se maravillaron de su conocimiento superior, su sabiduría, la excelencia de su carácter, y la grandeza de su poder. Muchos vinieron a él de todas partes del mundo para contemplar su ilimitado poder, y para recibir instrucción en cómo atender asuntos difíciles. El templo edificado para Dios no podía ser superado por las riquezas, la belleza y el costoso diseño". [17]

Dios quería belleza en el Templo. La belleza tiene lugar en la adora­ción a Dios.

 

La belleza en la Palabra de Dios

 

La expresión artística de Israel no se limitaba a las artes visuales. Hay un reconocimiento generalizado de que "la suprema expresión de la capacidad para la belleza de Israel está en su don del lenguaje". [18] No solo la sagrada arquitectura y la decoración de los israelitas sino también la liturgia de Israel fue dada por Dios. El rey David insiste en que el Espí­ritu Santo inspiró sus Salmos: "Dijo David hijo de Isaí, dijo aquel varón que fue levantado en alto, el ungido del Dios de Jacob, el dulce cantor de Israel: El Espíritu de Jehová ha hablado por mí, y su palabra ha estado en mi lengua" (2 Samuel 23:1, 2; el énfasis fue añadido).

Aun un repaso superficial del libro de los Salmos, el "himnario" de Israel, revela la prominencia del canto en la adoración. Frases tales como "cantemos alabanzas a Jehová", o "cantaré a Jehová", aparecen muchas veces. Además, siempre que se describen los cultos en el Santuario en el Antiguo Testamento, la música es evidente e impresionante: "Cuatro mil para alabar a Jehová, dijo David, con los instrumentos que he hecho para tributar alabanza" (1 Crónicas 23:5). Lo destacado de la música en la adoración también es cierto más tarde.

Ezequías "puso también levitas en la casa de Jehová con címbalos, salterios y arpas, conforme al mandamiento de David, de Gad vidente del rey, y del profeta Natán, porque aquel mandamiento procedía de Jehová por medio de sus profetas" (2 Crónicas 29:25; el énfasis fue añadido).

Podría alegarse que las dimensiones artísticas podían esperarse en la adoración sagrada, que a lo largo de toda la historia, muchas nacio­nes la habían manifestado en la adoración de sus dioses. Sin embargo, solamente Israel insiste en que Dios mismo diseñó cada detalle de su adoración, incluyendo la arquitectura, el mobiliario, la vestimenta sa­cerdotal y la música.

El diseño artístico es obviamente aprobado en la Palabra de Dios. Cualquiera que alegue en contra de las preocupaciones estéticas no pue­de hacerlo basado en las Escrituras. Lo que es más, el amplio foco sobre lo artístico se encuentra en el Pentateuco, los cinco libros fundacionales de la Escritura. Todos los temas, sujetos y doctrinas bíblicos están arrai­gados allí, y están solo ampliados y desarrollados en el resto de la Biblia.

Los cristianos siempre han creído que Dios inspiró a los diferentes escritores de la Biblia, y que él supervisó el contenido y la formación del canon, como repasamos en el capítulo 1. Por lo tanto, si Dios es realmen­te un artista, deberíamos encontrar evidencias de diseño artístico en la Escritura misma, y efectivamente, es así. La Biblia es una obra literaria magnífica, ya sea que consideremos pequeños detalles o las grandes es­tructuras. [19]

Los detalles pequeños incluyen "sobres" o "inclusios", que los escri­tores utilizan para dar énfasis a problemas importantes. Estas estruc­turas a menudo empleadas por los escritores bíblicos son millares. Una "inclusio" tiene una forma de ABA y puede ocurrir aun dentro de un versículo solo. Por ejemplo:

A - Y Jonás se levantó para huir de la presencia de Jehová a Tarsis

B - y descendió a Jope

C - y halló una nave

D - que partía para Tarsis

C' - y pagando su pasaje

B' - entró en ella

A' - para irse con ellos a Tarsis, lejos de la presencia de Jehová (Jonás 1:3).

"Inclusios" son una herramienta notable en las Escrituras.

Las macroestructuras son notablemente similares a las que se en­cuentran en la literatura musical, tales como formas ABA, o ABCBA, donde la segunda parte es una imagen como en espejo de la primera. Estas son llamadas "quiasmos" y se encuentran en todas las Escrituras, tanto en capítulos como en libros en los que el autor quiere enfatizar algo importante. Libros enteros pueden estar organizados de este modo, como el enigmático libro de Ezequiel. Algunos han considerado el Pen­tateuco entero como una estructura quiástica gigantesca ABCBA, con los temas principales del Génesis recapitulados en Deuteronomio, los de Éxodo en el libro de Números, y el libro de Levítico como la culminación, el foco central en el Día de la Expiación.

El Salterio está dividido en cinco libros, que algunos ahora ven como co­rrespondientes a los cinco libros del Pentateuco. Los eruditos están llegando a apreciar los Salmos como una estructura cuidadosamente ordenada, en vez de una colección al azar de cantos y oraciones. Un profesor, quien enseña "El hebreo de los Salmos" como Literatura Universal, afirma que son como "respirar oxígeno puro" comparados con otras obras literarias antiguas.

Además, los discursos proféticos a menudo se expresan en lenguaje poético, incluyendo severos reproches. La poesía es el lenguaje de la mayo­ría de los materiales proféticos y es la forma principal en que se expresan palabras divinas. Dios es un autor (como vimos en el capítulo 1); de este modo, él sabe que el estilo poético intensifica el lenguaje. Tal vez esa sea la razón de que casi el cuarenta por ciento del Antiguo Testamento esté escrito en formas poéticas. Esto era muy difícil de observar en las traduc­ciones más antiguas de las Escrituras. El lenguaje poético de los profetas está ahora formateado de un modo que lo hace visualmente obvio.

La profecía está a veces vinculada con la música. Por ejemplo, el pro­feta Samuel informa al recién ungido Saúl que cuando llegara "al collado de Dios donde está la guarnición de los filisteos [...] encontrarás una compañía de profetas que descienden del lugar alto, y delante de ellos salterio, pandero, flauta y arpa, y ellos profetizando" (1 Samuel 10:5).

En otra ocasión, Josafat le pide consejo de Dios a Elíseo, y este le res­ponde: "Mas ahora traedme un tañedor. Y mientras el tañedor tocaba, la mano de Jehová vino sobre Elíseo, quien dijo: Así ha dicho Jehová" (2 Reyes 3:14, 15,16) y declara las intenciones futuras de Dios.

El currículo de las escuelas de los profetas establecidas por Samuel era "la ley de Dios con las instrucciones dadas a Moisés, la historia y la música sagradas, y la poesía". [20] Esto nos intriga. Las tres primeras materias uno las esperaría en tal escuela. La adición de música sagrada y poesía, una vez más, sugiere el estrecho vínculo entre la profecía, la poesía y la música.

Se reconoce ampliamente que aun las narraciones bíblicas han sido meticulosamente trabajadas, cuidadosamente entretejidas en una se­cuencia calculada. [21] Resultan ser materiales construidos en forma muy intrincada, que manifiestan una textura superficial engañosamente sen­cilla. Aunque las narraciones bíblicas fueron previamente denigradas por la erudición crítica, los lectores con discernimiento ahora recha­zan cualquier sugerencia de que son primitivas y, en cambio, hallan un profundo arte de elegante concisión. La implicación de los detalles más pequeños de las narraciones, la adhesión interna en el texto de las narra­ciones y las diversas estructuras literarias de los libros bíblicos exhiben la enunciación clara, y la habilidad literaria de Dios en operación. No hay bifurcación entre la exactitud histórica y la belleza literaria: el valor estético amplifica la veracidad de las Escrituras.

En el Nuevo Testamento, Jesús a menudo empleó la forma literaria de parábolas:

"Todo esto habló Jesús por parábolas a la gente, y sin parábolas no les hablaba; para que se cumpliese lo dicho por el profeta, cuando dijo: Abriré en parábolas mi boca; declararé cosas escondidas desde la fun­dación del mundo" (Mateo 13:34, 35).

Por ejemplo, cuando le pidieron que definiera "¿quién es mi próji­mo?", Jesús contó la historia del buen samaritano:

"La parábola es el método de enseñanza más característico de Jesús. Es una forma literaria. [...] tomada de las áreas familiares de la vida común. Para entender adecuadamente lo que Jesús tiene que decir por medio de este género literario, la parábola debe verse como una forma genuina de arte, y como tal hace falta una imaginación creativa para lograr la intención de la parábola". El apóstol Pablo, quien escribió gran parte del complejo discurso teológico del Nuevo Testamento, intercala su teología con doxologías, una alabanza poética. Un ejemplo está en Romanos:

"Durante once capítulos, Pablo expresó su extenso informe del evange­lio, y su horizonte es amplio. Considera el tiempo y la eternidad, la historia, la segunda venida de Cristo, la justificación, la santificación, la glorifica­ción. Ahora se detiene, sin aliento. El análisis y el argumento deben dejar lugar a la adoración. Como un viajero que ha alcanzado la cumbre de una montaña elevada, el apóstol considera el vasto panorama de la historia de la salvación y prorrumpe en alabanzas. [...] Antes de que Pablo siga bosquejando las implicaciones prácticas del evangelio, cae ante Dios en adoración, cantando su doxología en líneas poéticas: '¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero? [...] Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén' " También enuncia un criterio estético importante: "Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre-, si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza en esto pensad" (Filipenses 4:8; el énfasis fue añadido).

La severa advertencia y las maldiciones finales del libro del Apoca­lipsis subrayan su importancia en las Escrituras. El libro entero es un imponente mosaico de drama, arquitectura y panoramas vividos me­diante los cuales Dios describe su perspectiva de la historia de la salva­ción. Difícilmente haya una palabra original. En cambio, uno encuentra un tapiz excesivamente complejo de palabras, frases, sentencias, ecos y temas tomados de los otros libros de la Escritura entretejidos en una tela totalmente nueva. Este libro final del Nuevo Testamento y de la Biblia presenta un estilo muy diferente del que usaron Pablo y los escritores del Nuevo Testamento. El lector es casi abrumado con un despliegue profundamente estético, cuidadosamente estructurado alrededor de sie­te escenas del Santuario celestial, cada una de las cuales comienza con un acceso más profundo al tribunal celestial. Las frases "Y vi", "Y oí", aparecen vez tras vez, introduciendo escenas deslumbrantes.

Dios podría haber provisto a Juan de un documento histórico nor­mal. En cambio, le presentó asombrosas vistas pictóricas que describen la operación del gran conflicto entre Cristo y Satanás, ampliando el im­ponente despliegue dado antes a Daniel y a Ezequiel.

Dios es obviamente un artista: alfarero, poeta, compositor, mú­sico, liturgista, arquitecto, autor, y aun un carpintero en Nazaret. La evidencia de su capacidad artística es asombrosa. Encargó a artistas obras de arte, e inspiró profundas obras maestras literarias. Una técni­ca artística por la que él se distingue es su habilidad como Escultor. Sin embargo, no se limita a materiales inanimados tales como el granito o el mármol. El Creador, el divino Artista que diseñó un espléndido santuario en el desierto y el abrumadoramente hermoso templo de Salomón, nos recuerda cuando observó un exquisito lirio que su mano había fabricado, que "ni aun Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos" (Lucas 12:27).

Los artistas humanos elaboran belleza de los materiales que Dios creó, pero Dios desarrolla la gloriosa materia viviente del lirio. Él pue­de también moldear a los seres humanos perdonados hasta que reflejen algo de la gloria del cielo, habiendo dado amplias evidencias, en todas las Escrituras, de tan profundas habilidades. Desde el Génesis hasta el Apocalipsis, Dios toma a personas rechazadas, a menudo consideradas sin ningún valor y degradadas, y las re-crea hasta ser algo hermoso. Sí, Dios es un Artista maestro.

 

 

 

 

 



Referencias

[1] Un vistazo a un mapamundi nos recuerda que hay más agua que tierra en este planeta.

[2] Y no obstante, como nota Glen Tinder, no es necesario un ídolo esculpi­do para quebrantar el segundo Mandamiento: "Todo el que niega a Dios debe adorar un ídolo, que no es necesariamente una figura de madera o de metal. En nuestros tiempos, tenemos ideologías, grupos y líderes que reciben honores divinos. Las personas orgullosas de su espíritu crítico y discernidor han recha­zado a Cristo y se inclinaron ante Hitler, Stalin, Mao, o algún otro salvador secular" (Glen Tinder, "Can We Be Good Without God: The Political Meaning of Christianity", Atlantic Monthly [diciembre de 1989], p. 80).

[3] Juan Calvino, Institución de la religión cristiana, trad. por Eusebio Goicoechea (Grand Rapids, Mich.: Nueva Creación [filial de Eerdmans], 1988), I, cap. XI, p. 12.

[4] Dios mismo se refiere a este problema, describiendo lo que Israel hizo du­rante la peregrinación por el desierto: "Pronto se han apartado del camino que yo les mandé; se han hecho un becerro de fundición, y lo han adorado, y le han ofrecido sacrificios, y han dicho: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto" (Éxodo 32:8); "No te harás dioses de fundición" (Éxodo 34:17).

[5] Elena de White, Patriarcas y profetas, p. 326.

[6] "Jehová habló a Moisés, diciendo: Di a los hijos de Israel que tomen para mí ofrenda; de todo varón que la diere de su voluntad, de corazón, tomaréis mi ofrenda. Esta es la ofrenda que tomaréis de ellos: oro, plata, cobre, azul, púrpura, carmesí, lino fino, pelo de cabras, pieles de carneros teñidos de rojo, pieles de tejones, madera de acacia, aceite para el alumbrado, especias para el aceite de la unción y para el incienso aromático, piedras de ónice, y piedras de engaste para el efod y para el pectoral. Y harán un santuario para mí, y habitaré en medio de ellos. Conforme a todo lo que yo te muestre, el diseño del tabernáculo, y el diseño de todos sus utensilios, así lo haréis" (Éxodo 25:1-9). Estas instrucciones son seguidas por Éxodo 25:10 al 31:11 con las instrucciones de Dios para la tienda y sus muebles, incluyendo la vestimenta de los sacerdotes; desde 35:1 hasta el fin del libro (40:38), hay descripciones detalladas para la realización de las instruc­ciones de Dios, otra vez con abundantes detalles de las formas de arte que se emplearían, los artistas encargados y la generosidad de los materiales empleados.

[7] Elena de White, Historia de la redención, p. 159.

[8] Elena de White amplía este punto: "El Tabernáculo fue hecho de acuerdo con el mandamiento de Dios. El Señor suscitó hombres y los habilitó con facul­tades sobrenaturales para llevar a cabo una obra sumamente ingeniosa. No se permitió que ni Moisés ni sus obreros planificaran la forma ni los métodos de construcción del edificio. Dios mismo trazó el plano y se lo dio a Moisés, con indicaciones específicas en cuanto a su tamaño y sus formas, y los materiales que debían emplearse en la construcción, y especificó cada mueble que se colocaría en él. Le presentó un patrón en miniatura del Santuario celestial, y le ordenó que hiciera todo de acuerdo con el modelo que se le había mostrado en el monte" (Historia de la redención, p. 154).

[9] El siguiente material sobre Bezaleel fue tomado, en gran medida, de Gene Edward Veith, Jr. State of the Arts: From Bezaleel to Mapplethorpe (Wheaton, 111.: Crossway Books, 1991), pp. 103-116.

[10] El Nuevo Testamento repite como un eco el mismo concepto en Santiago 1:17: "Toda buena dádiva, y todo don perfecto". Las habilidades de Bezaleel no necesitan considerarse borradas desde el monte Sinaí, que cambió a un chapuce­ro en un genio artístico. Dios parece sugerir que ya había dado estas habilidades artísticas a Bezaleel antes del Sinaí: "Jehová ha nombrado [...] lo ha llenado". El tiempo verbal permite entender que esta capacidad artística ya habría estado en su lugar. Según Éxodo 36:2, Dios llamó a personas capaces. Tal vez Bezaleel ya fuera un artesano adiestrado antes de recibir la comisión divina. El antiguo Egipto era renombrado por su arte magnífico. Los arqueólogos han descubier­to la opulencia con que fueron creados los templos y las pirámides egipcios antiguos, y mucho de tales obras fue realizado por esclavos. Bezaleel, mientras todavía era esclavo en Egipto, tal vez fue obligado a adornar estructuras de tem­plos magníficos allí. Aun ahora, las ruinas del antiguo Egipto son admirables en grandiosidad y belleza.

[11] "El fruto del Espíritu es [...]" (Gálatas 5:22, 23). "El fruto del Espíritu es en toda bondad, justicia y verdad" (Efesios 5:9).

[12] El registro bíblico incluye: "Entonces el Espíritu de Jehová vino sobre Gedeón, y cuando éste tocó el cuerno, los abiezeritas se reunieron con él" (Jueces 6:34). Samuel le dijo a Saúl, después de ungirlo: "Después de esto llegarás al collado de Dios donde está la guarnición de los filisteos; y cuando entres allá en la ciudad encontrarás una compañía de profetas que descienden del lugar alto y delante de ellos salterio, pandero, flauta y arpa, y ellos profetizando. Entonces el Espíritu de Jehová vendrá sobre ti con poder, y profetizarás con ellos, y serás mudado en otro hombre" (1 Samuel 10:5,6). El ángel le dijo a Zacarías: "Será grande delante de Dios. No beberá vino ni sidra, y será lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre" (Lucas 1:15). "Y aconteció que cuando oyó Elisabet la salutación de María, la criatura saltó en su vientre; y Elisabet fue llena del Espíritu Santo" (Lucas 1:41). "Y Zacarías su padre fue lleno del Espíritu Santo, y profetizó" (Lucas 1:67). Pedro dijo: "Varones hermanos, era necesario que se cumpliese la Escritura en que el Espíritu Santo habló antes por boca de David" (Hechos 1:16). "Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo" (Hechos 4:8). "Y como no estuviesen de acuerdo entre sí, al retirarse, les dijo Pablo esta palabra: Bien habló el Espíritu Santo por medio del profeta Isaías a nuestros padres" (Hechos 28:25; el énfasis fue añadido).

[13] "Hacedlo bien" ("toquen con destreza", NVI) también se menciona acerca de una alabanza a Dios en los Salmos (ver Salmo 33:1-5).

[14] Los querubines no son los regordetes angelitos bebés del arte conven­cional. Son seres angélicos poderosos cuya forma, cuando se manifiesta a los humanos, es abrumadora. Ver por ejemplo, Ezequiel 1:5 al 12 y 14.

[15] Calvin Johansson tiene esta percepción sobre la "disciplina" artística: "El mundo artístico no está exento de la necesidad de una disciplina de renuncia­ción. Es el camino necesario que conduce a producir algo nuevo. La lucha se nota en la obra de arte, pero solo puede conocerla plenamente el creador mismo [...]. Pero eso que abre surcos nuevos en forma imaginativa y con integridad viene de la mano del maestro que ha tratado con la disciplina de su oficio, quien lucha y se fatiga para dar a la luz su visión de algún rasgo de realidad, y que lo hace con mucho trabajo. El ejecutante, también, no pasa su tiempo meramente entrete­niéndose mientras practica y estudia sus partituras. Participa en una renuncia personal a cosas menores por la disciplina necesaria para llegar a ser un gran técnico e intérprete de los grandes compositores del mundo. Y el oyente nunca llegará a saber de qué trata la música si no se sienta a los pies para aprender (que con frecuencia significa frustración, una comprensión como bajo neblina, que gradualmente se levanta cuando uno lucha por dominar lo desconocido) y exhibe una prioridad que a menudo pone a un lado lo más 'placentero'" (Calvin M. Johansson, Music and Ministry: A Biblical Counterpoint [Peabody, Mass.: Hendrickson Publishers, 1988], p. 103).

[16] Muchos artistas testifican de esto. Por ejemplo, Van Gogh, meditando sobre la pintura, sugiere que hacer cosas hermosas "cuesta dificultad, y chasco y perseverancia. [...] Es trabajar contra una pared de hierro invisible que parece estar entre lo que uno siente y lo que uno puede hacer. ¿Cómo podrá uno pasar a través de ese muro, ya que golpearlo no sirve? Uno debe socavar el muro, y perforarlo lenta y pacientemente, en mi opinión. [...] Considero muy positivo y de gran valor que uno deba tratar de desarrollar su poder de reelección y volun­tad" (Vincent Van Gogh, The Complete Letters of Vincent Van Gogh [Greenwich, Conn., 1958], tomo 1, pp. 451,469, 470).

[17] Elena de White, Spiritual Gifts, tomo 4a, p. 98; el énfasis fue añadido.

[18] G. Henton Davies, The Interpreter's Dictionary of the Bible, George A. Buttrick, ed. (Nueva York: Abingdon Press, 1962), tomo 1, p. 372.

[19] Para un estudio más amplio, ver Jo Ann Davidson, Toward a Theology of Beauty: A Biblical Perspective (Lanham, Md.: University Press of America, 2008), capítulos 4 al 6.

[20] Elena de White, Signs of the Times (20 de julio de 1882), en el Comentario bíblico adventista, tomo 2, p. 1.031.

[21] Diversos eruditos con sensibilidad literaria han comenzado a apreciar por qué, por ejemplo, la narración de Judá y Tamar aparece de repente, dentro del relato de José y sus hermanos en Génesis. O por qué, en el Nuevo Testamento, la narración de la mujer junto al pozo en Samaria (Juan 4) sigue inmediatamente a Nicodemo, que buscó al Mesías tarde por la noche (Juan 3).

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Lecciones y comentarios para la escuela sabática_Segundo trimestre de 2014  
  Cristo y su Ley

Autor: Keith Burton

Lecciones y Comentarios para la escuela sabática-Segundo trimestre_Abril - Junio de 2014

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Cristo y su Ley  
  1. Las leyes en los días de Cristo (Levítico 1:1-9; Deuteronomio 17:2-6; Lucas 2:1-5;Hebreos 10:28; Santiago 2:8-12)
2. Cristo y la Ley de Moisés (Éxodo 13:2,12; Deuteronomio 22:23,24; Mateo 17:24-27; Lucas 2:21-24; 41-52; Juan 8:1-11)
3. Cristo y las tradiciones religiosas (Isaías 29:13; Mateo 5:17-20; 23:1-7; 15:1-6; Romanos 10:13)
4. Cristo y la Ley en el Sermón del Monte (Mateo 5:17-37; Lucas 16:16; Romanos 7:24)
5. Cristo y el sábado (Génesis 2:1-3; Isaías 65:17; Mateo 2:23-28; Juan 5:1-9; Hechos 13:14; Hebreos 1:1-3)
6. La muerte de Cristo y la Ley (Hechos 13:38,39; Romanos 4:15; 7:1-13; 8:5-8; Gálatas 3:10)
7. Cristo, el fin de la ley( Romanos 5:12-21; 6:15-23; 7:13-25; 9:30-10:4; Gálatas 3:19-24)
8. La Ley de Dios y la ley de Cristo
9. Cristo, la Ley y el evangelio
10. Cristo, la Ley y los pactos
11. Los apóstoles y la Ley
12. La iglesia de Cristo y la Ley
13. El reino de Cristo y la Ley
 
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