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Lección No. 11_La elección de Gracia_con textos biblicos

Lección  11                                                    Para el 11 de septiembre de 2010

 

La elección de Gracia

 

 Sábado                                                                                   4 de septiembre

 

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Romanos 10-11.

 

Romanos 10

1 HERMANOS, ciertamente el anhelo de mi corazón, y mi oración a Dios por Israel, es para salvación.

2 Porque yo les doy testimonio de que tienen celo de Dios, pero no conforme a ciencia.

3 Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios;

4 Porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree.

5 Porque de la justicia que es por la ley Moisés escribe así: El hombre que haga estas cosas, vivirá por ellas.

6 Pero la justicia que es por la fe dice así: No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo? (esto es, para traer abajo a Cristo);

7 o, ¿quién descenderá al abismo? (esto es, para hacer subir a Cristo de entre los muertos).

8 Mas; ¿qué dice?  Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón.  Esta es la palabra de fe que predicamos:

9 que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.

10 Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. 590

11 Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado.

12 Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan;

13 porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.

14 ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?

15 ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados?  Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!

16 Más no todos obedecieron al evangelio; pues Isaías dice: Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio?

17 Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.

18 Pero digo: ¿No han oído?  Antes bien, Por toda la tierra ha salido la voz de ellos, Y hasta los fines de la tierra sus palabras.

19 También digo: ¿No ha conocido esto Israel?  Primeramente Moisés dice: Yo os provocaré a celos con un pueblo que no es pueblo; Con pueblo insensato os provocaré a ira.

20 E Isaías dice resueltamente: Fui hallado de los que no me buscaban; Me manifesté a los que no preguntaban por mí.

21Pero acerca de Israel dice: Todo el día extendí mis manos a un pueblo rebelde y contradictor.

 

Romanos 11

 

1 DIGO, pues: ¿Ha desechado Dios a su pueblo?  En ninguna manera.  Porque también yo soy israelita, de la descendencia de Abraham, de la tribu de Benjamín.

2 No ha desechado Dios a su pueblo, al cual desde antes conoció. ¿O no sabéis qué dice de Elías la Escritura, cómo invoca a Dios contra Israel, diciendo:

3 Señor, a tus profetas han dado muerte, y tus altares han derribado; y sólo yo he quedado, y procuran matarme?

4 Pero ¿qué le dice la divina respuesta?  Me he reservado siete mil hombres, que no han doblado la rodilla delante de Baal.

5 Así también aun en este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia.

6 Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia.  Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra.

7 ¿Qué pues?  Lo que buscaba Israel, no lo ha alcanzado; pero los escogidos sí lo han alcanzado, y los demás fueron endurecidos;

8 como está escrito: Dios les dio espíritu de estupor, ojos con que no vean y oídos con que no oigan, hasta el día de hoy.

9 Y David dice: Sea vuelto su convite en trampa y en red, En tropezadero y en retribución;

10 Sean oscurecidos sus ojos para que no vean, Y agóbiales la espalda para siempre.

11 Digo, pues: ¿Han tropezado los de Israel para que cayesen?  En ninguna manera; pero por su transgresión vino la salvación a los gentiles, para provocarles a celos.

12 Y si su transgresión es la riqueza del mundo, y su defección la riqueza de los gentiles, ¿cuánto más su plena restauración?

13 Porque a vosotros hablo, gentiles.  Por cuanto yo soy apóstol a los gentiles, honro mi ministerio,

14 por si en alguna manera pueda provocar a celos a los de mi sangre, y hacer salvos a algunos de ellos.

15 Porque si su exclusión es la reconciliación del mundo, ¿qué será su admisión sino vida de entre los muertos?

16 Si las primicias son santas, también lo es la masa restante; y si la raíz es santa, también lo son las ramas.

17 Pues si algunas de las ramas fueron desgajadas, y tú, siendo olivo silvestre, has sido injertado en lugar de ellas, y has sido 599 hecho participante de la raíz y de la rica savia del olivo,

18 no te jactes contra las ramas; y si te jactas, sabe que no sustentas tú a la raíz, sino la raíz a ti.

19 Pues las ramas, dirás, fueron desgajadas para que yo fuese injertado.

20 Bien; por su incredulidad fueron desgajadas, pero tú por la fe estás en pie. No te ensoberbezcas, sino teme.

21 Porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, a ti tampoco te perdonará.

22 Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; la severidad ciertamente para con los que cayeron, pero la bondad para contigo, si permaneces en esa bondad; pues de otra manera tú también serás cortado.

23 Y aun ellos, si no permanecieron en incredulidad, serán injertados, pues poderoso es Dios para volverlos a injertar.

24 Porque si tú fuiste cortado del que por naturaleza es olivo silvestre, y contra naturaleza fuiste injertado en el buen olivo, ¿cuánto más éstos, que son las ramas naturales, serán injertados en su propio olivo?

25 Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles;

26 y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sion el Libertador, Que apartará de Jacob la impiedad.

27 Y este será mi pacto con ellos, Cuando yo quite sus pecados.

28 Así que en cuanto al evangelio, son enemigos por causa de vosotros; pero en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres.

29 Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios.

30 Pues como vosotros también en otro tiempo erais desobedientes a Dios, pero ahora habéis alcanzado misericordia por la desobediencia de ellos,

31 así también éstos ahora han sido desobedientes, para que por la misericordia concedida a vosotros, ellos también alcancen misericordia.

32 Porque Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos.

33 ¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!

34 Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero?

35 ¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado?

36 Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas.  A él sea la gloria por los siglos. Amén.

 

PARA MEMORIZAR: “Digo, pues:¿Ha desechado Dios a su pueblo? En ningua manera. Porque también yo soy israelita, de la descendencia de Abraham, de la tribu de Benjamín”(Romanos 11:1)

 

ESTA LECCIÓN cubre Romanos 10 y 11, especialmente el capítulo 11. Es útil leer ambos capítulos para seguir el pensamiento de Pablo.

Los dos capítulos fueron, y son aún, muy discutidos. Pero algo parece claro: el amor de Dios por la humanidad y su deseo de salvar a todos. No hay rechazo corporativo de nadie para la salvación. Romanos 10 muestra que “no hay diferencia entre judío y griego” (Rom. 10:12): todos son pe­cadores y necesitan la gracia de Dios que da Jesucristo. Esta gracia viene a todos: no por nacionalidad, nacimiento ni por obras de la ley, sino por la fe en Jesús, quien murió como el Sustituto por todos los pecadores. Los roles pueden cambiar, pero el plan básico de salvación nunca cambia.

 

Pablo continúa el tema en el capítulo 11. Aquí también hay que comprender que él habla de la elección y la vocación; el problema no es la salvación, sino el plan de Dios para alcanzar al mundo. Ningún grupo ha sido rechazado para la salvación. Pero, después de la Cruz y de la intro­ducción del evangelio a los gentiles, el movimiento cristiano –tanto judíos como gentiles– aceptó la tarea de la evangelización del mundo.

 

 

Domingo                                                                       05 de septiembre

 

EL FIN DE LA LEY

Lee Romanos 10:1 al 4. Recordando todo lo que vimos antes, ¿cuál es el mensaje aquí? ¿Cómo podríamos estar en peligro de tratar de esta­blecer nuestra propia justicia?

 

Romanos 10:1 al 4

1 HERMANOS, ciertamente el anhelo de mi corazón, y mi oración a Dios por Israel, es para salvación.

2 Porque yo les doy testimonio de que tienen celo de Dios, pero no conforme a ciencia.

3 Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios;

4 Porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree.

 

El legalismo viene en muchas formas, algunas más sutiles que otras. Los que se miran a sí mismos, sus buenas obras, su dieta, cuán estricta­mente guardan el sábado, todas las cosas malas que no hacen o todas las cosas buenas que logran, caen en la trampa del legalismo. Debemos recor­dar siempre la santidad de Dios frente a nuestra pecaminosidad; esa es la manera más segura de protegernos del pensamiento que lleva a la gente a buscar su “propia justicia”, que es contraria a la justicia de Cristo.

Romanos 10:4 es un texto importante que capta la esencia de todo el mensaje de Pablo a los romanos. Primero, veamos el contexto. Muchos judíos estaban “procurando establecer la suya [justicia] propia” (Rom. 10:3) y buscando “la justicia que es por la ley” (Rom. 10:5). Pero, al venir el Mesías, se presentó el verdadero camino de la justicia. La justicia se ofreció a todos los que fijaran su fe en Cristo. A él señalaba el antiguo sistema ceremonial.

Aun si aquí incluimos los Diez Mandamientos en la definición de la ley, eso no significa que estos fueron eliminados. La ley moral señala nuestros pecados, faltas y limitaciones, y nos conduce a la necesidad de un Salvador, de perdón y de justicia, todo lo cual se encuentra solo en Jesús. En ese sentido, Cristo es el “fin” de la ley, porque la ley nos conduce a él y a su justicia. La palabra griega para “fin” aquí es télos, que también puede ser traducida como “meta” o “propósito”. Cristo es el propósito final de la ley, puesto que la ley ha de conducirnos a Jesús.

Ver este texto como si enseñara que los Diez Mandamientos –o es­pecíficamente el cuarto (lo que la gente realmente quiere decir)– están ahora anulados es llegar a una conclusión que va en contra de muchas otras cosas que Pablo y el Nuevo Testamento enseñan.

 

¿Te encuentras alguna vez orgulloso acerca de lo bueno que eres, especialmente en contraste con otros? Tal vez tú eres “mejor”, ¿y entonces qué? Compárate con Cristo, y luego piensa acerca de cuán “bueno” eres realmente.

 

 

 

Lunes                                                                             06 de septiembre

 

LA ELECCIÓN DE GRACIA

Lee Romanos 11:1 al 7. ¿Qué enseñanza popular niega clara e irre­vocablemente este pasaje?

 

Romanos 11:1 al 7

 

1 DIGO, pues: ¿Ha desechado Dios a su pueblo?  En ninguna manera.  Porque también yo soy israelita, de la descendencia de Abraham, de la tribu de Benjamín.

2 No ha desechado Dios a su pueblo, al cual desde antes conoció. ¿O no sabéis qué dice de Elías la Escritura, cómo invoca a Dios contra Israel, diciendo:

3 Señor, a tus profetas han dado muerte, y tus altares han derribado; y sólo yo he quedado, y procuran matarme?

4 Pero ¿qué le dice la divina respuesta?  Me he reservado siete mil hombres, que no han doblado la rodilla delante de Baal.

5 Así también aun en este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia.

6 Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia.  Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra.

7 ¿Qué pues?  Lo que buscaba Israel, no lo ha alcanzado; pero los escogidos sí lo han alcanzado, y los demás fueron endurecidos;

 

En la primera parte de su respuesta a la pregunta: “¿Ha desechado Dios a su pueblo?” Pablo señala a un remanente, una elección de gracia, como prueba de que Dios no ha desechado a su pueblo.

La salvación está abierta a todos los que la acepten, judíos y gentiles por igual. Debería recordarse que los primeros conversos al cristianismo eran todos judíos; por ejemplo, el grupo que se convirtió el día de Pente­costés. Fue necesaria una visión y un milagro para convencer a Pedro de que los gentiles tenían el mismo acceso a la gracia de Cristo (Hech. 10; compara con Hech. 15:7-9) y que el evangelio debía ser llevado también a ellos.

 

Lee Romanos 11:7 al 10. ¿Está Pablo diciendo que Dios a propósito encegueció a la parte de Israel que rechazó a Jesús, para que no se salva­se? ¿Qué está mal en esta idea?

 

Romanos 11:7 al 10

 

7 ¿Qué pues?  Lo que buscaba Israel, no lo ha alcanzado; pero los escogidos sí lo han alcanzado, y los demás fueron endurecidos;

8 como está escrito: Dios les dio espíritu de estupor, ojos con que no vean y oídos con que no oigan, hasta el día de hoy.

9 Y David dice: Sea vuelto su convite en trampa y en red, En tropezadero y en retribución;

10 Sean oscurecidos sus ojos para que no vean, Y agóbiales la espalda para siempre.

 

En estos versículos, Pablo cita el Antiguo Testamento, que los judíos aceptaban como dotado de autoridad. Los pasajes que Pablo menciona presentan a Dios como dando a Israel un espíritu de embotamiento, que les impedía ver y escuchar. ¿Ciega Dios los ojos de las personas para impedir­les que vean la luz que los conduciría a la salvación? ¡Jamás! Estos pasajes deben ser comprendidos a la luz de nuestra explicación de Romanos 9. Pa­blo no está hablando de la salvación individual, porque Dios no rechaza a ningún grupo, como tal, para la salvación. En cambio, el asunto aquí, como en los capítulos anteriores, es el lugar que estas personas desempeñaban en su misión hacia el mundo.

 

¿Qué está mal con la idea de que Dios ha rechazado en conjunto a cualquier pueblo en términos de salvación? ¿Por qué eso va en con­tra de toda la enseñanza del evangelio, que en su núcleo muestra que Cristo murió para salvar a todos los seres humanos? ¿Cómo, por ejemplo, en el caso de los judíos, esta idea condujo a resultados trágicos?

 

 

 

Martes                                                                            07 de septiembre

 

LA RAMA INJERTADA

Lee Romanos 11:11 al 15. ¿Qué esperanza presenta Pablo aquí?

 

Romanos 11:11 al 15

 

11 Digo, pues: ¿Han tropezado los de Israel para que cayesen?  En ninguna manera; pero por su transgresión vino la salvación a los gentiles, para provocarles a celos.

12 Y si su transgresión es la riqueza del mundo, y su defección la riqueza de los gentiles, ¿cuánto más su plena restauración?

13 Porque a vosotros hablo, gentiles.  Por cuanto yo soy apóstol a los gentiles, honro mi ministerio,

14 por si en alguna manera pueda provocar a celos a los de mi sangre, y hacer salvos a algunos de ellos.

15 Porque si su exclusión es la reconciliación del mundo, ¿qué será su admisión sino vida de entre los muertos?

 

Aquí hay dos expresiones paralelas: 1) “su plena restauración [de los israelitas]” (vers. 12), y 2) “su admisión [de los israelitas]” (vers. 15). Pablo veía la disminución y la defección como solo temporarias, a las que seguirían la plenitud y la admisión. Esta es la segunda respuesta a la pre­gunta del versículo 1: “¿Ha desechado Dios a su pueblo?” Lo que parece un rechazo, dice él, es solo temporario.

 

Lee Romanos 11:16 al 24. ¿Qué nos está diciendo Pablo aquí?

 

Romanos 11:16 al 24

 

16 Si las primicias son santas, también lo es la masa restante; y si la raíz es santa, también lo son las ramas.

17 Pues si algunas de las ramas fueron desgajadas, y tú, siendo olivo silvestre, has sido injertado en lugar de ellas, y has sido 599 hecho participante de la raíz y de la rica savia del olivo,

18 no te jactes contra las ramas; y si te jactas, sabe que no sustentas tú a la raíz, sino la raíz a ti.

19 Pues las ramas, dirás, fueron desgajadas para que yo fuese injertado.

20 Bien; por su incredulidad fueron desgajadas, pero tú por la fe estás en pie. No te ensoberbezcas, sino teme.

21 Porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, a ti tampoco te perdonará.

22 Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; la severidad ciertamente para con los que cayeron, pero la bondad para contigo, si permaneces en esa bondad; pues de otra manera tú también serás cortado.

23 Y aun ellos, si no permanecieron en incredulidad, serán injertados, pues poderoso es Dios para volverlos a injertar.

24 Porque si tú fuiste cortado del que por naturaleza es olivo silvestre, y contra naturaleza fuiste injertado en el buen olivo, ¿cuánto más éstos, que son las ramas naturales, serán injertados en su propio olivo?

 

Pablo compara el remanente en Israel con un olivo, del que algunas ramas han sido desgajadas (los incrédulos). Con esta ilustración prueba que “Dios no ha desechado a su pueblo” (Rom. 11:2). La raíz y el tronco todavía están allí.

Los creyentes gentiles han sido injertados en este árbol, el Israel cre­yente: absorben la savia y la vitalidad de la raíz y el tronco.

Lo que pasó a los que rechazaron a Jesús podría suceder también a los gentiles creyentes. La Biblia no enseña que “una vez salvo, siempre sal­vo”. La salvación se ofrece libremente, y también puede rechazarse libre­mente. Aunque no debemos pensar que cada vez que caemos perdemos la salvación, o que si no somos perfectos no somos salvos, necesitamos también evitar lo opuesto: que una vez que la gracia de Dios nos cubre, ninguna acción o elección nuestra nos quitará la salvación. Solo los que “permanecen en esa bondad” (vers. 22) serán salvos.

Ningún creyente debe jactarse por su bondad o sentir superioridad sobre los demás. No ganamos la salvación: es un regalo. Ante la Cruz, ante la santidad de Dios, todos somos iguales: pecadores que necesitan la gracia divina y una santidad que solo por gracia es nuestra. No tenemos nada de qué jactarnos, sino solo en Jesús: lo que hizo por nosotros al venir al mundo, sufrir nuestros males, morir por nuestros pecados, ofrecernos un modelo de vida y prometernos poder para vivir esa vida. Para todo, dependemos de él; sin él no tenemos esperanza, sino la de este mundo.

 

 

 

 

Miércoles                                                                       08 de septiembre

 

SE REVELA UN MISTERIO

Lee Romanos 11:25 al 27. ¿Qué grandes eventos predice Pablo aquí?

 

Romanos 11:25 al 27

25 Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles;

26 y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sion el Libertador, Que apartará de Jacob la impiedad.

27 Y este será mi pacto con ellos, Cuando yo quite sus pecados.

 

Los cristianos discutieron estos versículos durante siglos. Pero algu­nos puntos son claros. Todo el tenor aquí es que Dios procura llegar a los judíos. Lo que Pablo dice es una respuesta a la pregunta planteada al comienzo del capítulo: “¿Ha desechado Dios a su pueblo?” Su respuesta es “no”, y su explicación es: 1) que la ceguera (en griego porósis, “dureza”) es solo “en parte”, y 2) que es solo temporaria, “hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles”.

¿Qué significa “la plenitud de los gentiles”? Muchos ven esto como el cumplimiento de la comisión evangélica: todo el mundo oye el evangelio. “La plenitud de los gentiles” habrá llegado cuando el evangelio haya sido predicado en todas partes. El evangelio habrá sido predicado a todo el mundo, la venida de Jesús estará cercana; entonces, muchos judíos co­menzarán a venir a Jesús.

Otro punto difícil es el significado de “todo Israel será salvo” (vers. 26). Esto no debe interpretarse como que todos los judíos, por algún de­creto divino, tendrán salvación en el tiempo del fin. En ninguna parte de las Escrituras se enseña el universalismo, ni para un grupo específico, ni para toda la raza humana. Pablo esperaba “hacer salvos a algunos de ellos” (vers. 14). Algunos aceptaron al Mesías, otros lo rechazaron, como pasa con todos los grupos.

Comentando Romanos 11, Elena de White habla de que “en la pro­clamación final del evangelio” “muchos judíos [...] recibirán por la fe a Cristo como su Redentor” (HAp 314).

“Hay una grandiosa obra que ha de hacerse en nuestro mundo. El Señor ha declarado que los gentiles serán reunidos, y [...] también los judíos. Hay entre los judíos muchas personas que serán convertidas, y por medio de las cuales veremos cómo la salvación de Dios avanzará como una lámpara que arde. Hay judíos por todas partes. [...] Hay entre ellos muchos que vendrán a la luz, y que proclamarán la inmutabilidad de la ley de Dios con maravilloso poder” (Ev 421).

 

Piensa acerca de las raíces judías de la fe cristiana. ¿Cómo un estu­dio selectivo de la religión judía podría ayudarte a entender mejor tu fe cristiana?

 

Jueves                                                                            09 de septiembre

 

LA SALVACIÓN DE LOS PECADORES

El amor de Pablo por su propio pueblo es claramente visible en es­tos versículos. Cuán difícil debió haber sido para él que algunos de sus conciudadanos lucharan contra él y contra la verdad del evangelio. Y sin embargo, a pesar de todo, todavía creía que muchos verían a Jesús como el Mesías.

 

Lee Romanos 11:28 al 36. ¿De qué modo Pablo muestra el amor de Dios, no solo por los judíos, sino por toda la humanidad? ¿De qué modo expresa aquí el maravilloso y misterioso poder de la gracia de Dios?

 

Romanos 11:28 al 36

 

28 Así que en cuanto al evangelio, son enemigos por causa de vosotros; pero en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres.

29 Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios.

30 Pues como vosotros también en otro tiempo erais desobedientes a Dios, pero ahora habéis alcanzado misericordia por la desobediencia de ellos,

31 así también éstos ahora han sido desobedientes, para que por la misericordia concedida a vosotros, ellos también alcancen misericordia.

32 Porque Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos.

33 ¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!

34 Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero?

35 ¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado?

36 Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas.  A él sea la gloria por los siglos. Amén.

 

 

En todos estos versículos, aunque se hace un contraste entre judíos y gentiles, un punto resulta claro: la misericordia, el amor y la gracia de Dios se derraman sobre los pecadores. Desde antes de la fundación del mundo, el plan de Dios fue salvar a la humanidad y usar otros seres humanos, aun naciones, como instrumentos para cumplir su voluntad divina.

 

Lee cuidadosamente y con oración el versículo 31. ¿Qué punto im­portante deberíamos obtener de este texto acerca de nuestro testimonio, no solo a los judíos, sino a todas las personas con quienes entramos en contacto?

 

 

Sin duda, a través de los siglos, si la iglesia cristiana hubiera tratado mejor a los judíos, muchos más hubieran venido a su Mesías. La gran apostasía en los primeros siglos después de Cristo y la extrema pagani­zación del cristianismo –incluyendo el rechazo del sábado en favor del domingo– ciertamente hicieron más difícil para un judío el que fuera atraído hacia Jesús.

Es muy vital, entonces, que todos los cristianos, dándose cuenta de la misericordia que se les ha extendido en Jesús, exhiban esa misericordia a otros. No podemos ser cristianos si no hacemos esto (Mat. 18:23-36).

¿Hay alguien a quien necesitas mostrar misericordia, que tal vez no la merezca? ¿Por qué no mostrarle a esta persona esa misericordia, no importa cuán difícil sea hacerlo? ¿No es eso lo que Jesús hizo por nosotros?

 

 

Viernes                                                                           10 de septiembre

 

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR: Lee “Ante el Sanedrín”, “De persegui­dor a discípulo” y “Cartas escritas desde Roma”, Los hechos de los apóstoles, pp. 65-67; 93-95; 392-396; “Para alcanzar a los católicos”, El evangelismo, pp. 573-576 y “Qué predicar y qué no predicar”, Mensajes selectos, t. 1, pp. 182, 183.

 

 

LOS HECHOS DE LOS APÓSTOLES

 

CAPÍTULO 8 Ante el Sanedrín

 

FUE la cruz, instrumento de vergüenza y tortura, la que trajo esperanza y salvación al mundo.  Los discípulos no eran sino hombres humildes, sin riquezas, y sin otra arma que la palabra de Dios; sin embargo en la fuerza de Cristo salieron para contar la maravillosa historia del pesebre y la cruz y triunfar sobre toda oposición.  Aunque sin honor ni reconocimiento terrenales, eran héroes de la fe.  De sus labios salían palabras de elocuencia divina que hacían temblar al mundo.

En Jerusalén, donde dominaban los más arraigados prejuicios y las más confusas ideas acerca de Aquel que fuera crucificado como malhechor, los discípulos predicaban valientemente las palabras de vida y exponían a los judíos la obra y la misión de Cristo, su crucifixión, resurrección y ascensión.  Los sacerdotes y magistrados se admiraban del claro e intrépido testimonio de los apóstoles.  El poder del Salvador resucitado investía a los discípulos, cuya obra era acompañada de señales y milagros que diariamente acrecentaban el número de creyentes.  A lo largo de las calles por donde pasaban los discípulos, el pueblo colocaba a sus enfermos "en camas y en lechos, para que viniendo Pedro, a lo menos su sombra tocase a alguno de ellos."  También eran traídos los afligidos por espíritus inmundos.  Las multitudes acudían a los discípulos y los sanados proclamaban las alabanzas de Dios y glorificaban el nombre del Redentor.

Los sacerdotes y gobernantes veían que Cristo era más ensalzado que ellos. Como los saduceos no creían en la resurrección, se encolerizaban al oír a los discípulos afirmar que Cristo había resucitado de entre los muertos, pues comprendían  que si se dejaba a los apóstoles predicar a un Salvador resucitado y obrar milagros en su nombre, todos rechazarían la doctrina de que no habrá resurrección y pronto se extinguiría la secta de los saduceos. Por su parte, los fariseos se enojaban al notar que las enseñanzas de los discípulos propendían a eliminar las ceremonias judaicas e invalidar los sacrificios.

Vanos fueron todos los esfuerzos hechos hasta entonces para suprimir la nueva doctrina; pero los saduceos y fariseos resolvieron conjuntamente hacer cesar la obra de los discípulos, pues demostraban su culpabilidad en la muerte de Jesús.  Poseídos de indignación, los sacerdotes echaron violentamente mano a Pedro y Juan y los pusieron en la cárcel pública.

Los dirigentes de la nación judía manifiestamente no cumplían el propósito de Dios para con su pueblo escogido.  Aquellos a quienes Dios había hecho los depositarios de la verdad se mostraron indignos de su cometido, y Dios escogió a otros para que hicieran su obra.  En su ceguera, dichos dirigentes dieron ahora rienda suelta a lo que llamaban justa indignación contra los que rechazaban sus doctrinas favoritas. Ni siquiera admitían la posibilidad de que ellos mismos no entendieran correctamente la Palabra, o que hubieran interpretado o aplicado mal las Escrituras.  Actuaron como hombres que hubiesen perdido la razón. Decían: ¿Qué derecho tienen esos maestros, algunos de los cuales son simples pescadores, de presentar ideas contrarias a las doctrinas que hemos enseñado al pueblo? Estando resueltos a suprimirlas, encarcelaron a los que las predicaban.

No se intimidaron ni se abatieron los discípulos por semejante trato. El Espíritu Santo les recordó las palabras de Cristo: "No es el siervo mayor que su señor. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán: si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra. Mas todo esto os harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado." "Os echarán de las sinagogas; y aun viene la hora cuando cualquiera que os matare, pensará que hace ser 66 servicio a Dios." "Mas os he dicho esto, para que cuando aquella hora viniere, os acordéis de que yo os lo había dicho." (Juan 15: 20, 21; 16: 2, 4.)

El Dios del cielo, el poderoso Gobernador del universo, tomó por su cuenta el asunto del encarcelamiento de los discípulos, porque los hombres guerreaban contra su obra.  Por la noche, el ángel del Señor abrió las puertas de la cárcel y dijo a los discípulos: "Id, y estando en el templo, hablad al pueblo todas las palabras de esta vida."

Este mandato era directamente contrario a la orden dada por los gobernantes judíos; pero ¿dijeron los apóstoles: No podemos hacerlo hasta que consultemos a los magistrados, y recibamos su permiso? No; Dios había dicho: "Id," y ellos obedecieron. "Entraron de mañana en el templo, y enseñaban."

Cuando Pedro y Juan se presentaron ante los fieles y les refirieron cómo el ángel los había guiado por entre la tropa de soldados que guardaban la cárcel, ordenándoles que reanudaran la obra interrumpida, los hermanos se llenaron de admiración y de gozo.

Entretanto, el príncipe de los sacerdotes y los que estaban con él "convocaron el concilio, y a todos los ancianos de los hijos de Israel." Los sacerdotes y magistrados decidieron acusar a los discípulos de insurrección, de haber asesinado a Ananías y Safira, y de conspirar para desposeer a los sacerdotes de su autoridad.  Con ello esperaban excitar a las turbas para que interviniesen en el asunto y tratar a los discípulos como habían tratado a Jesús.  Sabían que muchos de los que no aceptaron las enseñanzas de Cristo, cansados del gobierno arbitrario de las autoridades judías, deseaban algún cambio.  Los sacerdotes temían que, si estos desconformes aceptaban las verdades proclamadas por los apóstoles y, por lo tanto, a Jesús como el Mesías, la ira de todo el pueblo se levantaría contra ellos y se les haría entonces rendir cuenta del asesinato de Cristo. Decidieron tomar vigorosas medidas para evitar esto.

Cuando enviaron por los presos para que comparecieran  ante su presencia, grande fue el asombro general al recibirse la noticia de que se habían hallado las puertas de la cárcel cerradas con toda seguridad y a los guardas delante de ellas, pero que los presos no parecían por ninguna parte.

Pronto llegó este sorprendente informe: "He aquí, los varones que echasteis en la cárcel, están en el templo, y enseñan al pueblo. Entonces fue el magistrado con los ministros, y trájolos sin violencia; porque temían del pueblo ser apedreados."

Aunque los apóstoles fueron milagrosamente libertados de la cárcel, no se libraron de la indagatoria y el castigo. Cristo les había dicho, estando con ellos: "Mirad por vosotros: porque os entregarán en los concilios." (Mar. 13: 9.)  Al enviarles un ángel para libertarlos, Dios les dio una muestra de su amor y una seguridad de su presencia. Ahora les tocaba a ellos, por su parte, sufrir por causa de Aquel cuyo Evangelio predicaban.

La historia de los profetas y apóstoles nos ofrece muchos nobles ejemplos de lealtad a Dios.  Los testigos de Cristo han sufrido cárcel, tormento y la misma muerte antes de quebrantar los mandamientos de Dios.  El ejemplo de Pedro y Juan es heroico cual ninguno en la dispensación evangélica.  Al presentarse por segunda vez ante los hombres que parecían resueltos a destruirlos, no se advirtió señal alguna de temor ni vacilación en sus palabras o actitud. Y cuando el pontífice les dijo: "¿No os denunciamos estrechamente, que no enseñaseis en este nombre? y he aquí, habéis llenado a Jerusalén de vuestra doctrina, y queréis echar sobre nosotros la sangre de este hombre," Pedro respondió: "Es menester obedecer a Dios antes que a los hombres."  Un ángel del cielo los había librado de la cárcel y ordenándoles que enseñaran en el templo. Al seguir sus instrucciones, obedecían el divino mandato, y así debían proseguir haciéndolo a pesar de cuantos impedimentos encontraran para ello.

Entonces el espíritu de la inspiración descendió sobre los discípulos. Los acusados se convirtieron en acusadores, inculpando de la muerte de Cristo a quienes componían el concilio.

Pedro declaró: "El Dios de nuestros padres levantó a Jesús, al cual vosotros matasteis colgándole de un madero.  A éste ha Dios ensalzado con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y remisión de pecados.  Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen."

Tan airados se pusieron los judíos al oír estas palabras, que resolvieron juzgar por sí mismos y, sin más proceso ni consentimiento de los magistrados romanos condenar a muerte a los reos. Culpables ya de la sangre de Cristo, ansiaban ahora mancharse las manos con la sangre de los discípulos.

Pero había en el concilio un varón que reconoció la voz de Dios en las palabras de los discípulos.  Era Gamaliel, un fariseo de buena reputación, hombre erudito y de elevada categoría social. Su claro criterio comprendió que la violenta medida propuesta por los sacerdotes tendría terribles consecuencias.  Antes de hablar a sus compañeros de concilio, pidió Gamaliel que se hiciese salir a los presos, pues sabía con quienes trataba y que los que habían matado a Cristo no vacilarían en cumplir su propósito.

Con mucha mesura y serenidad, Gamaliel dijo entonces: "Varones Israelitas, mirad por vosotros acerca de estos hombres en lo que habéis de hacer. Porque antes de estos días se levantó Teudas, diciendo que era alguien; al que se agregó un número de hombres como cuatrocientos: el cual fue matado; y todos los que le creyeron fueron dispersos, y reducidos a nada.  Después de éste, se levantó Judas el Galileo en los días del empadronamiento, y llevó mucho pueblo tras sí. Pereció también aquél; y todos los que consintieron con él, fueron derramados. Y ahora os digo:  Dejaos de estos hombres, y dejadlos; porque si este consejo o esta obra es de los hombres, se desvanecerá: mas si es de Dios, no la podréis deshacer; no seáis tal vez hallados resistiendo a Dios."

Los sacerdotes comprendieron lo razonable de esta opinión, y no pudieron menos que convenir con Gamaliel.  Sin  embargo, no les fue posible dominar sus odios y prejuicios, y de muy mala gana, después de mandar que azotasen a los discípulos e intimarlos so pena de muerte a que no volviesen a predicar en el nombre de Jesús, los soltaron. "Y ellos partieron de delante del concilio, gozosos de que fuesen tenidos por dignos de padecer afrenta por el Nombre. Y todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar a Jesucristo."

Poco antes de su crucifixión, Cristo había dejado a sus discípulos un legado de paz: "La paz os dejo -dijo,- mi paz os doy: no como el mundo la da, yo os la doy. No se turbe vuestro corazón ni tenga miedo." (Juan 14: 27.) Esta paz no es la paz que proviene de la conformidad con el mundo. Cristo nunca procuró paz transigiendo con el mal.  La que Cristo dejó a sus discípulos es interior más bien que exterior, y había de permanecer para siempre con sus testigos a través de las luchas y contiendas.

Cristo dijo de sí mismo: "No penséis que he venido para meter paz en la tierra: no he venido para meter paz, sino espada." (Mat. 10: 34.) Aunque es el Príncipe de Paz, es sin embargo causa de división.  El que vino a proclamar alegres nuevas y a crear esperanza y gozo en los corazones de los hijos de los hombres, originó una controversia que arde profundamente y suscita intensa pasión en el corazón humano. Y advierte a sus seguidores: "En el mundo tendréis aflicción." "Os echarán mano, y perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a las cárceles, siendo llevados a los reyes y a los gobernantes por causa de mi nombre." "Mas seréis entregados aun de vuestros padres, y hermanos, y parientes, y amigos; y matarán a algunos de vosotros." (Juan 16: 33; Luc. 21: 12, 16.)

Esta profecía se ha cumplido de manera notable.  Todo ultraje, vituperio y crueldad que Satanás pudo inventar e instigar a los corazones humanos se ha dirigido contra los seguidores de Jesús. Y esto se cumplirá de nuevo de un modo notable; porque el corazón carnal está todavía enemistado contra la ley  de Dios y no quiere sujetarse a sus mandamientos.  El mundo no está más en armonía hoy con los principios de Cristo le lo que estaba en los días de los apóstoles. El mismo odio que inspiró el grito: "¡Crucifícale, crucifícale!," el mismo odio que condujo a la persecución de los discípulos, obra todavía en los hijos de desobediencia. El mismo espíritu que en la Edad Media condenó a hombres y mujeres a la cárcel, al destierro y a la muerte; que concibió la aguda tortura de la Inquisición; que planeó y ejecutó la matanza de San Bartolomé, y los autos de fe de Smithfield, está todavía obrando con maligna energía en los corazones no regenerados.  La historia de la verdad ha sido siempre el relato de una lucha entre el bien y el mal. La proclamación del Evangelio se ha realizado siempre en este mundo haciendo frente a la oposición, los peligros, las pérdidas y el sufrimiento.

¿Cuál fue la fortaleza de los que en tiempos pasados padecieron persecución por causa de Cristo? Consistió en su unión con Dios, con el Espíritu Santo y con Cristo. El vituperio y la persecución han separado a muchos de sus amigos terrenales, pero nunca del amor de Cristo. Nunca es tan amada de su Salvador el alma combatida por las tormentas de la prueba como cuando padece afrenta por la verdad. "Yo le amaré, y me manifestaré a él," dijo Cristo. (Juan 14: 21.) Cuando el creyente se sienta en el banquillo de los acusados ante los tribunales terrenales por causa de la verdad, está Cristo a su lado. Cuando se ve recluido entre las paredes de una cárcel, Cristo se le manifiesta y le consuela con su amor.  Cuando padece la muerte por causa de Cristo, el Salvador le dice:  Podrán matar el cuerpo, pero no podrán dañar el alma. "Confiad, yo he vencido al mundo." (Juan 16: 33.) "No temas, que yo soy contigo; no desmayes, que yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia."(Isa. 41: 10.)

"Los que confían en Jehová son como el monte de Sión, que no deslizará: estará para siempre. Como Jerusalén tiene montes  alrededor de ella, así Jehová alrededor de su pueblo desde ahora y para siempre." "De engaño y de violencia redimirá sus almas; y la sangre de ellos será preciosa en sus ojos." (Sal. 125: 1,2; 72: 14.)

"Jehová de los ejércitos los amparará, . . . y los salvará en aquel día Jehová su Dios como a rebaño de su pueblo: porque serán engrandecidos en su tierra como piedras de corona." (Zac. 9: 15, 16.)

 

 

CAPÍTULO 12 De Perseguidor a Discípulo

 

SAULO de Tarso sobresalía entre los dignatarios judíos que se habían excitado por el éxito de la proclamación del Evangelio. Aunque ciudadano romano por nacimiento, era Saulo de linaje judío, y había sido educado en Jerusalén por los más eminentes rabinos. Era Saulo "del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, Hebreo de Hebreos; cuanto a la ley, Fariseo; cuanto al celo, perseguidor de la iglesia; cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible." (Fil. 3: 5, 6.) Los rabinos lo consideraban como un joven muy promisorio, y acariciaban grandes esperanzas respecto a él como capaz y celoso defensor de la antigua fe.  Su elevación a miembro del Sanedrín lo colocó en una posición de poder.

Saulo había tomado una parte destacada en el juicio y la condena de Esteban; y las impresionantes evidencias de la presencia de Dios con el mártir le habían inducido a dudar de la justicia de la causa que defendía contra los seguidores de Jesús.  Su mente estaba profundamente impresionada.  En su perplejidad, se dirigió a aquellos en cuya sabiduría y juicio tenía plena confianza.  Los argumentos de los sacerdotes y príncipes lo convencieron finalmente de que Esteban era un blasfemo, de que el Cristo a quien el discípulo martirizado había predicado era un impostor, y de que los que desempeñaban cargos sagrados tenían razón.

No llegó Saulo sin luchas graves a esta conclusión.  Pero al fin, su educación y sus prejuicios, su respeto por sus antiguos maestros y el orgullo motivado por su popularidad, le fortalecieron para rebelarse contra la voz de la conciencia y la gracia 93 de Dios.  Y habiendo decidido plenamente que los sacerdotes y escribas tenían razón, Saulo se volvió acérrimo en su oposición a las doctrinas enseñadas por los discípulos de Jesús.  La actividad de Saulo en lograr que los santos hombres y mujeres fueran arrastrados a los tribunales, donde los condenaban a la cárcel y aun a la muerte, por el solo hecho de creer en Jesús, llenó de tristeza y lobreguez a la recién organizada iglesia, e indujo a muchos a buscar seguridad en la huída.

Los que fueron arrojados de Jerusalén por esta persecución "iban por todas partes anunciando la palabra." (Hech. 8: 4.) Una de las ciudades donde se refugiaron fue Damasco, donde la nueva fe ganó muchos conversos.

Los sacerdotes y magistrados esperaban que con vigilante esfuerzo y acerba persecución podría extirparse la herejía.  Por entonces creyeron necesario extender a otros lugares las resueltas medidas tomadas en Jerusalén contra las nuevas enseñanzas.  Para esta labor especial, que deseaban realizar en Damasco, ofreció Saulo sus servicios. "Respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al príncipe de los sacerdotes, y demandó de él letras para Damasco a las sinagogas, para que si hallase algunos hombres o mujeres de esta secta, los trajese presos a Jerusalén." Así, "con potestad y comisión de los príncipes de los sacerdotes" (Hech. 26: 12), Saulo de Tarso, en la fuerza de su edad viril e inflamado de un celo equivocado, emprendió el memorable viaje en que iba a ocurrirle el singular suceso que cambiaría por completo el curso de su vida.

El último día del viaje, "en mitad del día," los fatigados caminantes, al acercarse a Damasco, vieron las amplias extensiones de tierra fértil, los hermosos jardines y los fructíferos huertos, regados por las frescas corrientes de las montañas circundantes.  Después del largo viaje a través de desolados desiertos, tales escenas eran en verdad refrigerantes. Mientras Saulo con sus compañeros contemplaban con admiración la fértil llanura y la hermosa ciudad que se hallaba abajo, 94 "súbitamente" vieron una luz del cielo, "la cual -según él declaró después- me rodeó y a los que iban conmigo;" "una luz del cielo que sobrepujaba el resplandor del sol" (Hech. 26: 13, 14), demasiado esplendente para que la soportaran ojos humanos. Ofuscado y aturdido, cayó Saulo postrado en tierra.

Mientras la luz brillaba en derredor de ellos, Saulo oyó "una voz que le decía" "en lengua hebraica": "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Y él dijo: ¿Quién eres, Señor? Y él dijo: Yo soy Jesús a quien tú persigues: dura cosa te es dar coces contra el aguijón."

Temerosos y casi cegados por la intensidad de la luz, los compañeros de Saulo oían la voz, pero no veían a nadie.  Sin embargo, Saulo comprendió lo que se le decía, y se le reveló claramente que quien hablaba era el Hijo de Dios.  En el glorioso Ser que estaba ante él, reconoció al Crucificado.  La imagen del Salvador quedó para siempre grabada en el alma del humillado judío.  Las palabras oídas conmovieron su corazón con irresistible fuerza.  Su mente se iluminó con un torrente de luz que esclareció la ignorancia y el error de su pasada vida, y le demostró la necesidad que tenía de la iluminación del Espíritu Santo.

Saulo vio ahora que al perseguir a los seguidores de Jesús, había estado en realidad haciendo la obra de Satanás.  Vio que sus convicciones de lo recto y de su propio deber se habían basado mayormente en su implícita confianza en los sacerdotes y los magistrados.  Les había creído cuando le dijeron que el relato de la resurrección era una ingeniosa creación de los discípulos.  Cuando Jesús mismo se reveló, Saulo se convenció de la veracidad de las aseveraciones de los discípulos.

En aquel momento de celestial iluminación, la mente de Saulo actuó con notable rapidez.  Las profecías de la Sagrada Escritura se abrieron a su comprensión.  Vio  que el rechazamiento de Jesús por los judíos, su crucifixión, resurrección y ascensión habían sido predichos por los profetas y le demostraron que era el Mesías prometido.  El discurso de Esteban 95 en ocasión de su martirio le vino vívidamente a la memoria, y Saulo comprendió que el mártir había contemplado en verdad "la gloria de Dios" cuando dijo: "He aquí veo los cielos abiertos, y al Hijo del hombre que está a la diestra de Dios." (Hech. 7: 55, 56.)  Los sacerdotes habían declarado blasfemas esas palabras, pero ahora Saulo sabía que eran verdad.

¡Qué revelación fue todo esto para el perseguidor! Ahora Saulo sabía con toda seguridad que el prometido Mesías había venido a la tierra en la persona de Jesús de Nazaret, y que aquellos a quienes había venido a salvar le habían rechazado y crucificado.  También sabía que el Salvador había resucitado triunfante de la tumba y ascendido a los cielos.  En aquel momento de divina revelación, recordó Saulo, aterrorizado, que con su consentimiento había sido sacrificado Esteban por dar testimonio del Salvador crucificado y resucitado, y que después fue instrumento para que muchos otros dignos discípulos de Jesús encontrasen la muerte por cruel persecución.

El Salvador había hablado a Saulo mediante Esteban, cuyo claro razonamiento no podía ser refutado.  El erudito judío vio el rostro del mártir reflejando la luz de la gloria de Cristo, de modo que parecía "como el rostro de un ángel." (Hech. 6: 15.) Presenció la longanimidad de Esteban para con sus enemigos y el perdón que les concedió. Presenció también la fortaleza y la alegre resignación de muchos a quienes él había hecho atormentar y afligir.  Hasta vio a algunos entregar la vida con regocijo por causa de su fe.

Todas estas cosas impresionaron mucho a Saulo, y a veces casi abrumaron su mente con la convicción de que Jesús era el Mesías prometido.  En esas ocasiones luchó noches enteras contra esa convicción, y siempre terminó por creer que Jesús no era el Mesías, y que sus seguidores eran ilusos fanáticos.

Ahora Cristo le hablaba con su propia voz, diciendo: "Saulo, Saulo, ¿ por qué me persigues ?" Y la pregunta: "¿Quién eres, Señor?" fue contestada por la misma voz: "Yo soy Jesús a quien tú persigues." Cristo se identifica aquí con 96 su pueblo.  Al perseguir a los seguidores de Jesús, Saulo había atacado directamente al Señor del cielo.  Al acusarlos y al testificar falsamente contra ellos, lo hacía también contra el Salvador del mundo.

No dudó Saulo de que quien le hablaba era Jesús de Nazaret, el Mesías por tanto tiempo esperado, la Consolación y el Redentor de Israel.  Saulo, "temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que haga? Y el Señor le dice: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que te conviene hacer."

Cuando se desvaneció el resplandor, y Saulo se levantó del suelo, se halló totalmente privado de la vista.  La refulgencia de la gloria de Cristo había sido demasiado intensa para sus ojos mortales; y cuando desapareció, las tinieblas de la noche se asentaron sobre sus ojos. Creyó que esta ceguera era el castigo de Dios por su cruel persecución de los seguidores de Jesús.  En terribles tinieblas palpaba en derredor, y sus compañeros, con temor y asombro, "llevándole por la mano, metiéronle en Damasco."

En la mañana de aquel día memorable, Saulo se había acercado a Damasco con sentimiento de satisfacción propia debido a la confianza que habían depositado en él los príncipes de los sacerdotes.  Se le habían confiado graves responsabilidades. Se le había dado la comisión de que promoviese los intereses de la religión judía poniendo coto, si fuera posible, a la extensión de la nueva fe en Damasco.  Estaba resuelto a ver coronada de éxito su misión, y había contemplado con ansiosa expectación los sucesos que aguardaba.

¡Cuán diferente de lo anticipado fue su entrada en la ciudad! Herido de ceguera, impotente, torturado por el remordimiento, sin saber qué juicio adicional pudiese estarle reservado, buscó el hogar del discípulo Judas, donde en la soledad tuvo amplia oportunidad de reflexionar y orar.

Por tres días Saulo estuvo "sin ver, y no comió, ni bebió."  Esos días de agonía de alma le parecieron años.  Vez tras vez recordó, con angustia de espíritu, la parte que había tomado 97 en el martirio de Esteban.  Con horror pensaba en la culpa en que había incurrido al dejarse dominar por la malicia y el prejuicio de los sacerdotes y gobernantes, aun cuando el rostro de Esteban había sido iluminado con el brillo del cielo.  Con tristeza y contrición de espíritu repasó las muchas ocasiones en que había cerrado sus ojos y oídos a las más impresionantes evidencias, y había insistido implacablemente en la persecución de los creyentes en Jesús de Nazaret.

Estos días de riguroso examen propio y humillación de espíritu.  Los pasó en solitaria reclusión.  Los creyentes, advertidos del propósito del viaje de Saulo a Damasco, temían que pudiera estar simulando a fin de engañarlos más fácilmente.  Y se mantuvieron lejos, rehusándole su simpatía.  El no deseaba recurrir a los judíos inconversos, con quienes había planeado unirse en destrucción de los creyentes; porque sabía que ni siquiera escucharían el relato de su caso.  Así parecía estar privado de toda simpatía humana.  Toda su esperanza de ayuda se cifraba en un Dios misericordioso, y a él recurrió con corazón contrito.

Durante las largas horas en que Saulo estuvo encerrado a solas con Dios, recordó muchos de los pasajes de las Escrituras que se referían al primer advenimiento de Cristo.  Cuidadosamente, rastreó las profecías, con una memoria aguzada por la convicción que se había apoderado de su mente.  Al reflexionar en el significado de esas profecías, se asombraba de su anterior ceguera de entendimiento, y de la ceguera de los judíos en general, que los había inducido a rechazar a Jesús como el Mesías prometido.  A su entendimiento iluminado, todo parecía claro ahora.  Sabía que su anterior prejuicio e incredulidad habían obscurecido su percepción espiritual, y le habían impedido discernir en Jesús de Nazaret el Mesías de las profecías.

Al entregarse Saulo completamente al poder convincente del Espíritu Santo, vio los errores de su vida, y reconoció los abarcantes requerimientos de la ley de Dios.  El que había sido un orgulloso fariseo, confiado en que lo justificaban sus buenas 98 obras, se postró ahora delante de Dios con la humildad y la sencillez de un niñito, confesando su propia indignidad, e invocando los méritos de un Salvador crucificado y resucitado.  Saulo anhelaba ponerse en completa armonía y comunión con el Padre y el Hijo; y en la intensidad de su deseo de obtener perdón y aceptación, elevó fervientes súplicas al trono de la gracia.

Las oraciones del penitente fariseo no fueron inútiles.  Sus recónditos pensamientos y emociones fueron transformados por la gracia divina; y sus facultades más nobles fueron puestas en armonía con los propósitos eternos de Dios.  Cristo y su justicia llegaron a ser para Saulo más que todo el mundo.

La conversión de Saulo es una impresionante evidencia del poder milagroso del Espíritu Santo para convencer de pecado a los hombres.  El había creído en verdad que Jesús de Nazaret menospreció la ley de Dios, y que enseñó a sus discípulos que ella no estaba en vigor.  Pero después de su conversión, Saulo reconoció a Jesús como Aquel que había venido al mundo con el expreso propósito de vindicar la ley de su Padre.  Estaba convencido de que Jesús era el originador de todo el sistema judío de los sacrificios.  Vio en la crucifixión el tipo, que se había encontrado con la realidad simbolizada; que Jesús había cumplido las profecías del Antiguo Testamento concernientes al Redentor de Israel.

En el relato de la conversión de Saulo se nos dan importantes principios que deberíamos tener siempre presentes.  Saulo fue puesto directamente en presencia de Cristo.  Era uno a quien Cristo había destinado a una obra importantísima, uno que había de ser "instrumento escogido;" sin embargo, el Señor no le habló ni una sola vez de la obra que le había señalado.  Lo detuvo en su carrera y lo convenció de pecado; pero cuando Saulo preguntó: "¿Qué quieres que haga?" el Salvador colocó al inquiridor judío en relación con su iglesia, para que conociera allí la voluntad de Dios concerniente a él.

La maravillosa luz que iluminó las tinieblas de Saulo era 99 obra del Señor; pero había también una obra que tenían que hacer por él los discípulos.  Cristo realizó la obra de revelación y convicción; y ahora el penitente estaba en condición de aprender de aquellos a quienes Dios ordenó para que enseñaran su verdad.

Mientras Saulo continuaba solo orando y suplicando en la casa de Judas, el Señor le apareció en visión a "un discípulo en Damasco llamado Ananías," y le dijo que Saulo de Tarso estaba orando y que necesitaba ayuda.  "Levántate, y ve a la calle que se llama la Derecha -dijo el mensajero celestial,- y busca en casa de Judas a uno llamado Saulo, de Tarso: porque he aquí, él ora; y ha visto en visión un varón llamado Ananías que entra y le pone la mano encima, para que reciba la vista."

Apenas podía creer Ananías las palabras del ángel; porque los informes de la acerba persecución de Saulo contra los santos de Jerusalén se habían esparcido extensamente.  Se aventuró a protestar:  "Señor, he oído a muchos acerca de este hombre cuántos males ha hecho a tus santos en Jerusalén: y aun aquí tiene facultad de los príncipes de los sacerdotes de prender a todos los que invocan tu nombre."  Pero la orden fue imperativa:  "Ve: porque instrumento escogido me es éste, para que lleve mi nombre en presencia de los Gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel."

Obediente a la indicación del ángel, Ananías buscó al hombre que hacía sólo poco respiraba amenazas contra todos los que creían en el nombre de Jesús; y poniendo sus manos sobre la cabeza del dolorido penitente, dijo: "Saulo hermano, el Señor Jesús, que te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo.

"Y luego le cayeron de los ojos como escamas, y recibió al punto la vista: y levantándose, fue bautizado."

Así sancionó Jesús la autoridad de su iglesia organizada, y puso a Saulo en relación con los agentes que había designado en la tierra. Cristo tenía ahora una iglesia como su representante 100 en la tierra, y a ella incumbía la obra de dirigir al pecador arrepentido en el camino de la vida.

Muchos tienen la idea de que son responsables ante Cristo solo por la luz y experiencia, y que no dependen de sus seguidores reconocidos en la tierra.  Jesús es el amigo de los pecadores, y su corazón simpatiza con el dolor de ellos.  Tiene toda potestad, tanto en el cielo como en la tierra; pero respeta los medios que ha dispuesto para la iluminación y salvación de los hombres; dirige a los pecadores a la iglesia, que él ha puesto como un medio de comunicar luz al mundo.

Cuando, en medio de su ciego error y prejuicio, se le dio a Saulo una revelación del Cristo a quien perseguía, se lo colocó en directa comunicación con la iglesia, que es la luz del mundo.  En este caso, Ananías representa a Cristo, y también representa a los ministros de Cristo en la tierra, asignados para que actúen por él.  En lugar de Cristo, Ananías toca los ojos de Saulo, para que reciba la vista, coloca sus manos sobre él, y mientras ora en el nombre de Cristo, Saulo recibe el Espíritu Santo.  Todo se hace en el nombre y por la autoridad de Cristo.  Cristo es la fuente; la iglesia es el medio de comunicación. 101

 

 

CAPÍTULO 45 Cartas Escritas Desde Roma

 

 

EN LOS primeros años de la experiencia cristiana del apóstol Pablo, le fueron dadas oportunidades especiales de aprender la voluntad de Dios concerniente a los seguidores de Jesús.   Fue "arrebatado hasta el tercer cielo," "al paraíso, donde oyó palabras secretas que el hombre no puede decir." El mismo reconoció que muchas "visiones y revelaciones"  le fueron dadas "del Señor." Su comprensión de los principios de las verdades evangélicas, era igual a la de  "los sumos apóstoles." (2 Cor. 12: 2, 4,1, 11.)  Tenía una clara y amplia comprensión de "la anchura, y la longitud, y la altura y la profundidad" del "amor de Cristo, que sobrepuja a todo conocimiento." (Efe. 3: 18, 19, V.M.)

Pablo no podía decir todo lo que había visto en visión, porque entre sus oidores había algunos que habrían hecho mal uso de sus palabras.  Pero aquello que le fue revelado, le habilitó para trabajar como dirigente y sabio maestro, y también modeló los mensajes que en años ulteriores envió a las iglesias.  La impresión que recibió cuando estuvo en visión le acompañaba siempre y le habilitaba para dar una correcta representación del carácter cristiano.  A viva voz y por carta expresó su mensaje que en todo momento trajo ayuda y fuerza a la iglesia de Dios.  Para los creyentes de la actualidad, sus mensajes hablan claramente de los peligros que amenazarán a la iglesia y las falsas doctrinas que tendrán que arrostrar.

El deseo del apóstol para aquellos a quienes escribía sus cartas de consejo y admonición era que no fuesen "niños fluctuantes y llevados por doquiera de todo viento de doctrina," 375 sino que todos llegaran "a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la edad de la plenitud de Cristo." Rogó a aquellos que eran seguidores de Cristo y que vivían en comunidades paganas, que no anduviesen "como los otros Gentiles, que andan en la vanidad de su sentido, teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios . . . por la dureza de su corazón," sino "avisadamente; no como necios, mas como sabios; redimiendo el tiempo." (Efe. 4: 14, 13, 17, 18; 5: 15, 16.) Animó a los creyentes a mirar hacia el tiempo cuando Cristo, que "amó a la iglesia y se entregó a sí mismo por ella," podría "presentársela gloriosa para sí, una iglesia que no tuviese mancha ni arruga, ni cosa semejante," una iglesia "santa y sin mancha." (Efe. 5: 25, 27.)

Estos mensajes, escritos, no con poder humano, sino con el de Dios, contienen lecciones que deben ser estudiadas por todos, lecciones que será provechoso repetir frecuentemente.  En ellas encontramos delineada la piedad práctica, se formulan principios que deben ser seguidos en cada iglesia y se define el camino que lleva a la vida eterna.

En su carta "a los santos y hermanos fieles en Cristo que están en Colosas," escrita mientras estaba preso en Roma, Pablo hace mención de su regocijo por la constancia de ellos en la fe, cuyas buenas nuevas le fueron traídas por Epafras, quien, escribió el apóstol, "nos ha declarado vuestro amor en el Espíritu.  Por lo cual -continúa,- también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad, en toda sabiduría y espiritual inteligencia; para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, fructificando en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios: corroborados de toda fortaleza, conforme a la potencia de su gloria, para toda tolerancia y largura de ánimo con gozo."

De este modo Pablo expresó en palabras sus deseos para con los creyentes de Colosas.  ¡Cuán elevado es el ideal que mantienen 376 estas palabras ante el seguidor de Cristo!  Muestran las maravillosas posibilidades de la vida cristiana y hacen bien claro que no hay límites para las bendiciones que los hijos de Dios pueden recibir.  Creciendo constantemente en el conocimiento de Dios, podían ir de fortaleza en fortaleza, de altura en altura en la experiencia cristiana, hasta que por "la potencia de su gloria," llegasen a ser "aptos para participar de la suerte de los santos en luz."

El apóstol exaltó a Cristo delante de sus hermanos como aquel por quien Dios había creado todas las cosas, y por quien había labrado su redención.  Declaró que la mano que sostiene los mundos en el espacio y mantiene en su ordenada distribución e infatigable actividad todas las cosas en el universo, es la que fue clavada por ellos en la cruz.  "Por él fueron criadas todas las cosas -escribió Pablo- que están en los cielos, y que están en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue criado por él y para él.  Y él es antes de todas las cosas, y por él todas las cosas subsisten."  "A vosotros también que erais en otro tiempo extraños y enemigos de ánimo en malas obras, ahora empero os ha reconciliado en el cuerpo de su carne por medio de muerte, para haceros santos y sin mancha, e irreprensibles delante de él."

El Hijo de Dios se humilló para levantar al caído.  Por ello dejó los mundos celestiales que no han conocido el pecado, los noventa y nueve que le amaban, y vino a esta tierra para ser "herido por nuestras rebeliones," y "molido por nuestros pecados." (Isa. 53: 5.)  Fue hecho, en todas las cosas, semejante a sus hermanos.  Se revistió de carne humana igualándose a nosotros.

El sabía lo que significaba tener hambre, sed y cansancio.  Fue sustentado por el alimento y refrigerado por el sueño.  Fue un extranjero y advenedizo sobre la tierra, -en el mundo, pero no del mundo.  Tentado y probado como lo son los hombres de la actualidad, vivió, sin embargo, una vida libre del pecado. 377

Lleno de ternura, compasión, simpatía, siempre considerado con los demás, representó el carácter de Dios.  "Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros, ... lleno de gracia y de verdad." (Juan 1: 14.)

Rodeados por prácticas e influencias paganas, los creyentes de Colosas estaban en peligro de ser inducidos a dejar la sencillez del Evangelio, y Pablo, amonestándoles contra eso, les señaló a Cristo como el único guía seguro.  "Porque quiero que sepáis -escribió- cuán gran solicitud tengo por vosotros, y por los que están en Laodicea, y por todos los que nunca vieron mi rostro en carne; para que sean confortados sus corazones, unidos en amor, y en todas riquezas de cumplido entendimiento para conocer el misterio de Dios, y del Padre, y de Cristo, en el cual están escondidos todos los tesoros de sabiduría y conocimiento.

"Y esto digo, para que nadie os engañe con palabras persuasivas. . . . Por tanto de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él: arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe, así como habéis aprendido, creciendo en ella con hacimiento de gracias.  Mirad que ninguno os engañe por filosofías y vanas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los elementos del mundo, y no según Cristo: porque en él habita toda la plenitud de la divinidad corporalmente: y en él estáis cumplidos, el cual es la cabeza de todo principado y potestad."

Cristo había anticipado que se levantarían engañadores, por cuya influencia la maldad se multiplicaría y la caridad de muchos se enfriaría. (Mat. 24: 12.)  Advirtió a sus discípulos que la iglesia estaría en mayor peligro por este mal que por las persecuciones de sus enemigos.  Una y otra vez Pablo previno a los creyentes contra esos falsos maestros.  De este peligro, más que de cualquier otro, deberían prevenirse; pues, al recibir falsos maestros, abrirían la puerta a errores por los cuales el enemigo podría empañar las percepciones espirituales y hacer tambalear la confianza de los nuevos conversos al Evangelio.378

Cristo era la norma por la cual debían probar las doctrinas presentadas.  Todo lo que no estaba en armonía con sus enseñanzas debían rechazarlo.  Cristo crucificado por el pecado, Cristo resucitado de entre los muertos, Cristo ascendido a lo alto, ésta era la ciencia de la salvación que ellos debían aprender y enseñar.

Las amonestaciones de la Palabra de Dios respecto a los peligros que rodean a la iglesia cristiana, son para nosotros hoy.  Como en los días de los apóstoles, los hombres intentan, por medio de tradiciones y filosofías, destruir la fe en las Escrituras.  Así hoy, por los complacientes conceptos de la "alta crítica," evolución, espiritismo, teosofía y panteísmo, el enemigo de la justicia está procurando llevar a las almas por caminos prohibidos.  Para muchos, la Biblia es una lámpara sin aceite, porque han dirigido sus mentes hacia canales de creencias especulativas que traen falsos conceptos y confusión.  La obra de la "alta crítica" al criticar, conjeturar y reconstruir, está destruyendo la fe en la Biblia como revelación divina.  Está privando a la Palabra de Dios del poder de guiar, levantar e inspirar las vidas humanas.  Por el espiritismo, multitudes son inducidas a pensar que el deseo es la mayor ley, que la licencia es libertad y que el hombre es responsable únicamente de sí mismo y ante sí mismo.

El seguidor de Cristo se encontrará con las "palabras persuasivas" contra las cuales el apóstol advirtió a los creyentes de Colosas.  Se encontrará con interpretaciones espiritualistas de las Escrituras, pero no debe aceptarlas.  Ha de oírsele afirmar claramente las verdades eternas de las Escrituras.  Guardando sus ojos fijos en Cristo, caminará constantemente hacia adelante en la senda señalada, descartando todas las ideas que no están en armonía con su enseñanza.  La verdad de Dios es el objeto de su contemplación y meditación.  Considerará la Biblia como la voz de Dios que le habla directamente.  Así encontrará la sabiduría divina.

El conocimiento de Dios, como está revelado en Cristo, es 379 el conocimiento que deben tener todos los que están salvos.  Este es el conocimiento que obra la transformación del carácter.  Recibido en la vida, volverá a crear en el alma la imagen de Cristo.  Tal es el conocimiento que Dios invita a sus hijos a obtener, pues en comparación con él todo lo demás es vanidad y nada.

En toda generación y en cada país el fundamento de la verdad para la construcción del carácter ha sido el mismo: los principios contenidos en la Palabra de Dios.  La única norma segura e infalible es hacer lo que Dios dice.  "Los mandamientos de Jehová son rectos," y "el que hace estas cosas, no resbalará para siempre." (Sal. 19: 8; 15: 5.) Fue con la Palabra de Dios cómo los apóstoles hicieron frente a las falsas teorías de sus días, diciendo: "Nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto." (1 Cor. 3: 11.)

Al tiempo de su conversión y bautismo, los creyentes de Colosas prometieron dejar a un lado creencias y prácticas que hasta entonces habían sido una parte de sus vidas, y ser constantes en su lealtad a Cristo.  En su carta, Pablo les recordó esto, rogándoles que no olvidasen que, a fin de cumplir su voto, deberían hacer un esfuerzo constante contra los males que buscaban tener dominio sobre ellos.  "Si habéis pues resucitado con Cristo -dijo,- buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios.  Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.  Porque muertos sois, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios."

"De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas." (2 Cor. 5: 17.) Por medio del poder de Cristo, los hombres y mujeres han roto las cadenas de los hábitos pecaminosos.  Han renunciado al egoísmo.  El profano se transformó en reverente, el borracho en sobrio, el libertino en puro.  Almas que habían manifestado la semejanza de Satanás, han llegado a transformarse a la imagen de Dios.  Este cambio, en sí mismo, es el milagro de los milagros.  El cambio realizado por la Palabra 380 es uno de los más profundos misterios de ella.  No lo podemos entender; solamente podemos creerlo, como lo señalan las Escrituras: "Cristo en vosotros, la esperanza de gloria."

Cuando el Espíritu de Dios domina la mente y el corazón, el alma convertida prorrumpe en una nueva canción; porque ha reconocido que la promesa de Dios ha sido cumplida en su experiencia, que su transgresión ha sido perdonada, su pecado cubierto.  Ha sentido arrepentimiento hacia Dios por la violación de su divina ley, y fe hacia Cristo, quien murió por la justificación del hombre. Justificado "pues por la fe" tiene "paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo." (Rom. 5: 1.)

Pero habiendo alcanzado esa experiencia, el cristiano no debe por lo tanto cruzarse de brazos conforme con lo que ha logrado.  Aquel que está determinado a entrar en el reino espiritual encontrará que todos los poderes y las pasiones de la naturaleza no regenerada, respaldadas por las fuerzas del reino de las tinieblas, están preparadas para atacarle.  Cada día debe renovar su consagración, cada día debe batallar contra el pecado.  Los hábitos antiguos, las tendencias hereditarias hacia el mal, se disputarán el dominio, y contra ellos debe siempre velar, apoyándose en el poder de Cristo para obtener la victoria.

Escribió Pablo a los colosenses:  "Amortiguad, pues, vuestros miembros que están sobre la tierra: . . . en las cuales [cosas] vosotros también anduvisteis en otro tiempo viviendo en ellas.  Mas ahora, dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, maledicencia, torpes palabras de vuestra boca. . . . Vestíos pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañas de misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de tolerancia; sufriéndoos los unos a los otros, y perdonándoos los unos a los otros si alguno tuviere queja del otro: de la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.  Y sobre todas estas cosas vestíos de caridad, la cual es el vínculo de la perfección.  Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la cual asimismo sois llamados en un cuerpo; y sed agradecidos." 381

La carta a los colosenses está llena de lecciones de gran valor para todos los que están ocupados en el servicio de Cristo, lecciones que muestran la sinceridad de propósito y la altura del blanco que será visto en la vida de aquel que representa correctamente a su Salvador.  Renunciando a todo lo que pueda impedirle realizar progresos en el camino ascendente, o quiera hacer volver los pies de otros del camino angosto, el creyente revelará en su vida diaria misericordia, bondad, humildad, mansedumbre, tolerancia y el amor de Cristo.

El poder de una vida más elevada, pura y noble es nuestra gran necesidad.  El mundo abarca demasiado de nuestros pensamientos, y el reino de los cielos demasiado poco.

En sus esfuerzos por alcanzar el ideal de Dios, el cristiano no debería desesperarse de ningún empeño.  A todos es prometida la perfección moral y espiritual por la gracia y el poder de Cristo.  El es el origen del poder, la fuente de la vida.  Nos lleva a su Palabra, y del árbol de la vida nos presenta hojas para la sanidad de las almas enfermas de pecado.  Nos guía hacia el trono de Dios, y pone en nuestra boca una oración por la cual somos traídos en estrecha relación con él.  En nuestro favor pone en operación los todopoderosos agentes del cielo.  A cada paso sentimos su poder viviente.

Dios no fija límites al avance de aquellos que desean ser "llenos del conocimiento de su voluntad, en toda sabiduría y espiritual inteligencia."  Por la oración, la vigilancia y el desarrollo en el conocimiento y comprensión, son "corroborados de toda fortaleza, conforme a la potencia de su gloria."  Así son preparados para trabajar en favor de los demás.  Es el propósito del Salvador que los seres humanos, purificados y santificados, sean sus ayudadores.  Demos gracias por este gran privilegio a Aquel "que nos hizo aptos para participar de la suerte de los santos en luz: que nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo."

La carta de Pablo a los filipenses, como la escrita a los colosenses, fue redactada mientras estaba preso en Roma.  La 382 iglesia de Filipos había enviado regalos a Pablo por mano de Epafrodito, a quien el apóstol llama "mi hermano, y colaborador y compañero de milicia, y vuestro mensajero, y ministrador de mis necesidades." Mientras estaba en Roma, Epafrodito "estuvo enfermo a la muerte; mas Dios tuvo misericordia de él -escribió Pablo,- y no solamente de él, sino aun de mí, para que yo no tuviese tristeza sobre tristeza." Al oír de la enfermedad de Epafrodito, los creyentes de Filipos se llenaron de ansiedad respecto de él, por lo que decidió volver a ellos.  "Porque tenía gran deseo de ver a todos vosotros, -escribió el apóstol,- y gravemente se angustió porque habíais oído que había enfermado.... Así que le envío más presto, para que viéndole os volváis a gozar, y yo esté con menos tristeza.  Recibidle pues en el Señor con todo gozo; y tened en estima a los tales: porque por la obra de Cristo estuvo cercano a la muerte, poniendo su vida para suplir vuestra falta en mi servicio."

Por su mano, Pablo envió una carta a los creyentes filipenses, en la cual les agradecía las dádivas que le enviaron.  De todas las iglesias, la de Filipos había sido la más liberal para suplir sus necesidades, "Y sabéis también vosotros, oh Filipenses -decía el apóstol en su carta,- que al principio del evangelio, cuando partí de Macedonia, ninguna iglesia me comunicó en razón de dar y recibir, sino vosotros solos.  Porque aun a Tesalónica me enviasteis lo necesario una y dos veces.  No porque busque dádivas; mas busco fruto que abunde en vuestra cuenta.  Empero todo lo he recibido y tengo abundancia: estoy lleno, habiendo recibido de Epafrodito lo que enviasteis, olor de suavidad, sacrificio acepto, agradable a Dios."

"Gracia sea a vosotros y paz de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.  Doy gracias a Dios en toda memoria de vosotros, siempre en todas mis oraciones haciendo oración por todos vosotros con gozo, por vuestra comunión en el evangelio, desde el primer día hasta ahora: estando confiado de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo; como me es justo sentir esto de todos 383 vosotros por cuanto os tengo en el corazón; y en mis prisiones, y en la defensa y confirmación del evangelio, sois todos vosotros compañeros de mi gracia.  Porque Dios me es testigo de cómo os amo a todos vosotros.... Y esto ruego, que vuestro amor abunde aun más y más en ciencia y en todo conocimiento, para que discernáis lo mejor: que seáis sinceros y sin ofensa para el día de Cristo; llenos de frutos de justicia, que son por Jesucristo, a gloria y loor de Dios."

La gracia de Dios sostenía a Pablo en su encarcelamiento, habilitándolo para regocijarse en la tribulación.  Con fe y convicción escribió a sus hermanos filipenses que su prisión había resultado en el adelantamiento del Evangelio.  "Y quiero, hermanos -declaró,- que sepáis que las cosas que me han sucedido, han redundado más en provecho del evangelio; de manera que mis prisiones han sido célebres en Cristo a todo el pretorio, y a todos los demás; y muchos de los hermanos en el Señor, tomando ánimo con mis prisiones, se atreven mucho más a hablar la palabra sin temor."

En esa experiencia de Pablo hay una lección para nosotros; nos revela la manera en que Dios obra.  El Señor puede sacar victoria de lo que nos parece desconcierto y derrota.  Estamos en peligro de olvidar a Dios, de mirar las cosas que se ven, en vez de contemplar con los ojos de la fe las cosas que no se ven.  Cuando viene la desgracia o el infortunio, estamos listos para culpar a Dios de negligencia o crueldad.  Si ve conveniente interrumpir nuestro servicio en alguna actividad, nos lamentamos, sin detenernos a reflexionar que así Dios puede estar obrando para nuestro bien.  Necesitamos aprender que la corrección es parte de su gran plan y que bajo la vara de la aflicción, el cristiano puede hacer, a veces, más por su Maestro que cuando está ocupado en el servicio activo.

Como ejemplo para la vida cristiana, Pablo señaló a los filipenses a Cristo, "el cual siendo en forma de Dios, no tuvo por usurpación ser igual a Dios: sin embargo se anonadó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres: 384 y hallado en la condición como hombre, se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz."

 

"Por tanto, amados míos -continúa,- como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor; porque Dios es el que en vosotros obra así el querer como el hacer, por su buena voluntad.  Haced todo sin murmuraciones y contiendas, para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin culpa en medio de la nación maligna y perversa, entre los cuales resplandecéis como luminares en el mundo; reteniendo la palabra de vida para que yo pueda gloriarme en el día de Cristo, que no he corrido en vano, ni trabajado en vano."

Estas palabras fueron registradas para ayudar a cada alma que lucha.  Pablo presentó el nivel de perfección y mostró cómo puede ser alcanzado.  Dijo: "Ocupaos en vuestra salvación ... porque Dios es el que en vosotros obra."

La obra de ganar la salvación es una operación mancomunada.  Debe haber cooperación entre Dios y el pecador arrepentido.  Es necesaria para la formación de principios rectos de carácter.  El hombre debe hacer fervientes esfuerzos para vencer lo que le impide obtener la perfección.  Pero depende enteramente de Dios para alcanzar el éxito.  Los esfuerzos humanos, por sí solos, son insuficientes.  Sin la ayuda del poder divino, no se conseguirá nada.  Dios obra y el hombre obra.  La resistencia a la tentación debe venir del hombre, quien debe obtener su poder de Dios.  Por un lado hay sabiduría, compasión y poder infinitos, y por el otro, debilidad, perversidad, impotencia absoluta.

Dios desea que tengamos dominio sobre nosotros mismos, pero no puede ayudarnos sin nuestro consentimiento y cooperación.  El Espíritu divino obra por medio de los poderes y facultades otorgados al hombre.  Por naturaleza, no estamos capacitados para armonizar nuestros propósitos, deseos e inclinaciones con la voluntad de Dios; pero si tenemos el deseo  385 de que Dios cree en nosotros la voluntad, el Salvador lo efectuará por nosotros, "derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo" (2 Cor. 10: 5).

El que desea adquirir un carácter fuerte y armónico, el que desea ser un cristiano equilibrado, debe darlo todo a Cristo y hacerlo todo por él; porque el Redentor no aceptará un servicio a medias.  Debe aprender cada  día el significado de la sumisión propia.  Debe estudiar la Palabra de Dios, para aprender su significado y obedecer sus preceptos.  De ese modo puede alcanzar la norma de la excelencia cristiana.  Día a día Dios trabaja con él, para perfeccionar el carácter que será capaz de resistir en el momento de la prueba final.  Y día tras día el creyente hace ante hombres y ángeles un experimento sublime, que demuestra lo que el Evangelio puede hacer en favor de los seres humanos caídos.

'Yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado -escribió Pablo-, pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús".

Pablo hacía muchas cosas.  Desde el momento en que decidió ser fiel a Cristo, su vida estuvo llena de un servicio incansable.  De ciudad en ciudad, de país en país, viajaba refiriendo la historia de la cruz, para ganar conversos al Evangelio y fundar iglesias.  Siempre estaba preocupado por esas iglesias, y les escribió muchas cartas de instrucción.  A veces trabajaba en su oficio para ganarse el pan cotidiano.  Pero en medio de todas las absorbentes actividades de su vida, Pablo nunca perdió de vista su gran propósito: Avanzar hacia el premio de su soberana vocación.  Mantenía resueltamente su blanco ante sí: Ser fiel al  que se le había revelado junto a la puerta de Damasco.  Nada tenía poder para apartarlo de ese blanco.  Exaltar la cruz del Calvario era el motivo dominante que inspiraba sus palabras y actos. 386

El gran propósito que impulsaba a Pablo a avanzar frente a las penurias y dificultades, debe inducir a cada obrero cristiano a consagrarse enteramente al servicio de Dios.  Se le presentarán atracciones mundanales para desviar su atención del Salvador, pero debe avanzar hacia la meta, demostrando ante el mundo, los ángeles y los hombres que la esperanza de ver el rostro de Dios es  digna de todo el esfuerzo y el sacrificio que demando su logro.

Aunque estaba preso, Pablo no se desanimó.  Por el contrario, una nota de triunfo resuena en las cartas que escribió desde Roma a las iglesias.  "Regocijaos en el Señor siempre -escribió a los filipenses-.  Otra vez digo: ¡Regocijaos!... Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.  Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.  Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad".

"Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús... La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros".387

 

EVANGELISMO

 

PARA ALCANZAR A LOS CATÓLICOS

 

Cuidemos la forma de acercarnos a ellos.-

 

Al entrar en un lugar, no debemos erigir barreras innecesarias entre nosotros y las otras denominaciones, especialmente los católicos, de manera que piensen que somos sus enemigos declarados.  No debemos crear prejuicio en sus mentes en forma innecesaria, llevando a cabo una campaña contra ellos. . . Por lo que el Señor me ha mostrado, sé que se salvará un gran número de entre los católicos (Manuscrito 14, 1887).

 

Una obra cautelosa.-

 

Sed cautos en vuestro trabajo, hermanos, para no atacar los prejuicios de la gente en forma muy violenta.  No debe haber desviaciones del camino para atacar a otras denominaciones; porque eso crea tan sólo un espíritu combativo y cierra los oídos y los corazones para la entrada de la verdad.  Tenemos nuestra obra que hacer, la cual no ha de derribar, sino edificar.  Hemos de reparar la brecha que ha sido hecha en la ley de Dios.  La obra más noble es la de edificar, la de presentar la verdad con su fuerza y con su poder, y permitir que ella corte y se abra camino a través del prejuicio, y revele el error en contraste con la verdad.

Existe el peligro de que nuestros pastores hablen demasiado contra los católicos, y provoquen contra sí mismos los más fuertes prejuicios de esa iglesia.  Hay muchas almas en la iglesia católica romana que están mirando con interés a este pueblo; pero el poder del sacerdote sobre las personas que están a su cuidado es grande, y si él puede inculcar el prejuicio en la gente con el argumento de que deben permanecer alejados, de manera que cuando se presente la verdad contra las iglesias caídas, ellos no la oigan, lo hará seguramente.  Pero, como colaboradores con Dios, se nos han proporcionado armas espirituales poderosas para la destrucción de las fortalezas del enemigo (Carta 39, 1887).

 

Evitad los ataques descorteses.-

 

No hagan los que escriben para nuestros periódicos ataques o alusiones descorteses, que ciertamente harán mal y obstaculizarán el camino e impedirán que hagamos la obra que debe ser hecha a fin de alcanzar a todas las clases, inclusive a los católicos.  Nuestra obra consiste en decir la verdad con amor, y no mezclar en la verdad los elementos no santificados del corazón natural, expresar cosas que participen del mismo espíritu que poseen nuestros enemigos.  Todos los ataques incisivos volverán contra nosotros con doble fuerza cuando el poder esté en las manos de los que puedan ejercerlo para nuestro perjuicio.  Me fue presentado repetidamente el mensaje de que no hemos de decir ni una sola palabra, no hemos de publicar una sola frase, especialmente referente a personalidades, que incite a nuestros enemigos contra 419 nosotros y despierte sus pasiones hasta el grado máximo, a menos que sea positivamente esencial para vindicar la verdad. . .

Es cierto que se nos ordena: "Clama a voz en cuello, no te detengas; alza tu voz como trompeta y anuncia a mi pueblo su rebelión, y a la casa de Jacob su pecado" (Isa. 58: 1).  Este mensaje debe ser dado, pero aunque debemos darlo, hemos de ser cuidadosos de no embestir, abrumar y condenar a aquellos que no tienen la luz que nosotros tenemos.  No debemos salirnos de nuestro camino para hacer ataques duros a los católicos.  Entre los católicos hay muchos que son cristianos muy concienzudos, y que andan en toda la luz que brilla sobre ellos, y Dios obrará en su favor.  Los que han tenido grandes privilegios y oportunidades, y que han dejado de aprovechar sus oportunidades físicas, mentales y morales, pero que han vivido para agradarse a sí mismos y han rehusado llevar su responsabilidad, se encuentran en mayor peligro y en mayor condenación ante Dios que aquellos que están en error respecto de puntos doctrinales, y sin embargo, tratan de vivir para beneficiar a los demás.  No censuréis a los demás; no los condenéis (Testimonies, tomo 9, págs. 241-244 . Año 1909).

 

Cerrarles la puerta en la cara.-

 

Predicad la verdad, pero retened las palabras que muestran un espíritu áspero; pues tales palabras no pueden ayudar o iluminar a nadie.  El Eco es un periódico que debiera tener amplia circulación.  No hagáis nada que perjudique su venta.  No hay razón por la cual no sea una luz que brille en lugar oscuro.  Pero por causa de Cristo, prestad oído a las admoniciones que se han dado con respecto a hacer observaciones perjudiciales acerca de los católicos.  Muchos católicos leen El Eco, y entre ellos hay almas honradas que aceptarán la verdad.  Pero podemos cerrarles la puerta en la cara cuando están por entrar. Poned en El Eco más testimonios gozosos de gratitud. No obstaculicéis su camino ni impidáis que vaya a todas partes del mundo, convirtiéndolo en un medio para difundir expresiones duras. Satanás se regocija cuando se encuentre en sus páginas una palabra de amargura (Counsels to Editors, pág. 45. Año 1896).

 

Exponed los engaños presentando la verdad.-

 

Han de efectuarse proclamaciones decididas. Pero con respecto a esta rama de trabajo, he sido instruida para decir a nuestros hermanos: Tened cuidado.  Al presentar el mensaje no hagáis ataques personales a otras iglesias, ni aun a la iglesia Católica Romana. Los ángeles de Dios ven en las diferentes denominaciones a muchas personas que pueden ser alcanzadas únicamente merced al mayor cuidado.  Por lo tanto, seamos cuidadosos de nuestras palabras.  No sigan nuestros pastores sus propios impulsos 420 denunciando y exponiendo el "ministerio de iniquidad".  Muchos están engañados.  Hablad la verdad en tonos y palabras de amor.  Sea Cristo Jesús exaltado. Manteneos en la afirmativa de la verdad.  Nunca dejéis el camino recto que Dios ha señalado, con el propósito de dar a alguien una estocada.  Esa estocada puede hacer mucho daño y ningún bien.  Puede extinguir la convicción en muchas mentes.  Permitid que la Palabra de Dios, que es la verdad, relate la historia de la inconsecuencia de los que están en el error.

No puede esperarse que la gente vea al instante las ventajas de la verdad sobre el error que han albergado.  La mejor manera de exponer la falacia del error es presentar las evidencias de la verdad.  Este es el mayor reproche que puede hacerse contra el error.  Desvaneced la nube de las tinieblas que descansa sobre las mentes, reflejando la brillante luz del Sol de justicia (Manuscrito 6, 1902).

 

Bien podremos tener menos que decir.-

 

Se necesita un estudio mucho más profundo de la Palabra de Dios; especialmente los libros de Daniel y el Apocalipsis debieran recibir atención como nunca antes en nuestra obra.  Bien podremos tener menos que decir sobre algunos temas referentes al papado, pero debemos llamar la atención a lo que los profetas y los apóstoles escribieron bajo la inspiración del Espíritu de Dios.  El Espíritu Santo ha dispuesto de tal manera los asuntos, tanto al dar la profecía como al describir los acontecimientos, como para enseñar que el agente humano ha de mantenerse fuera de la vista, oculto en Cristo, y el Señor Dios del cielo y su ley han de ser exaltados (Counsels to Editors, págs. 45, 46.  Año 1896).

 

La verdad ilustrada con cuadros apela a los católicos.-

 

El pastor S está despertando un buen interés en sus reuniones.  Personas de todas clases vienen a escuchar, y a ver las imágenes de tamaño natural que él tiene de las bestias del Apocalipsis.  Muchos católicos vienen a escucharlo.  Muchas de sus predicaciones las hace con palabras de la Biblia.  Usa tan pocas de sus palabras como sea posible.  De manera que si sus oyentes hacen guerra contra lo que él dice, hacen la guerra contra la Palabra de Dios (Carta 352, 1906).

Nadie necesita sentir que los católicos están más allá de su alcance (Manuscrito 14, 1887).

 

MENSAJES SELECTOS TOMO I

 

19. Qué Predicar y qué no Predicar

 

Aparezca Cristo

 

EL OBJETO de todo ministerio es mantener oculto el yo y hacer que aparezca Cristo. La exaltación de Cristo es la gran verdad que han de revelar todos los que trabajan en palabra y doctrina (Manuscrito 109, 1897).

Los que trabajan en la causa de la verdad debieran presentar la justicia de Cristo, no como una luz nueva, sino como una luz preciosa que por un tiempo ha sido perdida de vista por la gente. Hemos de aceptar a Cristo como a nuestro Salvador personal, y él nos imputa la justicia de Dios en Cristo. Repitamos y destaquemos la verdad que ha descrito Juan: "En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados" (1 Juan 4: 10) .

En el amor de Dios se ha manifestado la más maravillosa veta de verdad preciosa, y se exponen delante de la iglesia y del mundo los tesoros de la gracia de Cristo. .. Qué amor es éste, qué maravilloso, insondable amor que indujo a Cristo a morir por nosotros cuando todavía éramos pecadores. Cuánto pierde el alma que entiende las vigorosas demandas de la ley y que, sin embargo, no llega a comprender la sobreabundante gracia de Cristo. 183

Es cierto que la ley de Dios revela el amor de Dios cuando es predicado como la verdad en Jesús, pues el don de Cristo para este mundo culpable debe tratarse extensamente en cada discurso. No es de admirar que los corazones no hayan sido conmovidos por la verdad, cuando ésta se ha presentado de una manera fría y sin vida. No es de admirar que haya vacilado la fe en las promesas de Dios cuando los ministros y obreros han dejado de presentar a Jesús en relación con la ley de Dios. Con cuánta frecuencia debieran haber asegurado a los presentes que "el que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?" (Rom. 8:32).

Satanás está determinado a que los hombres no vean el amor de Dios que lo indujo a dar a su Unigénito para salvar a la raza perdida, pues es la bondad de Dios la que guía a los hombres al arrepentimiento. ¿Cómo tendremos éxito en presentar delante del mundo el profundo y precioso amor de Dios? En ninguna otra forma podremos abarcarlo, a menos que exclamemos: "Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios" (1 Juan 3: 1). Digamos a los pecadores: "He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo" (Juan 1: 29). Presentando a Jesús como el representante del Padre, podremos despejar la sombra que Satanás ha proyectado sobre nuestro sendero a fin de que no veamos la misericordia y el inexpresable amor de Dios como se manifiestan en Jesucristo. Mirad a la luz del Calvario. Es una promesa permanente del ilimitado amor, de la infinita misericordia del Padre celestial (Manuscrito 154, 1897).

 

El Espíritu Santo

 

Cristo, el gran Maestro, tuvo una infinita variedad de temas para elegir, pero del que más se ocupó fue de la dádiva del Espíritu Santo. Cuán grandes cosas predijo para 184 la iglesia debido a ese don. Sin embargo ¿cuál es el tema que menos se trata ahora? ¿Qué promesa es la que menos se cumple ? Ocasionalmente se da un discurso sobre el Espíritu Santo, y luego se deja el tema para una consideración posterior (Manuscrito 20, 1891).

 

Enseñad los pasos de la conversión

 

Los ministros necesitan usar una forma más clara y sencilla para presentar la verdad como es en Jesús. Su propia mente necesita comprender más plenamente el gran plan de la salvación. Entonces podrán apartar las mentes de sus oyentes de las cosas terrenales a las espirituales y eternas. Hay muchos que desean saber qué deben hacer para ser salvos. Necesitan una sencilla y clara explicación de los pasos requeridos en la conversión, y no debiera presentarse un sermón a menos que se trate una parte de lo que especialmente aclara el camino para que los pecadores puedan ir a Cristo y ser salvos. Como lo hizo Juan, debieran señalar a Cristo y con sencillez conmovedora, con sus corazones encendidos con el amor de Cristo, debieran decir: "He aquí el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo". Debieran extenderse vigorosas y fervientes exhortaciones para que se arrepientan y conviertan los pecadores.

os que descuidan esta parte de la obra, necesitan convertirse ellos mismos antes de aventurarse a dar un discurso. Aquellos cuyo corazón está lleno del amor de Jesús, con las preciosas verdades de su Palabra, podrán sacar de la tesorería de Dios cosas nuevas y viejas. No encontrarán tiempo para relatar anécdotas; no se esforzarán por llegar a ser oradores que se remonten tan alto que no puedan llevar a la gente consigo, sino que en lenguaje sencillo, con fervor conmovedor, presentarán la verdad tal como es en Jesús (The Review and Herald, 22 de febrero de 1887).185

 

 

 

Reavivamiento de las antiguas verdades adventistas

 

Hay una obra de sagrada importancia que deben hacer los ministros y los hermanos. Han de estudiar la historia de la causa y del pueblo de Dios. No han de olvidar la forma en que en lo pasado Dios trató a su pueblo. Han de revivir y relatar las verdades que han llegado a parecer de poco valor para los que no conocen por experiencia personal el poder y el brillo que las acompañaron cuando por primera vez fueron vistas y entendidas. Han de darse al mundo esas verdades en toda su frescura y poder originales (Manuscrito 22, 1890).

 

El ministerio de los ángeles

 

Los ángeles buenos y malos luchan por cada hombre. El hombre mismo es el que determina quién ganará. Exhorto a los ministros de Cristo a que con la verdad de la ministración de los ángeles impresionen el entendimiento de todos los que lleguen a estar al alcance de su voz. No se ocupen de especulaciones fantásticas. Nuestra única seguridad es la Palabra escrita. Debemos orar como lo hizo Daniel para que seamos protegidos por las inteligencias celestiales (Carta 201, 1899).

 

Sermones argumentativos

 

Los muchos sermones argumentativos rara vez enternecen y subyugan el alma... Cada mensajero de la verdad debiera tener la preocupación de hacer resaltar la plenitud de Cristo. Cuando no se presenta el don gratuito de la justicia de Cristo, los discursos son secos y faltos de espíritu; no se alimentan las ovejas y corderos. Dijo Pablo: "Ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder" (1 Cor. 2: 4). Hay médula y grosura en el Evangelio. Jesús es el centro viviente de todo. Ponga a 186 Cristo en cada sermón. Sean tratadas la preciosa misericordia y la gloria de Jesucristo, porque el Cristo interior es la esperanza de gloria (Carta 15, 1892)

 

Preséntese la verdad con humildad

 

Sed mensajeros fieles. No estéis ansiosos por oír y aceptar nuevas teorías, pues con frecuencia ellas son de tal naturaleza que no deberían ser nunca presentadas delante de ninguna congregación. No habléis palabras jactanciosas que exalten al yo. Brote la Palabra de Dios de labios que están santificados por la verdad. Cada ministro debe predicar la verdad como es en Jesús. Debiera estar seguro de lo que afirma y debiera manejar la Palabra de Dios bajo la dirección del Espíritu de Dios. Mis hermanos, caminad y trabajad cuidadosamente delante de Dios para que ninguna alma sea inducida al engaño por vuestro ejemplo. Mejor os hubiera sido no haber nacido nunca que descarriar a una sola alma.

Los que profesan ser siervos de Dios necesitan obrar diligentemente para obtener de aquella vida donde no pueden entrar el pecado, la enfermedad y el dolor. Deben instar a tiempo y fuera de tiempo. Dios necesita reformadores que pronuncien mensajes vigorosos y elevadores desde nuestros púlpitos. Cuando los hombres presentan sus propias palabras en su propia fuerza, en vez de predicar la Palabra de Dios con el poder del Espíritu, quedan dolidos y ofendidos cuando sus palabras no son recibidas con entusiasmo. Es entonces cuando son tentados a pronunciar palabras que despertarán un espíritu de amargura y oposición en sus oyentes. Mis hermanos, sed prudentes. Tales palabras no han de salir de los labios de los embajadores de Cristo. Los labios santificados hablarán palabras que reformen pero que no exasperen. La verdad se ha de presentar en la mansedumbre y el amor de Cristo (Carta 348, 1907). 187

 

Un artificio del enemigo

 

Hemos de orar en procura de instrucción divina, pero al mismo tiempo debiéramos ser cuidadosos en cuanto a la forma de recibir todo lo que es llamado nueva luz. Debemos estar alerta, no sea que bajo la apariencia de escudriñar en procura de nueva luz, Satanás aparte nuestra mente de Cristo y de las verdades especiales para este tiempo. Se me ha mostrado que el artificio del enemigo es orientar las mentes para que se ocupen de algún punto oscuro o sin importancia, algo que no está plenamente revelado o que no es esencial para nuestra salvación. Esto se convierte en el tema absorbente, la "verdad presente", cuando todas sus investigaciones y suposiciones tan sólo sirven para oscurecer las cosas más que antes y para confundir la mente de algunos que debieran estar procurando la unidad por medio de la santificación de la verdad (Carta 7, 1891).

 

Suposiciones y conjeturas humanas

 

Nadie presente bellas sofisterías científicas para adormecer al pueblo de Dios. No revistáis la solemne y sagrada verdad para este tiempo con una vestimenta fantástica de sabiduría humana. Los que han estado haciendo esto, deténganse y clamen a Dios para salvar sus almas de las fábulas engañosas.

La energía viviente del Espíritu Santo es la que conmoverá los corazones, no las teorías agradables y engañosas. Las afirmaciones fantásticas no son el pan de vida. No pueden salvar al alma del pecado. Cristo fue enviado del cielo para redimir a la humanidad. Enseñó las doctrinas que Dios le dio para enseñar. Las verdades que proclamó, como se encuentran en el Antiguo y en el Nuevo Testamento, debemos proclamarlas hoy como el mensaje del Dios viviente.

Los que desean el pan de vida, vayan a las Escrituras, 188 no a las enseñanzas de hombres finitos y falibles. Dad a la gente el pan de vida que Cristo vino a traernos del cielo. No mezcléis con vuestras enseñanzas suposiciones humanas y conjeturas. Ojalá todos supieran cuánto necesitan comer la carne y beber la sangre del Hijo de Dios: hacer de sus palabras una parte de sus vidas ( Manuscrito 44, 904).

 

Nuestra fe establecida sobre la verdad

 

Anhelo diariamente poder cumplir un doble deber. Le he estado rogando al Señor que me dé vigor y sabiduría para reproducir los escritos de los testigos que fueron confirmados en la fe en los primeros tiempos del mensaje. Después de que pasó el tiempo en 1844, recibieron la luz y caminaron en la luz; y cuando se presentaron hombres que pretendían tener nueva luz, con sus maravillosos mensajes acerca de varios puntos de las Escrituras) nosotros, por la operación del Espíritu Santo, teníamos testimonios precisos y apropiados, que anularon la influencia de tales mensajes, tales como el que el pastor G estuvo ocupado en presentar.  Este pobre hombre ha estado trabajando decididamente en contra de la verdad que ha confirmado el Espíritu Santo.

Cuando el poder de Dios testifica en cuanto a lo que es verdad, esa verdad ha de mantenerse para siempre. No se ha de dar cabida a ninguna suposición posterior contraria a la luz que Dios ha dado. Se levantarán hombres con interpretaciones de las Escrituras que son verdad para ellos, pero que no son verdad. La verdad para este tiempo nos ha sido dada por Dios como un fundamento para nuestra fe.

El mismo nos ha enseñado lo que es verdad. Se levantará 189

uno, y después otro, con nueva luz que contradiga la luz que Dios ha dado mediante la demostración de su Espíritu Santo. Todavía están vivos unos pocos que pasaron por la experiencia ganada en el establecimiento de esta verdad. Bondadosamente Dios ha preservado sus vidas para que repitan y repitan hasta el fin de sus días la experiencia por la cual pasaron, así como el apóstol Juan lo hizo hasta el fin de su vida. Y los portaestandartes que han caído en la muerte han de hablar a través de la reimpresión de sus escritos. Se me ha instruido que así han de ser oídas sus voces. Han de dar testimonio de lo que constituye la verdad para este tiempo. No hemos de recibir las palabras de los que vienen con un mensaje que contradice los puntos especiales de nuestra fe. Reúnen un montón de versículos y los amontonan como una prueba en torno de las teorías que afirman. Esto ha sido hecho vez tras vez durante los últimos cincuenta años. Y al paso que las Escrituras son la Palabra de Dios y han de ser respetadas, es un gran error la aplicación de ellas, si tal aplicación mueve un puntal del fundamento que Dios ha sostenido durante estos cincuenta años. El que hace tal aplicación no conoce la maravillosa demostración del Espíritu Santo que dio poder y fuerza a los mensajes pasados que han venido al pueblo de Dios.

Las pruebas del pastor G no son dignas de confianza. Si se las recibiera, destruirían la fe del pueblo de Dios en la verdad que nos ha hecho lo que somos.

Debemos ser decididos en este asunto, pues no son correctos los puntos que él trata de probar mediante las Escrituras. No prueban que la experiencia pasada del pueblo de Dios fue un engaño. Tuvimos la verdad; fuimos dirigidos por los ángeles de Dios. Bajo la dirección del Espíritu Santo fue dada la presentación del tema del santuario. Los que no participaron en los lineamientos de nuestra fe se mostrarán elocuentes en guardar silencio. Dios 190 nunca se contradice. Las pruebas bíblicas están mal aplicadas si se las fuerza para testificar de lo que no es verdadero. Se levantarán otro y otro más y presentarán lo que pretendan que es gran luz y expondrán sus declaraciones. Pero nos mantenemos fieles a los hitos antiguos. [Se cita 1 Juan 1: 1- 10.]

Se me instruyó a decir que podemos usar estas palabras como apropiadas para este tiempo, pues ha llegado el tiempo cuando debe darse al pecado el nombre que le corresponde. Estamos estorbados en nuestra obra por hombres que no están convertidos, que procuran su propia gloria. Les agrada que se piense que son originadores de nuevas teorías que presentan pretendiendo que son verdad. Pero si se reciben estas teorías, inducirán a la negación de la verdad que durante los últimos cincuenta años Dios ha dado a su pueblo, corroborándola con la demostración del Espíritu Santo (Carta 329, 1905).

 

Las verdades que han sido reveladas

 

"Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad". Aprende a tomar las verdades que han sido reveladas y a usarlas de tal forma que sean alimento para la grey de Dios.

Nos encontraremos con aquellos que dejan que su mente divague en especulaciones ociosas acerca de cosas de las que no se dice nada en la Palabra de Dios. Dios ha hablado en lenguaje clarísimo acerca de cada tema que afecta la salvación del alma. Pero desea que evitemos toda forma de soñar despiertos, y dice: Ve hoy a trabajar en mi viña. Viene la noche cuando nadie puede obrar. Abandonemos toda curiosidad ociosa; velemos, obremos y oremos. Estudiemos las verdades que han sido reveladas. Cristo desea destruir todos los ensueños vacíos y nos señala los campos maduros para la cosecha. A menos que trabajemos fervientemente, 191 la eternidad nos abrumará con su peso de responsabilidad . . .

En los días de los apóstoles, se presentaban como verdad las herejías más necias. La historia ha sido así, y se repetirá. Siempre habrá quienes, aunque aparentemente son concienzudos, se aferrarán de la sombra prefiriéndola a la sustancia. Toman el error en lugar de la verdad, porque el error está revestido de una nueva vestimenta que les parece que cubre algo maravilloso. Pero quítese la cubierta, y nada aparece dentro ( The Review and Herald, de febrero de 1901).

 

Cuestiones de importancia eterna

 

Ocúpese de las lecciones de las que se ocupó Cristo. Preséntelas a la gente como él las presentaba. Ocúpese de las cuestiones que conciernen a nuestro bienestar eterno. Cualquier cosa que el enemigo pueda idear para apartar la mente de la Palabra de Dios, cualquier cosa nueva y extraña que pueda originar para crear diversidad de opiniones, la introducirá como algo maravillosamente importante. Pero aquellas cosas que no podemos comprender claramente no tienen para nosotros ni una décima parte de la importancia de las verdades de la Palabra de Dios que podemos comprender claramente y emplear en nuestra vida diaria. Hemos de enseñar a la gente las lecciones que Cristo incluyó en sus enseñanzas de las Escrituras del Antiguo Testamento. El lenguaje de la verdad divina es sumamente claro (Carta 16, 1903).

 

Puntos innecesarios para la fe

 

Se debate acerca de muchas cuestiones que no son necesarias para la perfección de la fe. No tenemos tiempo para su estudio. Muchas cosas están por encima de la comprensión finita. Se han de recibir verdades que no están dentro del alcance de nuestra razón y que no son para que 192 las expliquemos. La revelación nos las presenta para ser recibidas sin reservas, como las palabras de un Dios infinito. Si bien es cierto que todo hábil investigador ha de deducir la verdad como es en Jesús, hay cosas que todavía no están simplificadas, declaraciones que las mentes humanas no pueden comprender y deducir sin exponerse a hacer cálculos y explicaciones de origen humano que no resultarán en sabor de vida para vida.

Pero cada verdad que nos es esencial para emplearla en nuestra vida práctica, que concierne a la salvación del alma, se presenta muy clara y positivamente (Carta 8, 1895). 193

 

 

 

“A pesar del fracaso de Israel como nación, había entre ellos un re­manente que se salvaría. En el tiempo del advenimiento del Salvador, había hombres y mujeres fieles que habían recibido con alegría el men­saje de Juan el Bautista, y habían sido inducidos a estudiar de nuevo las profecías concernientes al Mesías. Cuando se fundó la iglesia cristiana primitiva, estaba compuesta de estos fieles judíos que reconocieron a Je­sús de Nazaret como Aquel cuyo advenimiento habían anhelado” (HAp 310, 311).

“Entre los judíos hay algunos que, como Saulo de Tarso, son pode­rosos en las Escrituras, y estos proclamarán con poder la inmutabilidad de la ley del Señor. [...] Cuando sus siervos trabajen con fe por los que por mucho tiempo han sido descuidados y despreciados, su salvación se manifestará” (HAp 314).

“Cuando las escrituras del Antiguo Testamento se combinen con las del Nuevo para explicar el eterno propósito de Jehová, para muchos judíos eso será como la aurora de una nueva creación, la resurrección del alma. Cuando vean al Cristo de la dispensación evangélica delineado en las pá­ginas de las escrituras del Antiguo Testamento, y perciban cuán claramen­te explica el Nuevo Testamento al Antiguo, se despertarán sus facultades adormecidas y reconocerán a Cristo como el Salvador del mundo. Muchos recibirán por la fe a Cristo como su Redentor” (HAp 314).

 

PREGUNTAS PARA DIALOGAR

 

1. En los últimos días, cuando la ley de Dios y, especialmente, el sábado lleguen a estar en un lugar destacado, ¿no es razonable pensar que los judíos –muchos de los cuales toman con tanta seriedad los Diez Mandamientos como los adventistas– ayudarán a clarificar estos temas ante el mundo? Después de todo, en cuanto a la observancia del sábado, los adventistas son relativamente nuevos en la historia. Analiza.

2. ¿Por qué, de todas las iglesias, la Iglesia Adventista es la de mayor éxito en alcanzar a los judíos? ¿Qué puedes hacer tú o tu iglesia local para procurar alcanzar a los judíos en tu comunidad?

3. ¿Qué podemos aprender de los errores de muchos en el antiguo Israel? ¿Cómo podemos evitar hacer las mismas cosas hoy?

 

 

Compilador: Delfino J.

 

 

 

 

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Autor: Keith Burton

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  1. Las leyes en los días de Cristo (Levítico 1:1-9; Deuteronomio 17:2-6; Lucas 2:1-5;Hebreos 10:28; Santiago 2:8-12)
2. Cristo y la Ley de Moisés (Éxodo 13:2,12; Deuteronomio 22:23,24; Mateo 17:24-27; Lucas 2:21-24; 41-52; Juan 8:1-11)
3. Cristo y las tradiciones religiosas (Isaías 29:13; Mateo 5:17-20; 23:1-7; 15:1-6; Romanos 10:13)
4. Cristo y la Ley en el Sermón del Monte (Mateo 5:17-37; Lucas 16:16; Romanos 7:24)
5. Cristo y el sábado (Génesis 2:1-3; Isaías 65:17; Mateo 2:23-28; Juan 5:1-9; Hechos 13:14; Hebreos 1:1-3)
6. La muerte de Cristo y la Ley (Hechos 13:38,39; Romanos 4:15; 7:1-13; 8:5-8; Gálatas 3:10)
7. Cristo, el fin de la ley( Romanos 5:12-21; 6:15-23; 7:13-25; 9:30-10:4; Gálatas 3:19-24)
8. La Ley de Dios y la ley de Cristo
9. Cristo, la Ley y el evangelio
10. Cristo, la Ley y los pactos
11. Los apóstoles y la Ley
12. La iglesia de Cristo y la Ley
13. El reino de Cristo y la Ley
 
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