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Comentario bíblico adventista_Romanos_Capitulo_06

La Epístola del Apóstol San Pablo a los ROMANOS 

Capítulo 6

1 No podemos vivir en pecado, 2 pues estamos muertos a él, 3 como lo simboliza nuestro bautismo. 12 El pecado no debe reinar en nosotros, 18 pues somos siervos de la justicia, 23 y porque, la paga del pecado es muerte.

1 QUE, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde?

2 En ninguna manera.  Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?

3 ¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte?

4 Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.

5 Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así 532 también lo seremos en la de su resurrección;

6 sabiendo esto, que nuevo viejo hombre fue sacrificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado.

7 Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado.

8 Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él;

9 sabiendo que Cristo, habiendo  resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él.

10 Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas; mas en cuanto vive, para Dios vive.

11 Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.

12 No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias;

13 ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaros vosotros mismos a Dios como vivos entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia.

14 Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.

15 ¿Qué, pues? ¿Pecaremos, porque no estamos bajo la ley, si no bajo la gracia? En ninguna manera.

16 ¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obecederle, sois esclavo de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia?

17 Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados;

18 y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia.

19 Hablo como humano, por vuestra humana debilidad; que así como para iniquidad presentasteis vuestros miembros para servir a la inmundicia y a la iniquidad, así ahora para santificación presentad vuestros miembros para servir a la justicia.

20 Porque cuando erais esclavos del pecado, erais libres acerca de la justicia.

21 ¿Pero qué fruto teníais de aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? Por que al fin de ellas es muerte.

22 Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna.

23 Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.

 

La Epístola del Apóstol San Pablo a los ROMANOS 

Capítulo 6

1.

¿Qué, pues, diremos?

En cuanto al uso de esta expresión, ver com. cap. 4: 1. En el capítulo 5 Pablo ha hablado de la degeneración universal del hombre como resultado de la caída de Adán; pero le ha asegurado al creyente que, a pesar de sus tendencias al mal, heredadas y cultivadas, la gracia de Dios es más que suficiente para salvarlo de sus pecados, llevarlo de las transgresiones a la justificación y de la muerte a la vida eterna. Cuanto más abundó el pecado tanto más sobreabundó la gracia de Dios. ¿Significa esto -pregunta Pablo- que los hombres pueden continuar pecando para que la gracia sobreabunde hasta lo máximo?

¿Perseveraremos?

Gr. epiménÇ, que básicamente significa "permanecer", "quedar", (cf. 1 Cor. 16: 8; Fil. 1: 24); también significa "perseverar" (cf. Rom. 11: 23; Col. 1: 23). La pregunta de Pablo es: "¿Debemos persistir en el pecado?"

Ya Pablo ha aludido al hecho de que la doctrina de la justificación por la fe sin las obras de la ley estaba siendo tergiversada por algunos enemigos, como que era una incitación al mal "para que vengan bienes" (ver com. Rom. 3: . También había el peligro de que los mismos creyentes pudieran abusar de la libertad que acababan de hallar (Gál. 5: 13). Por lo tanto, como una tergiversación tan completa de la justificación por la fe implicaba un fracaso radical en la realización del propósito de Dios en su plan para la restauración del hombre, Pablo -cuidadosa y enfáticamente- explica la regla de vida que debe seguir a una experiencia genuina de justificación, a saber: la santificación.

2.

En ninguna manera.

Ver com. cap. 3: 4.

Los que hemos muerto al pecado.

El tiempo del verbo griego indica un momento o un acontecimiento específico, en este caso la entrega del creyente a Cristo y su consiguiente 533 renacimiento y justificación. El argumento de Pablo es que vivir en pecado no armoniza con haber muerto una vez a él.

¿Cómo viviremos aún en él?

Debido a la debilidad de la carne, una cosa es cometer ocasionalmente un pecado, y otra, muy diferente, vivir en el pecado. Vivir en pecado significa que el pecado es el ambiente en el cual vivimos, la atmósfera moral que respira nuestra alma. Una vida tal es absolutamente incompatible con la fe. La fe en Cristo que hace posible la justificación del pecador implica una disposición sin reservas para cumplir con la voluntad divina y un odio a todo lo que ocasionó tanto sufrimiento al Salvador (ver com. cap. 3: 28, 31). La fe que pretende tener derecho a la justificación, pero que al mismo tiempo permite persistir en las formas antiguas de pecado, de ninguna manera es fe. La evidencia de que un hombre está justificado, que ha nacido de nuevo y que ha pasado de muerte a vida, es que ahora se deleita en obedecer la ley de Dios (1 Juan 2: 1-6; cf. Rom. 13: . "En el nuevo nacimiento el corazón viene a quedar en armonía con Dios, al estarlo con su ley. Cuando se ha efectuado este gran cambio en el pecador, entonces ha pasado de la muerte a la vida" (CS 521). Es cierto que el creyente quizá alguna vez caiga en un pecado (ver 1 Juan 2: 1), pero la evidencia de que un hombre realmente ha renacido de Dios es que no continúa practicando el pecado (1 Juan 3: 9) o, como lo describe Pablo, no vive más en pecado.

3.

¿No sabéis?

"¿O es que ignoráis?" (BJ). En otras palabras, "¿admitís la verdad de lo que estoy diciendo es posible que no comprendáis todo lo que implica vuestro bautismo?"

Bautizados en.

Esta frase aparece también en 1 Cor. 10: 2, refiriéndose a lo que le sucedió a los israelitas con Moisés. Como resultado de haber estado bajo la nube y de haber cruzado las aguas del mar Rojo, los israelitas fueron colocados en una relación íntima con su dirigente. "Creyeron a Jehová y a Moisés su siervo" (Exo. 14: 31), y desde allí en adelante tuvieron más confianza en Moisés. Confiaron en él como en su libertador y lo siguieron como su comandante. Por supuesto, la unión del creyente cristiano con su Salvador divino es de un orden más elevado que éste. Implica una relación tal de amor y de confianza implícita, que el creyente en realidad es transformado a la misma semejanza de bondad y misericordia como su Redentor (ver 2 Cor. 3: 18; cf. CM 236).

La frase "en Cristo Jesús" significa en unión con Jesucristo.  Esto no significa que la ceremonia por inmersión en realidad efectúe esta unión. El bautismo es una demostración pública de una relación espiritual con Cristo, de la que se ha participado antes de que se realice la ceremonia externa. El bautismo representa la unión de la vida del creyente en un vínculo tan estrecho con la vida de Cristo, que ambas vidas, por así decirlo, llegan a ser una sola unidad espiritual (ver 1 Cor. 12: 12-13, 27; Gál. 3: 27).

El concepto de Pablo de la unión con Cristo revela que su conversión era más que un cambio intelectual. Su aceptación personal de Cristo como su Redentor y Señor lo condujo a un compañerismo espiritual tan estrecho y absorbente, que llegó a significar poco menos que una verdadera identificación de la voluntad de ambos (Gál. 2: 20). En las amistades humanas es frecuente que dos personas compartan una unidad tal de propósitos, que parecen pensar y proceder como si fueran casi una sola. La amistad con Cristo está en un nivel mucho más elevado aún y depende de fuerzas que no sólo son humanas sino divinas.

En su muerte.

El significado de esta frase se presenta en los versículos que siguen, especialmente en los vers. 10 y 11, donde Pablo explica que así como Cristo murió al pecado también el cristiano debe considerarse como muerto al pecado. Y si mediante el bautismo el creyente ha demostrado su participación en la muerte de Cristo al pecado (vers. 10) en lugar de él, entonces no puede seguramente continuar viviendo en el pecado que hizo necesaria esa muerte (vers. 2).

Para que el sacrificio de Cristo logre la salvación del pecador, cada creyente debe participar a sabiendas del significado y de la experiencia representados por la muerte, la sepultura y la resurrección de Cristo en lugar de él.  Como una confesión pública de esta experiencia, el creyente se somete a la ceremonia de inmersión en armonía con la orden de Jesús (Mat. 28: 19).

4.

Somos sepultados.

Mejor "fuimos. . . sepultados" (BJ). Gr. suntháptomai, "ser sepultado junto con". La comparación que hace Pablo del acto del bautismo con el de la sepultura demuestra que los primeros cristianos bautizaban por inmersión (ver com.  Mat. 3: 6). 534 Si Pablo se hubiera estado refiriendo a alguna de las otras formas de bautismo que se popularizaron en siglos posteriores, su simbolismo en este versículo habría sido más bien forzado y hasta inútil.

Para muerte.

Estas palabras pueden relacionarse con "sepultados" o con "bautismo" (cf vers. 3). La diferencia no tiene importancia. Lo que quiere decir Pablo es que la inmersión representa que la muerte del creyente al pecado es tan real y completa como fue la muerte de Cristo cuando yacía en la tumba. Y si es tan completa, ciertamente entonces debiera señalar el fin de la vieja manera de vivir y el comienzo de la nueva. Si después del bautismo se continúa en la antigua vida de pecado, se niega el significado y el propósito del bautismo.  Así como después de haber sido sepultado (sumergido totalmente) en el agua bautismal la persona sale completamente del agua, así también la muerte con Cristo al pecado -que simboliza esa inmersión total- debe ser seguida por una resurrección con él a una nueva forma de vida.

Bautismo.

Gr. baptismós, de baptízo, que significa "meter dentro", "sumergir" (ver com.  Mat. 3: 6).

Resucitó.

Es importante reconocer que el bautismo simboliza no sólo la muerte y el entierro, sino también la resurrección. El rito señala hacia dos direcciones: hacia atrás, a nuestra muerte al pecado; y hacia adelante, a nuestra vida nueva en Cristo.  Así como en la muerte de Cristo estaba anticipada la resurrección (cf. cap. 4: 25), así también la obra de la gracia no termina cuando el creyente muere al pecado. Esta muerte al pecado más bien se proyecta hacia una vida mucho más elevada, más santa y más luminosa. La justificación anticipa la completa santificación del cristiano.

Gloria.

La gloria de Dios representa toda la perfección divina y su excelencia (ver com. cap. 3: 23). Este fue el atributo de poder que especialmente se manifestó en la resurrección de Cristo (ver Rom. 1: 4; 1 Cor. 6: 14; 2 Cor 13: 4; Efe. 1: 19-20). En cuanto a la resurrección de Lázaro, Jesús declaró: "¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?" (Juan 11: 40).

Andemos.

El vocablo griego se refiere a la forma de vivir y de conducirse. La BJ traduce "vivamos" (ver Rom. 8: 4; 2 Cor. 5: 7; 10: 3; Efe. 2: 10; 4: 1);

Vida.

Gr. zÇé. Nótese que Pablo no usa la palabra bíos, que significa manera de vivir o medios de vida, y se traduce como "sustento" (Mar. 12: 44); "vida" (Luc. 8: 14; 2 Tim. 2: 4; 1 Juan 2: 16; etc.). Zoé denota el principio de vida y es la palabra que se emplea en Mat. 19: 16; Luc. 1: 75; 12: 15; Juan 1: 4; 3: 16; 5: 26; Rom. 11: 15; Apoc. 22: 1; etc. Con la palabra "andemos" ya se ha hecho referencia a la conducta en el diario vivir. Cuando el creyente ha nacido de nuevo del Espíritu Santo, desde allí en adelante está animado por un nuevo elemento vital (ver Rom. 8: 9-11). De modo que andar "en vida nueva" es andar "conforme al Espíritu" (vers. 4). Por eso la conducta diaria del cristiano revelará la presencia y el efecto del Espíritu de vida (ver Col. 3: 1-3; 2JT 396- 397).

5.

Plantados juntamente.

Gr. súmfrutos, "unidos"; dícese de árboles que crecen juntos, llegando a confundirse el uno con el otro. "Porque si nos hemos hecho una misma cosa con él" (BJ). La idea es la de compartir, de tener una relación íntima. Es la descripción de la unión vital que existe entre Cristo y los que participan de una comunión íntima de fe con él. Compárese con la parábola de la vid y los pámpanos (Juan 15: 1-8). A menos que el creyente participe primero por fe de esa relación vital con Cristo, es imposible que ande en vida nueva, no importa cuánto desee hacerlo.

También lo seremos.

La forma en que termina este versículo en griego es muy breve. Sólo dice: "sino también de la resurrección seremos".  Algunos han aplicado este pasaje, en primer lugar, a la resurrección futura, pero esta interpretación no está indicada por el contexto. Pablo destaca que así como el creyente participa de la semejanza de la muerte de Cristo muriendo él mismo al pecado, así también debe participar en la semejanza de la resurrección de Cristo resucitando a una nueva vida de justicia. En ambos casos está demostrando su unión vital con el Salvador.

No hay ninguna duda de que el renacimiento espiritual y la vida en el Espíritu conducen a la resurrección final y a la vida eterna, pues, en realidad, los que andan "en vida nueva", ya han comenzado, en un sentido, la vida eterna (ver com. Juan 8: 51).

6.

Sabiendo esto.

Contrástese con "¿o no sabéis?" (vers. 3). El reconocimiento de la unión vital a que se ha hecho referencia, proviene de una comprensión del significado y 535 del propósito de la muerte de Cristo y de su resurrección, como Pablo lo explica después.

Nuestro viejo hombre.

Es decir, nuestro ser anterior en la antigua condición corrupta y pecaminosa. El uso que hace Pablo de esta expresión en otros pasajes aclara aquí su significado (ver Efe. 4: 22-23; Col. 3: 9).

Fue crucificado.

La referencia es a la experiencia del creyente cuando aceptó a Cristo, renunció a su pasado pecaminoso y murió al pecado. Contrastando su condición anterior con la presente, Pablo sentía que era como si hubiera sido otra persona y que había experimentado un cambio tan completo como el de la muerte. Su naturaleza anterior se había esquinado.  Ahora era un hombre nuevo en Cristo, y Cristo vivía en él (ver 2 Cor. 5: 17; Gál. 2: 20).

Este pasaje destaca que la conversión y el nuevo nacimiento significan más que un simple cambio de profesión de fe y de hábitos de vida. Implican un cambio radical del hombre interior, que sólo puede ser efectuado por el Espíritu de Dios que regenera. El plan para la salvación del hombre no sólo libera de la condenación mediante la aceptación de los méritos del sacrificio de Cristo, sino que también produce el nacimiento o la creación de una nueva persona, libre de la esclavitud del pecado.

El profundo significado del rito del bautismo, como se ha explicado aquí, es una clara evidencia de que el bautismo de las criaturas de ninguna manera cumple con el propósito de Dios al ordenar ese rito. La participación inteligente en el significado del simbolismo es lo que proporciona al creyente la bendición prometida. El bautizado analiza cada una de las etapas del proceso y se dice a sí mismo: "Ahora estoy comenzando a tener comunión con Cristo en su muerte.  Cuando fui sumergido me sepulté con Cristo, pero al salir del agua resucité a una nueva vida en Cristo". De este modo la ceremonia no es un rito vacío y externo, sino una experiencia que confirma y transforma, y que será siempre recordada como un símbolo del fin de la vida antigua de pecado y el comienzo de una nueva vida de rectitud en unión con Cristo.

El cuerpo del pecado.

Es decir, el cuerpo como sede del pecado; el cuerpo que pertenece al pecado y es regido por el poder del pecado, y cuyos miembros son instrumentos de iniquidad (vers. 13).  En otros pasajes hay expresiones similares, tales como "este cuerpo de muerte" (cap. 7: 24), que significa "el cuerpo que está condenado a morir"; "el cuerpo pecaminoso carnal" (Col. 2: 11), o sea "el cuerpo con tendencia a servir a sus propios impulsos carnales". De modo que "el cuerpo del pecado" equivale a "nuestro viejo hombre", representa al cuerpo en el sentido de que es la sede y el instrumento del pecado y el esclavo del pecado. Debe ser crucificado y "destruido" para que el pecado no pueda usarlo más como su esclavo.

Destruido.

Gr. katargéÇ, la misma palabra que es usada en cap. 3: 3, donde se ha traducido: "Hecho nula". Compárese también con el uso de esta palabra en otros pasajes (cap. 3: 31; 4: 14). KatargéÇ implica reducir el cuerpo de pecado a una condición de invalidez e impotencia. Por supuesto, esto no significa que el cuerpo físico debe ser destruido, sino que el cuerpo en su relación con el pecado debe quedar tan completamente inerte e inmóvil como si estuviera muerto.

No sirvamos más al pecado.

O "cesáramos de ser esclavos del pecado" (BJ). Vivir en pecado (vers. 2) es estar sometidos al yugo de su poder. Jesús enseñó que "todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado" (Juan 8: 34), pero que la verdad puede liberar a los hombres de ese yugo (vers. 32). Mediante los impulsos de la carne, el pecado ejerce su dominio y mantiene al hombre bajo su poder. Por lo tanto, el hombre viejo debe ser "crucificado" con Cristo (Gál. 2: 20) para que el creyente sea liberado del maligno dominio del pecado.

7.

El que ha muerto.

En el vers. 6. (ver comentario respectivo) el pecador es comparado con un esclavo. Sólo la muerte con Cristo puede liberarlo de ese yugo del pecado. Pablo ahora lo ilustra destacando la evidente verdad de que cuando muere un esclavo deja de estar sometido al dominio de su amo. El cristiano cuando muere al pecado también queda libre del dominio del pecado (cf. 1 Ped. 4: 1).

8.

Si morimos.

Mejor "si hemos muerto" (BJ). Cf. vers. 7.

Creemos.

Así como Abrahán creyó que lo que Dios había prometido "era también poderoso para hacer" (Rom. 4: 21; cf. 1 Tes. 5: 24; 2 Tes. 3: 3; 2 Tim. 2: 11).

También viviremos.

No se refiere en primer lugar a la vida futura en gloria, aunque esté implicado (ver com. vers. 5). Pablo está destacando que la muerte que libera del 536 yugo del pecado es seguida por una vida nueva de libertad (vers.  8-11) que ya no está más bajo el dominio del pecado sino dedicada al servicio de un nuevo amo (vers. 12-14). Pablo se refiere particularmente a la "vida nueva" (vers. 4), de la que debe disfrutar el cristiano aquí en la tierra: la vida de Cristo en el creyente (Gál. 2: 20) y la vida del creyente en Cristo (Col. 3: 3).

9.

Sabiendo.

Nuestra creencia de que viviremos con Cristo está basada en nuestro conocimiento de que él vive para siempre (Heb. 7: 25).

Ya no muere.

Compárese con Apoc. 1: 18.

No se enseñorea más.

O "no es más amo". El pecado fue el que sometió a Cristo al dominio de la muerte, no el pecado suyo sino los nuestros.  El se sometió voluntariamente por causa de nosotros (ver Juan 10: 17-18). Desde que terminó su experiencia de humillación permanece para siempre como vencedor y señor de la muerte.

10.

En cuanto murió.

Literalmente "lo que murió", que podría traducirse "la muerte que murió". Compárese con "lo que ahora vivo" (Gál. 2: 20). "Su muerte fue un morir al pecado" (BJ).

Al pecado murió.

"Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado" (2 Cor. 5:21).  Los pecados que llevó no eran los suyos, sino los nuestros (ver 1 Ped. 2:22, 24). Pero cuando Cristo se humilló y se hizo obediente hasta la muerte (Fil. 2: , quedó pagada la deuda que recaía sobre él porque llevaba nuestros pecados.  De una vez y para siempre se había cumplido el propósito por el cual se sometió voluntariamente (ver Rom. 3: 25-26).

Una vez.

Gr. efápax, "una vez para siempre" (NC). No hay necesidad de que se repita el sacrificio (ver Heb. 7: 27; 9: 12, 26, 28; 10: 10).

En cuanto vive.

Literalmente "lo que él vive", que podría traducirse "la vida que él vive". ("Su vida, es un vivir para Dios", BJ.) En las palabras "él vive" tenemos el testimonio de uno que había visto al Señor. En la deslumbradora luz que brilló en torno de Pablo en el camino a Damasco, reconoció una presencia divina y preguntó: "¿Quién eres, Señor?" Luego ocurrió el asombroso descubrimiento de que estaba vivo el Jesús a cuyos seguidores él perseguía (Hech. 9: 3-9).

Para Dios.

Por supuesto, la vida de Cristo vivida en la tierra también fue "para Dios". Pero Pablo parece trazar una distinción entre la vida de Cristo en la tierra -una vida de conflicto con el pecado y de sujeción a la muerte- y su vida glorificada, ensalzado a la diestra del Padre (Juan 17: 5; Hech. 7: 55).  Debido a que "por nosotros" Dios "lo hizo pecado" (2 Cor. 5: 21), Jesús sintió "la ira del Padre sobre él como sustituto del hombre" (DTG 701). Pero ahora, habiendo triunfado sobre el pecado y la muerte, otra vez disfruta de una continua comunión con el Padre y vive "para Dios".

11.

Consideraos.

Con el propósito de explicar la vida cristiana, Pablo habla del creyente como si en él hubiera dos naturalezas. La vieja naturaleza ahora está muerta pues ha sido crucificada con Cristo (vers. 6); la nueva naturaleza está viva, ha renacido del Espíritu Santo (vers. 4). De esa manera Pablo puede afirmar que un hombre al mismo tiempo puede estar muerto en relación con el pecado y vivo en relación con Dios.  Pablo parece también separar la conciencia del hombre tanto de su antigua naturaleza como de la nueva, de modo que el creyente puede decidir conscientemente en cuanto a mantener muerta la primera y viva la segunda.

Muertos.

Esto sugiere un estado continuo de muerte. Así como Cristo murió una vez para siempre "al pecado" (ver com. vers. 10), así también el creyente -unido con Cristo una vez y para siempre- debe considerarse muerto definitivamente al dominio del pecado.

Vivos para Dios.

La nueva vida del creyente pertenece completamente a Dios y debe ser consagrada por entero al servicio divino. Así como Cristo "Para Dios vive" (vers. 10), así también el cristiano vive "para Dios" una vida que comienza en santidad en la tierra y continuará en el cielo, en gloria, honor e inmortalidad.

En Cristo Jesús.

La conformidad del creyente a la semejanza de la muerte de Cristo al pecado y su vida para Dios, no se obtienen solamente "por" Cristo Jesús sino "en" él. Esta experiencia ha sido posible para el cristiano "por" Cristo, pero sólo puede participar de ella el creyente que está "en" Cristo.

Señor nuestro.

La evidencia textual favorece (cf. p. 10) la omisión de estas palabras. Esta omisión no afecta el significado.

12.

No reine.

Mejor "no continúe reinando" como reinó en lo pasado. Al usar este verbo, "reine", Pablo no implica una comparación 537 entre reinar y existir, sino entre reinar y estar completamente destronado. Los creyentes mueren con Cristo de modo que el pecado no tenga más dominio sobre ellos.

Lo obedezcáis en sus concupiscencias.

La evidencia textual se inclina por el texto "obedezcáis a sus [del cuerpo] concupiscencias". "De modo que obedezcáis a sus apetencias" (BJ). Aunque se describe a nuestro "viejo hombre" como crucificado con Cristo (vers. 6), estamos todavía en nuestro "cuerpo mortal" con sus deseos terrenales y concupiscencias. El pecado todavía tiene poder; si se lo permitimos todavía puede dominarnos. El haber renacido del Espíritu Santo no elimina los deseos carnales; sin embargo, esa experiencia nos coloca en relación con un poder superior mediante el cual siempre somos capaces de resistir con éxito los intentos del pecado por dominarnos.  Pero sigue dependiendo de nosotros que decidamos si estaremos continuamente de parte del pecado o de Cristo.

Por esta razón "cada mañana" debemos experimentar una renovada conversión (ver 3JT 93; JT 699). Nuestra experiencia de ayer no es suficiente para hoy. Aunque hayamos muerto ayer al pecado, nuestro "viejo hombre" puede hoy reaparecer. Podemos vivir diariamente para Dios únicamente si mantenemos nuestra antigua naturaleza continua y completamente muerta al pecado, de acuerdo con el símbolo de nuestro bautismo. Y esta experiencia sólo es posible mediante la unión con Jesucristo, por medio de una fe en él que sea tan real y tan constante como para que, a semejanza de él, odiemos el pecado y amemos la rectitud.  Ver PVGM 266-267. En cuanto a la experiencia de Pablo de una consagración diaria, ver 1 Cor. 15: 31; MC 358-359; cf. 1 Cor. 9: 27.

13.

Presentéis.

El verbo "presentar" está dos veces en este versículo, pero las flexiones en griego son diferentes. La primera implica una acción continua: "no prosigáis presentando"; la segunda equivale a "presentaos vosotros mismos una vez para siempre" (cf. cap. 12: 1).

Miembros.

Es decir, los órganos y facultades del cuerpo (cf. Rom. 7: 5, 23; 1Cor. 6: 15; 12: 12, 18, 20).

Instrumentos.

Gr. hóplon. Esta palabra también se ha traducido como "armas" en Juan 18: 3; Rom. 13: 12; 2 Cor. 6: 7; 10: 4. En el NT parece que se usa especialmente para indicar armas de guerra. Algunos comentadores han visto en este versículo una representación de la guerra entre el pecado y la justicia, y a ambos alistando reclutas en su ejército. Cuando el pecado lucha por el predominio convoca al ejército de las concupiscencias de la carne, y procura usar los órganos y las facultades del cuerpo como armas mediante las cuales las concupiscencias puedan restablecer la tiranía de la impiedad. Sin embargo, otros prefieren entender que Pablo sencillamente declara que nuestros miembros nunca debieran someterse al predominio de los deseos pecaminosos para realizar alguna impiedad o injusticia. Ver 2T 454.

Presentaos.

Es decir, una vez para siempre. (Ver el com. de "presentéis".)

Como vivos.

O sea como quienes han resucitado a una vida nueva en Cristo (vers. 11).

Instrumentos de justicia.

Cuando el cristiano entrega sus miembros a Dios se dedica a luchar, con la fuerza del Espíritu de Dios, para alcanzar la máxima perfección posible de cada órgano del cuerpo y de cada facultad de la mente, a fin de que pueda conocer, amar y servir a su Redentor de una manera aceptable (ver PVGM 266-267).

14.

No se enseñoreará.

O "no será amo". Es cierto que el pecado nos tentará y acosará; sin embargo, no tendrá dominio sobre el verdadero cristiano. Por lo tanto, el creyente debiera entregarse con valor al servicio de Dios, pues se le promete la victoria sobre el pecado.

No estáis bajo la ley.

Literalmente "no estáis bajo ley", sin el artículo definido, ni precediendo a "ley" ni a "gracia" (ver com. cap. 2: 12).  Pablo no se refiere aquí en primer lugar a una ley en particular, sino a ley como un principio general. Lo que quiere decir es que los cristianos no están bajo ley como un camino de salvación, sino bajo gracia. La ley no puede salvar a un pecador, ni puede poner fin al pecado o a su dominio. La ley revela el pecado (cap. 3: 20), y debido a la pecaminosidad del hombre, la ley agranda, por así decirlo, la transgresión (cap. 5: 20). La ley no puede perdonar los pecados ni suministra poder alguno para vencerlos. El pecador que procura salvarse ha o la ley sólo encontrará condenación y estará más fuertemente atado a su pecado.  Dondequiera que se mantenga el principio de que el hombre puede salvarse a sí mismo por sus propias obras, no habrá 538 ninguna barrera eficaz contra el pecado (DTG 26-27).

El cristiano no busca la salvación en forma legalista, como si pudiera ser salvado por sus propias obras de obediencia (cap. 3: 20, 28). Reconoce que es transgresor de la ley divina, que por su propia fuerza es completamente incapaz de cumplir con los requerimientos de ella, que con justicia merece estar bajo su condenación, pero por fe en Cristo se entrega a la gracia y a la misericordia de Dios. Entonces, por la gracia de Dios (ver com. vers. 24), es perdonado su pasado pecaminoso y recibe poder divino para caminar "en vida nueva". Cuando alguien está "bajo la ley" el pecado continúa dominándolo a pesar de sus mejores esfuerzos, porque la ley no puede liberarlo del poder del pecado. Sin embargo, cuando está "bajo la gracia" la lucha contra el pecado no es una esperanza que se ha desvanecido sino un triunfo cierto.

El ofrecimiento de estar bajo la gracia para obtener la victoria sobre el pecado y el poder que capacita para lograr cada virtud, han sido brindados a cada uno de los descendientes de Adán (Juan 3: 16); pero muchos ciega o neciamente han preferido permanecer bajo la ley. Aun muchos que pretenden tener un deseo ferviente de ser salvos prefieren permanecer bajo la ley como si pudieran tener méritos propios ante Dios y ganar la salvación por su propia obediencia a la ley. Tal fue el caso de los judíos, y es también ahora el de muchos llamados cristianos orgullosos de su propia justicia, que por esto mismo no están dispuestos a reconocer su impotencia para someterse plenamente a la misericordia de Dios y a su gracia transformadora.

Pablo afirma que mientras una persona esté bajo la ley, permanece también bajo el dominio del pecado, pues la ley no puede salvarlo ni de la condenación del pecado ni de su poder. Pero los que están bajo la gracia no sólo reciben la liberación de la condenación (Rom. 8: 1) sino también el poder para vencer (cap. 6: 4).  En esta forma el pecado ya no tiene poder sobre ellos.

15.

¿Pecaremos?

Ver com. vers. 1. La forma del verbo griego podría sugerir el caer en pecado de vez en cuando en comparación con una vida continua de pecado (vers. 1). ¿Podríamos complacernos en el pecado de vez en cuando ahora que no estamos bajo la ley sino bajo la gracia? La respuesta de Pablo es que cualquier complacencia en el pecado es volver al yugo de éste, del cual la gracia ha liberado al pecador.

La suposición de que estar bajo la gracia significa que el creyente está ahora en libertad para desobedecer la ley moral de Dios con impunidad, es tergiversar completamente todo el propósito de Dios en el plan de salvación. En primer lugar, Dios en su amor ofreció su gracia al pecador porque éste violó la ley divina. El hombre es liberado del dominio del pecado por la gracia de Dios. Por lo tanto, ¿cómo puede alguien concebir que es justo o razonable colocarse deliberadamente de nuevo bajo la antigua servidumbre?  Desobedecer la ley de Dios es convertirse nuevamente en siervo del pecado, pues la desobediencia a la ley divina es pecado (1 Juan 3: 4), y cualquiera que persevera en el pecado es siervo del pecado (Juan 8: 34). Continuar cometiendo pecados después de haber aceptado la gracia de Dios que perdona y transforma, es negar el propósito básico de esa gracia. Cualquiera que se niega a permitir que la gracia de Dios lo lleve a una obediencia cada vez más perfecta a la ley divina, está rechazando esa misma gracia y, por lo tanto, desprecia la liberación y la salvación.

Bajo la ley.

Literalmente "bajo ley" como en el vers. 14 (ver comentario respectivo).

En ninguna manera.

Ver com. cap. 3: 4.

16.

¿No sabéis?

Pablo ilustra su respuesta a la pregunta hecha en el vers. 15, refiriéndose a costumbres características de la esclavitud con las que estaban familiarizados sus lectores.

Esclavos.

Entre los griegos y los romanos un esclavo era considerado como propiedad de su amo, y éste podía disponer de él a su antojo. La condición de un esclavo sometido a un amo cruel era sumamente penosa, y a veces era tratado peor que una bestia. Esta es la condición de todo miserable pecador: es esclavo de Satanás, y sus propios malos deseos y apetitos son sus implacables capataces (vers. 12).

Pablo usa la palabra "esclavo" (Gr. dóulos) para describir también a los siervos de Cristo (ver com. cap. 1: 1), con lo cual deja en claro que ciertamente son propiedad de su Maestro; pero como Cristo es infinitamente bueno y bondadoso, el servicio que pide es en realidad perfecta libertad, pues no exige una obediencia que él no encauce para el bien eterno de sus siervos.

Sois esclavos de aquel.

Con nuestra conducta 539 demostramos cuál es el amo al que servimos. Nadie puede servir al mismo tiempo a dos señores (Mat. 6: 24; Luc. 16: 13; cf. Juan 8: 34).

Para muerte.

Es decir, que lleva a la muerte.

Obediencia.

Por supuesto, obediencia a Dios, como lo indica el contexto.  Esta es la obediencia de la fe (ver com. cap. 1: 5; cf. cap. 16: 26).

Justicia.

Quizá aquí signifique un carácter recto. Los actos de obediencia producen hábitos de obediencia, y tales hábitos constituyen un carácter recto.

17.

Gracias a Dios.

Cf. cap. 7: 25 donde la frase griega es la misma.

Erais esclavos.

En el texto griego no se encuentra la conjunción adversativa "aunque". Podría parecer que Pablo agradece a Dios porque los cristianos habían sido esclavos del pecado, pero el sentido correcto es el que le da la RVR. El apóstol estaba agradeciendo porque aunque una vez habían sido esclavos del pecado, ahora obedecían. Debe ser causa de gozo y gratitud cuando los pecadores se transforman en seres obedientes (ver Luc. 15: 7, 23-24). Si atribuyéramos al alma humana el alto valor que el cielo le da, habría más regocijo entre nosotros cuando los perdidos son encontrados y llevados a Cristo.

Habéis obedecido.

U "os tornasteis obedientes", "os habéis convertido en obedientes".

De corazón.

Esta es la clase de obediencia que emana de la fe en Cristo; es la respuesta del amor y de la confianza; es obediencia bajo la gracia, opuesta a la obediencia legalista. No es forzada, sino voluntaria y sincera.

Forma de doctrina.

Literalmente "modelo de enseñanza". Una definición de "forma" o "modelo" (túpos) aparece en com. cap. 5: 14. El significado que parece más adecuado en este contexto es el de "modelo" o "ejemplo" (cf. Fil. 3: 17, 1 Tes. 1: 7; 2 Tes. 3: 9; 1 Tim. 4: 12; Tito 2: 7). Pablo está hablando de la norma o del modelo de la fe y del deber cristiano en que habían sido instruidos los creyentes.

A la cual fuisteis entregados.

Sería más normal hablar de una forma de doctrina que fue entregada a los creyentes (ver 2 Ped. 2: 21; Jud. 3). Pero Pablo puede estar continuando con su ilustración de la transferencia del pecador a un nuevo amo. Los creyentes, que una vez fueron esclavos del pecado, ahora se han convertido en obedientes de corazón a la norma de enseñanza a la cual fueron entregados.

18.

Libertados.

Es decir, libertados del dominio del pecado.

Vinisteis a ser siervos.

O "fuisteis esclavizados". La conversión significa un cambio de amos. El creyente es liberado de la esclavitud de la tiranía del pecado y se convierte en esclavo de la justicia.  Pero la esclavitud de la justicia es en realidad verdadera libertad. Los que sirven al pecado y a Satanás son esclavos de sus propios impulsos y pasiones, que a su vez están bajo el dominio del maligno. Cuando Dios invita a los hombres a que sirvan a la justicia les está ofreciendo libertad.  "Obedecer a Dios es quedar libre de la servidumbre del pecado y de las pasiones e impulsos humanos" (MC 93).

19.

Como humano.

Es decir, en términos humanos familiares. Compárese con Rom. 3: 5; Gál. 3: 15. Evidentemente, Pablo creía que los símbolos de la esclavitud y de la servidumbre eran indignos para describir la relación de un cristiano con su Maestro, pues podrían sugerir un servicio forzado y mecánico.

Humana debilidad.

Es decir, la naturaleza humana en su debilidad física, mental y espiritual. Pablo parece estar explicando que tomó su ilustración de la vida común por consideración a una falta de discernimiento espiritual de los creyentes (cf. Heb. 5: 11-14). Tal vez habría preferido describir la relación del cristiano con Cristo en una forma más abstracta y estrictamente espiritual, pero como un consumado maestro usó la ilustración que se adaptaba mejor al ambiente del que procedían los alumnos y a su capacidad intelectual.

Iniquidad.

Gr. anomía, "impiedad". Esta es la definición que da Juan del pecado (ver com. 1 Juan 3: 4). "Impureza" e "impiedad" describen adecuadamente los rasgos característicos del paganismo (ver Rom. 1: 24-32; 1 Ped. 4: 3-4).

Servir a la inmundicia.

Es decir, ser esclavos de la impureza. El placer aparentemente sin restricciones que el pecado ofrecía era en realidad un duro yugo.

A la iniquidad.

El someter los miembros del cuerpo a la "impureza" y a la "impiedad" conduce a la práctica habitual de la "impiedad".  La práctica del pecado es castigada con el abandono en las garras del pecado (ver cap. 1: 24, 26, 28). Pero a diferencia de esto, 540 el efecto de la justicia resulta en la santificación.

Santificación.

"Santidad" (BJ). Gr. hagiamós, palabra que se usa en 1 Cor. 1: 30; 1 Tes. 4: 3-4; 2 Tes. 2: 13; 1 Ped. 1: 2. Hagiamós se usa tanto para describir el proceso por el cual se obtiene la santidad (santificación) como el estado resultante, la santidad. Esta última condición también se enuncia con el Gr. Hagiosúne, que se usa en Rom. 1: 42; 2 Cor. 7: 1;1 Tes. 3: 13. Ambos términos se derivan del Gr. hágios, "santo". Hagiasmós posiblemente denota aquí la obra progresiva de la santificación.

La santificación es un proceso continuo de consagración (ver Efe. 4: 12-15; 2 Ped. 1: 5-10); es el desarrollo armonioso, día tras día, de las facultades físicas, mentales y espirituales hasta que  restaure en nosotros la imagen de Dios a cuya semejanza fuimos creados originalmente (ver Ed. 13-14, CS 523; CRA 67). El propósito de Dios en el plan de salvación no sólo es nuestro  perdón o justificación, sino nuestra restauración o santificación. El propósito de Dios es poblar la tierra nueva con seres transformados en santos. Y el apóstol Pablo insta a los creyentes a que consagren cuerpo, mente y alma a esta experiencia y proceso de transformación.

20.

Esclavos del pecado.

Ver. com. vers. 6; cf. com. vers. 17-19.

Libres acerca de la justicia.

Es decir "libres respecto de la justicia" (BJ). Esto no significa que estaban liberados de las demandas de la justicia, sino que estaban enteramente dedicados al pecado como lo estuvieron los antediluvianos (Gén. 6: 5).

21.

¿Pero qué fruto. . .?

En cuanto el significado de fruto, ver com. cap. 1: 13.

En el griego, este versículo comienza con la palabra oun, "por tanto" o "así pues", la cual relaciona la pregunta con el estado anterior de esclavitud. La RVR usa la conjunción "pero" que no tiene el mismo sentido.

En el griego junto con el verbo "teníais" aparece el adverbio de tiempo tóte, "entonces", omitido por la RVR. Se especifica así el tiempo de la esclavitud al pecado.

En la forma como aparece en la RVR, esta pregunta parece no tener respuesta, pero es evidente que no tenía ningún fruto bueno. Si se considera que la pregunta es: "Por lo tanto, ¿qué fruto teníais entonces?", la respuesta sería: "Aquellas cosas de las cuales os avergonzáis". En ambos casos es obvio que la esclavitud al pecado no había producido ningún fruto provechoso.

Muerte.

Ver com. vers. 23.

22.

Libertados del pecado.

Es decir, de la servidumbre del pecado (ver com. vers. 18).

Hechos siervos.

O "fuisteis hechos esclavos". Es la misma palabra griega que se usa en el vers. 18 (ver comentario respectivo). Pablo no se avergonzaba de llamarse esclavo de Cristo (ver com. cap. 1: 1). Sin embargo, en nuestro servicio para Dios no le obedecemos porque estamos bajo servidumbre sino porque lo amamos (Juan 14: 15), y Dios, a su vez, no nos trata en realidad como a esclavos sino como a hijos (Gál. 4: 7).

La santificación.

"La santidad" (BJ, BC). Ver com. vers. 19. El que es "esclavo" de Dios produce un fruto permanente y sumamente deseable, a saber, el fruto del Espíritu (Gál. 5: 22). Un servicio tal significa el desarrollo de todas las facultades de la mente, el cuerpo y el alma (Rom. 12: 1-2), y remata en la vida eterna (ver cap. 2: 7, 5: 21).

Vida eterna.

Ver com.  Rom. 6: 23; cf.  Mat. 25: 46.

23.

Paga.

Gr. opsÇnion. Esta no es la palabra común del NT para "paga", "salario", "recompensa", la cual es misthós (ver Luc. 10: 7; Juan 4: 36; Rom. 4: 4; etc., donde se usa misthós).  OpsÇnion deriva de una palabra que significa "alimento cocido", especialmente carne o pescado, más otra palabra que significa comprar "; por lo tanto, vino a significar "provisiones", "asignación", "viático", como en el caso   de las "raciones" que se daban a los soldados (ver Luc. 3: 14; 1 Cor. 9: 7; 2 Cor. 11: . Más tarde se usó para pago, o salario en general. Es posible, aunque no seguro, que Pablo hiciera alusión al símbolo del servicio militar (ver com.  Rom. 6: 13).

Muerte.

El pecado paga a sus esclavos exactamente lo que ellos han ganado. "El alma que pecare, ésa morirá" (Eze. 18: 4). La muerte contrasta aquí con la vida eterna, por lo tanto Pablo se está refiriendo particularmente a la muerte eterna, o "segunda muerte" (Apoc. 20: 6, 14-15; cf. CS 599; PE 51). Los pecadores serán tratados en la destrucción final como ellos lo merecen. Han rechazado el ofrecimiento de la gracia de Dios y de la vida eterna, y recibirán los resultados de su propia elección deliberada (ver com.  Rom 2: 6; DTG 711-713).

Dádiva.

Gr. járisma, la palabra que previamente 541 se tradujo como "don" (ver com. cap. 5: 15). "Dádiva" contrasta visiblemente con "paga". Lo que el cristiano recibe se presenta como una dádiva de la gracia gratuita de Dios.  Aun el servicio y la obediencia que el creyente justificado y renacido pueda prestar a Dios, no se deben a su propia virtud sino que son el fruto del Espíritu Santo a quien Dios ha enviado para que viva en el creyente. Ninguno de nosotros puede ganar la salvación. Ninguno de nosotros merece la redención. Somos salvados por gracia por medio de la fe, y esto es "don de Dios" (Efe. 2: . Ver com. Mat. 20: 15.

Vida eterna.

El don de la vida eterna, que Adán y Eva perdieron por su transgresión (ver com. cap. 5: 12), será restaurado a todos los que estén dispuestos a recibirlo y se preparen para él dedicando su vida al servicio de Dios (Rom. 2: 7; 6: 22; cf.  Apoc. 21: 4, 22: 2-3).

En Cristo Jesús.

Ver com. Rom. 6: 11; cf. 2 Tim. 1: 1. Cristo es la "resurrección y la vida" (Juan 11: 25); es el autor de la vida, el que da vida eterna a todos los que tienen fe en él (Juan 6: 40). La dádiva de Dios de vida eterna no sólo se concede mediante Cristo, sino está en Cristo -su fuente permanente-, y sólo se puede recibir por medio de la unión con Aquel que es nuestra "vida" (Col. 3: 4; cf.  DTG 730-731).

COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE

2 CS 521

4 CS 514; CM 197; Ev 226, 273; 1JT 350; 3JT 289; PE 216; 1T 20

5 2JT 396

11 5T 436; TM 145

12 MJ 460; 4T 33; Te 163

12-13 2T 454

13 HAd 112; MJ 53; 5T 116

15 4T 295

16 ECFP 121; 1JT 155, 524; MJ 112; 2T 442; 4T 105, 607

16-18 3T 82

22 CM 250; 1T 289; 2T 239, 488, 551; 3T 538

23 CS 558, 595, 599; FE 234, 376; HAp 414; 1JT 226, 349, 402, 439; 2JT 327; MM 180; PE  220; PP 45, 57, 354, 802; 1T 543; 2T 286, 289; 4T 31, 363

 

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3. Cristo y las tradiciones religiosas (Isaías 29:13; Mateo 5:17-20; 23:1-7; 15:1-6; Romanos 10:13)
4. Cristo y la Ley en el Sermón del Monte (Mateo 5:17-37; Lucas 16:16; Romanos 7:24)
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6. La muerte de Cristo y la Ley (Hechos 13:38,39; Romanos 4:15; 7:1-13; 8:5-8; Gálatas 3:10)
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