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Comentario Biblico Adventista_ROMANOS_Capitulo_12

La Epístola del Apóstol San Pablo a los ROMANOS 

Capítulo 12

1 Las misericordias de Dios deben movernos a agradarle. 3 Nadie debe tener un concepto demasiado elevado de sí mismo, 6 sino servir de acuerdo con el don que ha recibido. 9 Se requiere de nosotros amor y muchos otros deberes. 19 Se prohibe especialmente la venganza.

1 ASÍ que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.

2 No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.

3 Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno.

4 Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función,

5 así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros.

6 De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe;

7 o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza;

8 el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría.

9 El amor sea sin fingimiento.  Aborreced lo malo, seguid lo bueno.

10 Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros.

11 En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor;

12 gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración;

13 compartiendo para las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad.

14 Bendecid a los que os persiguen; bendecid, y no maldigáis.

15 Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran.

16 Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándoos con los humildes.  No seáis sabios en vuestra propia opinión.

17 No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres.

18 Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres.

19 No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor.

20 Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza.

21 No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal.

Comentario bíblico adventista

La Epístola del Apóstol San Pablo a los ROMANOS 

Capítulo 12

1.

Así que.

Podría referirse de nuevo y especialmente a la declaración de la misericordia de Dios que todo lo abarca (cap. 11: 32-36), o en una forma más general a todo el tema precedente de la epístola, cuya culminación está en el cap. 11: 32-36. El creyente ha sido justificado por la fe en Cristo y restaurado para que ame y confíe como hijo adoptivo de Dios, por lo tanto debe vivir una vida de pureza y santidad de acuerdo con su 611 nueva situación. Por eso Pablo aclara que la doctrina de la justificación por la fe y la salvación por la gracia no fomentan ni permiten la impiedad, ni tampoco un negligente menosprecio de los mandamientos de Dios.  Por el contrario, el creyente que ha sido justificado y está siendo santificado llega a estar aun más dispuesto a obedecer, pues "la justicia de la ley" se está cumpliendo en él (cap. 8: 4). Con amor y gratitud procura aun más fervientemente conocer, entender y cumplir "la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta" (cap. 12: 2).

Os ruego.

Pablo procede ahora a considerar la aplicación práctica de la doctrina de la justificación por la fe que ha explicado tan cuidadosamente en los cap. 1-11. La justificación por la fe no sólo significa el perdón del pecado, sino también una vida nueva. Incluye santificación y justificación, transformación y reconciliación. El propósito de Dios es restaurar completamente a los pecadores para hacerlos idóneos para vivir en su presencia.

Misericordias.

Gr. oiktirmós, palabra que expresa la más tierna compasión (ver 2 Cor. 1: 3). Es un término más enfático que eleos, el vocablo que se traduce "misericordia" en Rom. 11: 31. Pablo presenta esta tierna compasión como el motivo para la obediencia. Dios ha demostrado una misericordia tan grande al dar a su Hijo para que muriera por los pecadores y al perdonar sus rebeliones, que debieran con gozo consagrarse a él.

Presentéis.

Gr. paríst'mi, "colocar al lado", por lo tanto, "presentar".  Compárese con el uso de esta palabra en Luc. 2: 22; Efe. 5: 27; Col. 1: 28.

Vuestros cuerpos.

Pablo primero exhorta a los cristianos a que consagren su cuerpo a Dios, y después los insta a presentarle sus facultades intelectuales y espirituales (vers. 2). La verdadera santificación es la consagración de todo el ser: "espíritu, alma y cuerpo" (1 Tes. 5: 23), el armonioso desarrollo de las facultades físicas, mentales y espirituales, hasta que la imagen de Dios -en la cual fue creado el hombre- sea perfectamente restaurada (Col. 3: 10).

La condición de la mente y del alma depende en gran medida de la condición del cuerpo. Por lo tanto, es esencial que las facultades físicas sean conservadas en óptima salud y en el mejor vigor posible. Cualquier práctica dañina o complacencia egoísta que disminuya la fortaleza física dificulta el desarrollo mental y espiritual. El enemigo de las almas conoce bien este principio, y por lo tanto dirige sus tentaciones al debilitamiento y a la degradación de la naturaleza física. Los resultados de esa mala obra eran perfectamente evidentes para Pablo quien procuraba rescatar a los paganos de sus prácticas degradantes (ver Rom. 1: 24, 26-27; 6: 19; Col. 3: 5, 7) y se esforzaba por afirmar a los nuevos conversos en pureza de vida (ver 1 Cor. 5: 1, 9; 6: 18; 11: 21; 2 Cor. 12: 21). Por lo tanto, los exhorta a que presenten sus "miembros" a Dios como "instrumentos de justicia" (Rom. 6: 13; cf. 1 Cor. 6: 15, 19; 7: 34).  El cristiano debe someter las tendencias de su naturaleza física bajo el dominio de las facultades más elevadas de su ser, y éstas a su vez deben estar sometidas al control de Dios. "La Facultad regia de la razón, santificada por la gracia divina, debe regir la vida" (PR 359). Sólo entonces el creyente puede ser hecho idóneo para ofrecer a Dios un "culto racional" (ver com. "racional" y "culto").

Sacrificio vivo.

Los sacrificios del sistema ceremonial del AT consistían de animales muertos. El sacrificio cristiano consiste de una persona viva. El adorador cristiano se presenta vivo, con todas sus energías y facultades consagradas al servicio de Dios.

Santo.

A los judíos se les había prohibido expresamente que ofrecieran en sacrificio un animal que fuera cojo o ciego, o que tuviera una deformidad (Lev. 1: 3, 10; 3: 1; 22: 20; Deut. 15: 21; 17: 1; Mal. 1: . Cada ofrenda era examinada cuidadosamente, y si se descubría en ella cualquier defecto, el animal era rechazado. Los cristianos también deben presentar su cuerpo en la mejor condición posible. Todas sus facultades y capacidades deben ser conservadas en pureza y santidad, pues de lo contrario la consagración del cristiano no puede ser aceptable delante de Dios.

Esta no es una exigencia arbitraria. Dios desea la completa restauración de los creyentes. Esto incluye necesariamente la purificación y el fortalecimiento de las facultades físicas, mentales y espirituales. Por eso el cristiano que se somete por fe a la forma que Dios tiene de salvar al hombre, gozosamente obedecerá esta orden de considerar la salud de su cuerpo como un asunto de máxima importancia.  Proceder de otra manera es estorbar la obra divina de la restauración.

Agradable. 

Ver Fil. 4: 18; Col. 3: 20; Tito 2: 9. 612 El Dios que amó al mundo de tal manera que dio a su Hijo para salvar a los pecadores, "se agrada" cuando los hombres se apartan de los hábitos con los cuales se destruyen a sí mismos, y se entregan plenamente al Señor. De esa manera hacen que él pueda cumplir su bondadoso propósito de rescatarlos y llevarlos a la perfección con que originalmente fue creado el hombre.

Culto.

Gr. latréia. Este término implica un acto de servicio religioso o de adoración. Compárese con su uso en Heb. 9: 1 y Rom. 9: 4. Pablo está hablando de un culto que tiene que ver con la mente, la razón, el alma, como algo diferente de lo que es externo y material. La consagración que hace el cristiano de sí mismo a una vida de pureza y santidad es un acto de culto espiritual. Ya no ofrece más animales en sacrificio, sino se ofrece a sí mismo en un acto de servicio religioso que involucra su razón. Por eso Pedro describe a los creyentes como "un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo" (1 Ped. 2: 5; cf. CRA 82).

Este versículo atribuye un profundo significado a los principios de una vida saludable. El creyente cumple con un acto de culto espiritual al ofrecer a Dios un cuerpo santo y sano, junto con una mente consagrada y un corazón dedicado, porque al proceder así somete todo lo que hay en él a la voluntad de Dios y así abre el camino para la plena restauración en él de la imagen divina. Conservar las facultades físicas en la mejor condición posible es un acto de servicio religioso. Esto se debe a que el cristiano glorifica a Dios en su cuerpo (1 Cor. 6: 20; cf. 1 Cor. 10: 31) cuando sirve como ejemplo vivo de la gracia salvadora de Dios y participa con gran fuerza y energía en la obra de difundir el Evangelio. En esta forma fue como la corte de Babilonia contempló en Daniel y en sus compañeros "una ilustración de la bondad y beneficencia de Dios, así como del amor de Cristo" (PR 359). Sus vidas puras y su notable desarrollo físico, mental y espiritual fueron una demostración de lo que Dios hará por aquellos que se entregan a él y procuran realizar los propósitos divinos. Ver com. Dan. 1: 12, 18.

Racional.

Gr. logikós, "razonable", "espiritual', "lógico". Esta palabra aparece sólo una vez más en el NT en 1 Ped. 2: 2, donde se ha traducido como "espiritual" (ver comentario respectivo).

2.

Conforméis.

Gr. susj'matízÇ, "conformarse uno al molde de otro". Este verbo también se usa en 1 Ped. 1: 14.

Siglo.

Gr. aiÇn, "edad" o "siglo" (ver com. Mat. 13: 39; 24: 3). La expresión "los hijos de este siglo" (Luc. 16: 8; 20: 34) podría traducirse "los hijos de este mundo", como se lee en la BJ.  El cristiano no debe vivir de acuerdo con los usos de este siglo, como acostumbraba hacerlo cuando vivía según la carne (Rom. 8: 12); por el contrario, debe experimentar una completa transformación por medio de la renovación de su mente.

Transformanos.

Gr. metamorfóÇ, verbo del cual deriva la palabra "metamorfosis". En Mat. 17: 2; Mar. 9: 2 se usa para describir la transfiguración de Cristo; en 2 Cor. 3: 18 describe la transformación del creyente a la imagen de Cristo. Pablo está diciendo que el cristiano no debe copiar las costumbres externas y mudables de este mundo, sino ser plenamente transformado en su naturaleza íntima. La santificación incluye una separación externa del creyente de todas las costumbres profanas del mundo y una transformación interior. En otros pasajes del NT este cambio se describe como un nuevo nacimiento Juan 3: 3), una resurrección (Rom. 6: 4, 11, 13), una nueva creación (2 Cor. 5: 17; Gál. 6: 15).

Renovación de vuestro entendimiento.

La facultad del razonamiento de la persona, su capacidad para discernir entre lo correcto y lo incorrecto, están bajo el dominio de impulsos carnales antes de la conversión. Se describe la mente como "mente carnal" (Col. 2: 18). Pero cuando ocurre la conversión, la mente queda sujeta a la influencia del Espíritu de Dios. El resultado es que "nosotros tenemos la mente de Cristo" (1 Cor. 2: 13-16). "Las palabras 'os daré corazón nuevo' significan 'os daré una mente nueva"' (EGW RH 18-12-1913). La muerte de la vida antigua en la carne y el comienzo de la vida nueva en el Espíritu (Rom. 6: 3-13) se describen como "el lavamiento de la regeneración y. . .  la renovación en el Espíritu Santo" (Tito 3: 5). Este cambio renovador, que comienza cuando el creyente se convierte y nace de nuevo, es una transformación progresiva y continua, pues "nuestro hombre... interior... se renueva de día en día" (2 Cor. 4: 16) "hasta el conocimiento pleno" (Col. 3: 10). Y a medida que el hombre interior se va transformando por el poder del Espíritu Santo, la vida exterior 613 también va cambiando progresivamente. La santificación de la mente se revelará en una manera más santa de vivir, a medida que el carácter de Cristo se reproduzca más y más perfectamente en el creyente (ver PVGM 69).

Comprobéis.

Gr. dokimázÇ. Esta palabra implica probar y aprobar.  Incluye el doble proceso de decidir qué es la voluntad de Dios y luego aprobarla y proceder de acuerdo con ella (cf.  Rom. 2: 18; Efe. 5: 10; Fil. 1: 10). Mediante la renovación de su mente, el creyente queda capacitado para saber lo que Dios quiere que haga. Tiene discernimiento espiritual para orientarse en medio de los múltiples posibles caminos que se presentan en este siglo malo. Como ya no tiene una mente carnal sino la mente de Cristo, está dispuesto a hacer la voluntad de Dios, y de esa manera puede reconocer y entender la verdad (Juan 7: 17). Sólo la mente que ha sido renovada por el Espíritu Santo puede interpretar correctamente la Palabra de Dios. Las Escrituras inspiradas sólo pueden ser entendidas mediante el discernimiento que da el mismo Espíritu por el cual fueron dadas originalmente (ver Juan 16: 13-14; 1 Cor. 2: 10 -11; OE 312).

Cuál sea la buena.

Es posible traducir la última parte del versículo de esta manera: "De forma que podáis distinguir cuál es la voluntad de Dios: lo bueno, lo agradable, lo perfecto" (BJ). De acuerdo con la traducción de la RVR, se describen las características de la voluntad de Dios; según la traducción de la BJ, el contenido de su voluntad. La diferencia esencial de significado es mínima.

3.

Digo, pues.

Pablo ahora procede a demostrar los resultados prácticos de una mente renovada e iluminada. Primero habla de la humildad y de la cordura que convienen a un creyente consagrado y del uso adecuado de los dones espirituales para la edificación unificada de la iglesia.

Por la gracia.

Pablo habla en virtud de la autoridad que le fue conferida como apóstol para declarar la voluntad de Dios (ver Rom. 1: 5; 15: 15-16; 1 Cor. 3: 10; 15: 10; Gál. 2: 9; Efe. 3: 2, 7-8).

A cada cual.

"A todos y a cada uno" (BJ). Con estas enfáticas palabras Pablo expresamente incluye a cada miembro de la iglesia de Roma, no importa cuán encumbrado fuera su cargo o cuán grande su Influencia. Quizá Pablo temía que los cristianos de Roma pudieran caer en la misma condición de presunción espiritual en que habían caído los creyentes de Corinto, desde cuya ciudad estaba escribiendo esta epístola (cf. 1 Cor. 1-5; 2 Cor. 10: 13).

Que no tenga más alto concepto.

En griego hay un juego de palabras que no se puede reproducir fácilmente en castellano. La traducción literal poco más o menos sería: "no juzgarse más allá de lo que uno debe juzgarse sino juzgar para juzgar con sabiduría".  Esta es una decidida admonición contra la presunción propia. Necesitamos llegar a conocer bien los puntos débiles y también los puntos fuertes de nuestro carácter para que podamos estar constantemente en guardia, no sea que emprendamos actividades o aceptemos responsabilidades que Dios nunca nos ha asignado (ver OE 334).

Cordura.

Gr. sÇfronéÇ, "tener sano juicio", "estar en sus cabales", "pensar con sabiduría". La persona altiva y presuntuosa no está bien equilibrada. La humildad es el efecto inmediato de la entrega a Dios y la consiguiente renovación de la mente.  El creyente consagrado reconoce su dependencia de la gracia de Dios por cada don espiritual del que pueda disfrutar, y esto no deja lugar para una indebida estima propia. El cristiano se estima con sensata discriminación y sano juicio.

La medida de fe.

Esta es la verdadera norma por la cual el ser humano debe medirse a sí mismo. La persona cuya mente no ha sido renovada y que es carnal, se estima mediante las normas del mundo: por la riqueza, la posición o el conocimiento.  Siempre se está esforzando por dar la impresión de que es más grande de lo que realmente es. Pero cuando interviene la fe y se renueva la mente, el creyente recibe la facultad para discernir las verdaderas limitaciones de sus capacidades. La fe le proporciona una nueva norma de medida para determinar con precisión la naturaleza y los alcances de sus capacidades, y por eso no se excede en lo que piensa de sí mismo. Comprende que mientras más grande sea su fe, mayor será su influencia espiritual y su poder. Pero esto no le enorgullecerá, pues mientras mayor sea su medida de fe más penetrante será la comprensión de su completa dependencia de Dios.

4.

Un cuerpo.

La razón por la cual los cristianos deben ser humildes y tener buen juicio es porque la iglesia, a semejanza del cuerpo 614 humano, está constituida por muchos miembros que cumplen diferentes funciones. Todas esas funciones son necesarias e importantes, pero no todas parecen tener la misma importancia. El bienestar y el progreso de todo el grupo dependen de un espíritu de amor, de cooperación y de estima mutua entre los miembros. En esa función cada individuo desempeña los deberes que le son asignados. Este símbolo del cuerpo y de sus miembros se presenta con más amplitud en 1 Cor. 12: 12-27.

Función.

Gr. práxis, "modo de actuar".

5.

Un cuerpo en Cristo.

Así como muchas partes componen el cuerpo humano, así también la multitud de cristianos son un cuerpo en Cristo.  Cristo es Aquel que une y fortalece a todo el conjunto de creyentes. Compárese con la descripción que hace Pablo de Cristo como la cabeza del cuerpo, y todos los miembros sometidos a él (Efe. 1: 22; 4: 15-16; Col. 1: 18). Esta unidad de la iglesia cristiana implica la dependencia mutua de sus miembros. Puesto que todos pertenecen a un solo cuerpo, como individuos se pertenecen mutuamente. Por eso Pablo exhorta a los creyentes a que colaboren, cada uno en su debida esfera, para el bienestar común de la iglesia.

6.

Diferentes.

De acuerdo con la gracia que le fue dada, Pablo fue escogido como apóstol (ver com. vers. 3); según la gracia que les fue dada a los otros creyentes, fueron escogidos para ser profetas, maestros, para hacer milagros, para sanar enfermos, etc. (1 Cor. 12: 28). Por la gracia de Dios, los miembros de la iglesia cristiana fueron dotados de una amplia variedad de facultades espirituales, para hacer frente a las muchas diferentes necesidades de sus hermanos en la fe y para difundir el Evangelio en toda nación, lengua y pueblo. Pablo desarrolla este tema con detalles mucho más amplios en 1 Cor. 12 (ver comentario respectivo).

Dones.

Gr. járisma, "regalo inmerecido", "don divino" (ver Rom. 1: 11; 5: 15-16; 6: 23; 11: 29; 1 Cor. 7: 7; 12: 4, 9, 28). Se trata de cualidades y poderes especiales impartidos a los creyentes por el Espíritu Santo para el servicio de la iglesia.  Con frecuencia parecen ser talentos naturales que distribuye el Espíritu, aumentando su poder y santificando su uso.  Todos esos dones espirituales son dones conferidos de acuerdo con la voluntad y el propósito de Dios. Los que los reciben no tienen motivo para engreírse. La fuente del aumento de su vigor e influencia no está en ellos mismos.

Profecía.

En las Escrituras se aplica este término a cualquier declaración inspirada y no se limita a la predicción de acontecimientos futuros. Un profeta puede hablar del pasado, del presente o del futuro (ver Exo. 7: 1; Luc. 1: 76-77; Hech. 15: 32; 1 Cor. 14: 3, 24-25).

Medida.

Gr. analogía, literalmente "proporción". Esta palabra sólo aparece aquí en el NT En el griego clásico se usaba como un término matemático. De ella proviene nuestro vocablo "analogía". El significado de la expresión "conforme a la medida de la fe" se puede ver comparándola con una frase paralela: "conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno", vers. 3. Si la mente del cristiano ha sido renovada (vers. 2) y ha llegado a ser capaz de juzgar con "cordura" (vers. 3), pesará debidamente sus capacidades y facultades, y las empleará bien y humildemente en el servicio de Dios, quien le proporcionó tales dones con ese propósito (ver com. vers. 3).

7.

Servicio.

Gr. diakonía. Esta palabra se usa con frecuencia en el NT en un sentido general, para incluir toda ministración y todo cargo en la iglesia cristiana (ver Hech. 1: 17, 25; 20: 24; 21: 19; Rom. 11: 13; 1 Cor. 12: 5; 2 Cor. 3: 8-9; 4: 1; 5: 18; 6: 3; 11: 8; Efe. 4: 12; 1 Tim. 1: 12; 2 Tim. 4: 5, 11). A veces se usa en un sentido especial para la distribución de ayuda y la atención de las necesidades materiales (Hech. 6: 1; 11: 29, aquí se ha traducido como "socorro"; 12: 25; Rom. 15: 31; 1 Cor. 16: 15; 2 Cor. 8: 4; 9: 1, 12-13).

Pablo está hablando en este pasaje de dones diferentes y especiales, y como hace distinción entre el "ministerio" (o "servicio") y el don profético, y la enseñanza y la exhortación, parece evidente que "servicio" debe entenderse en el sentido más limitado, esto es, el servicio en asuntos temporales y materiales, como la atención de las necesidades de los pobres, los enfermos y los forasteros.

En servir.

El texto griego de la primera parte de este versículo dice literalmente: "O ministerio, en la ministración". El significado evidente es que aquellos que han sido llamados a esta clase de servicio, debieran dedicarse a él de todo corazón. No debe considerarse livianamente la obra de atender los asuntos seculares de la iglesia, pues es un don de 615 la gracia de Dios como lo es el don de profecía. El significado espiritual de un servicio tal resalta por el hecho de que en los días de los apóstoles, sólo los hombres que estaban "llenos del Espíritu Santo y de sabiduría" fueron encargados de "la distribución diaria" de limosnas (Hech. 6: 1, 3).

Enseñanza.

En 1 Cor. 12: 18 el maestro sigue en importancia a los apóstoles y los profetas. Su obra es ordenar, desarrollar, imprimir en la mente y aplicar en la vida las verdades que han sido reveladas. Su don radica en la comprensión esclarecida y en la facultad de exponer con claridad. Estas fueron las características que dieron gran poder a Apolos (Hech. 18: 24-28). Los que han sido llamados por la gracia de Dios para ser maestros, no debieran entristecerse porque no han sido estimados dignos de ser profetas o apóstoles, ni tampoco debiera menospreciarse su obra como si fuera de menor dignidad o influencia. El Espíritu de Dios llama a los creyentes individualmente a la clase de servicio para el cual están mejor dotados y que concuerda con el propósito divino para la iglesia. Por lo tanto, el maestro cristiano que tiene fe en el liderazgo de Cristo en su iglesia, se dedicará por entero a su enseñanza. Además, como Pablo instruyó a Timoteo (1 Tim. 5: 17), los ancianos que trabajan en la enseñanza son "dignos de doble honor".

8.

Exhortación.

Gr. parákl'sis, "llamamiento", "exhortación", "estímulo", "consolación" (ver su uso en Rom. 15: 5; 2 Cor. 8: 4; Fil. 2: 1). La enseñanza se dirige principalmente al entendimiento, y la exhortación especialmente al corazón y a la voluntad.  Algunos tienen el don especial de impulsar a otros a la acción, o de consolarlos cuando están en aflicción. Este es un don de Dios que debe emplearse humilde y fervientemente. Ver com. Mat. 5: 4.

Reparte.

Gr. metadídÇmi. Este término significa "contribuir" o "compartir" la riqueza y los propios bienes (compárese su uso en Luc. 3: 11; Efe. 4: 28). Pablo pasa de los dones que capacitan a la persona para un cargo especial en la iglesia, a otros de una naturaleza más general. La aceptación del cristianismo empobreció a muchos de los primeros creyentes, y llegó a ser necesario que fueran sostenidos con las dádivas liberales de sus hermanos en la fe (ver Hech. 2: 44-45; Rom. 15: 26; 1 Cor. 16: 1; Gál. 2: 10).

Liberalidad.

"Sencillez" (BJ, BC, VM). Gr. haplót's, "sinceridad", "sencillez de propósito", y, por lo tanto, a veces "liberalidad" (ver 2 Cor. 8: 2; 9: 11, 13). El cristiano que comparte sus bienes con otros debe hacerlo con sencillez de corazón (cf.  Efe. 6: 5; Col. 3: 22) y no con doble propósito. No debe haber un fin de ostentación ni de egoísmo. Una actitud sincera y generosa de esa clase es también un don del Espíritu, cuya influencia guiadora es necesaria para el correcto uso de las riquezas (cf. Mat. 6: 3; 19: 21).

El que preside.

Literalmente "el que está puesto al frente". La palabra se usa en el NT para referirse a los que están en cualquier cargo de autoridad o influencia, ya sea en la iglesia (1 Tes. 5: 12; 1 Tim. 5: 17) o en el hogar (1 Tim. 3: 4-5, 12). Su don especial es el de "los que administran" (1 Cor. 12: 28, RVR) o de "gobierno" (BJ).

Solicitud.

Gn spoud', "diligencia", "prisa", "empeño". En otros pasajes del NT esta palabra se ha traducido en la RVR en las siguientes formas: "prontamente" (Mar. 6: 25), "de prisa" (Luc. 1: 39), "diligencia" (2 Cor.  8: y "solicitud" (2 Cor. 7: 11-12; 8: 16). El que está en un cargo de liderazgo necesita energía y celo ferviente. Estas cualidades son no don del Espíritu Santo, y el cristiano que ha recibido ese don debiera entregarse con toda su alma a la obra que le ha sido asignada.

El que hace misericordia.

En esta enumeración de dones, evidentemente Pablo establece una distinción entre dar limosnas y los actos de misericordia. Quizá se está refiriendo en forma particular a las formas de mostrar misericordia, como "visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones" (Sant. 1: 27), "vendar a los quebrantados de corazón" (Isa. 61: 1; cf. Luc. 4: 18), visitar a los que están enfermos o encarcelados (Mat. 25: 36, 39, 44).

Alegría.

Gr. hilarót's, raíz de la palabra "hilaridad". Esta es la única vez que aparece esta palabra en el NT, aunque el adjetivo (hilarós) se usa en 2 Cor. 9: 7: "Dios ama al dador alegre". Ya sea que consuele al afligido o socorra al doliente, "el que hace misericordia" debe demostrar que hace su servicio voluntaria y gozosamente. Los actos de bondad efectuados con alegría y gozo valen mucho más que los que se hacen sólo por cumplir con un deber. Jesús siempre estuvo rodeado de sufrientes y enfermos; sin embargo, siempre era benévolo, bondadoso y alegre (ver MC 15). 616

Los diferentes dones que Pablo ha enumerado deben emplearse con el debido espíritu y para el bien de todos. El creyente cristiano no menospreciará el nivel ni la función específica que el Señor le ha asignado. Tampoco tendrá de sí mismo un concepto más elevado que el que debe tener.  Su meta y su gozo serán cumplir con fidelidad los deberes que tienen que ver con la esfera de la vida a la que ha sido divinamente llamado a trabajar.

9.

Amor.

Gr. agáp' (ver com. Mat. 5: 44; 1 Cor. 13: 1). Pablo, apartándose del tema del uso correcto de los dones específicos, prosigue instruyendo a los creyentes en el empleo del don máximo y principio básico de todo verdadero cristianismo: el amor. Continúa, como en 1 Cor. 12, 13, su tema de los dones espirituales, con una referencia al amor. Las virtudes que enumera en Rom. 12: 9-21 no son sino la manifestación externa del genuino amor cristiano.

Sin fingimiento.

Gr. anupókritos, "sin hipocresía", "genuino", "sincero", "verdadero". Sólo es genuino el amor que odia lo malo y se aferra a lo bueno (cf. 1 Cor. 13: 6).

Aborreced.

Gr. apostugéÇ, que aparece sólo aquí en el NT, e implica odiar tanto una cosa que es necesario mantenerse apartado de ella. El amor sincero no puede disimular el mal en otro, no importa cuánto se ame a esa persona. Su meta será combatir siempre lo que es malo y apoyar lo que es bueno.  El amor de Elí por sus hijos rebeldes demostró que no era genuino. Si su amor hubiera sido verdadero, hubiera corregido las malas tendencias de sus hijos. Pero las Escrituras registran los desastrosos resultados de la ciega indulgencia que toma el lugar del verdadero amor (ver Lev. 10: 1-2; PP 374-375; 1 Sam. 3: 13; 4: 11, 18-22; PP 621-626).

Seguid.

Gr. kolláÇ, "apegarse a", "unirse" a algo (ver Mat. 19: 5; Hech. 8: 29); "adhiriéndoos" (BJ).

10.

Amaos.

Gr. filóstorgos, término que expresa el amor muy tierno que existe entre parientes cercanos. La palabra se aplica adecuadamente a la hermandad de la familia cristiana. Los creyentes deben relacionarse con afecto mutuo como hijos e hijas que son del mismo Padre (cf. Mar. 3: 35).

Amor fraternal.

Gr. filadelfia, término que describe el estrecho vínculo que debe existir entre los miembros de la iglesia cristiana (ver su uso en 1 Tes. 4: 9; Heb. 13: 1; 1 Ped. 1: 22; 2 Ped. 1: 7). El orden literal de las palabras de esta parte del versículo es "en amor fraternal, el uno al otro amaos cordialmente". Lo que Pablo quiere decir es que en el amor mutuo de los hermanos cristianos, todos deben sentir ese cálido afecto especial que existe entre los consanguíneos cercanos.

Prefiriéndoos.

Gr. pro'géomai, "dirigir", "ir delante". Es la única vez que este verbo aparece en el NT. La frase griega que se traduce "en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros", es difícil de traducir al castellano. Ha sido interpretada de varias formas: "Estimando en más cada uno a los demás" (BJ, que añade en la nota correspondiente: "o 'teniéndoos mutuas deferencias' "). "Anticipándoos unos a otros en las señales de deferencia" (Ausejo). El significado correcto quizá sea insinuado por un pasaje algo paralelo: "con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo" (Fil. 2: 3). El resultado del verdadero afecto es que uno no busca su propia honra ni posición, sino que está dispuesto a dar la honra a otros. Los hermanos en Cristo que están movidos por un amor genuino estarán más dispuestos a respetar a otros que a recibir respeto. Ninguno tendrá la ambición de recibir honores, sino que cada uno estará dispuesto a honrar a sus hermanos en la fe.

11.

Diligencia.

Gr. spoud', "ardor", "fervor"; "celo" (BJ). También se ha traducido como "solicitud" en el vers. 8. Pablo aquí no se refiere a asuntos seculares, sino a celo y energía espirituales. El cristiano no ha de permitir que su celo decaiga, sino debe dedicarse de todo corazón al servicio del Señor (Col. 3: 23). Este celo constante es el resultado de un genuino amor cristiano, pues el amor de Cristo es el que "constriñe" o "rige" a sus seguidores (2 Cor. 5: 13-14). No hay lugar para los haraganes en el reino de Dios (ver TM 182-183), pues su falta de celo es una señal de su egoísmo y falta de amor. No han sido suficientemente conmovidos por el amor y el sacrificio de Cristo, y por eso no están dispuestos a unirse con su Maestro con toda energía en la urgente obra de rescatar a los pecadores de las tempestuosas aguas del pecado.

Perezosos.

Gr. okn'rós, "lento", "vacilante", "tímido", "descuidado", "haragán". Aparece con frecuencia en Proverbios, LXX (ver Prov. 20: 4; etc.). Se usa para describir al siervo malo en la parábola de los talentos que presentó nuestro Señor (Mat. 25: 26). 617

Fervientes.

Gr. zéÇ, literalmente "hervir". Se dice de Apolos que era "de espíritu fervoroso" (Hech. 18: 25). El cristiano celoso siempre mantendrá su interés en la causa de Dios en el punto de ebullición. Su fervor le dará poder ante los hombres (Hech. 18: 25, 28) y le traerá poder de Dios. El apóstol Juan era "un predicador poderoso, ferviente y profundamente solícito, y el fervor que caracterizaba sus enseñanzas, le daban acceso a todas las clases sociales" (HAp 436).

En espíritu.

Esta frase podría entenderse como una referencia al espíritu humano o al Espíritu divino. Quizá Pablo está hablando del espíritu humano inspirado y fortalecido por el Espíritu de Dios. El creyente consagrado y activo hallará que el cumplimiento de sus deberes cristianos no es una faena penosa, insípida y desprovista de interés, sino una experiencia gozosa y vitalizadora. Con corazón ferviente siempre está pronto para hacer todo bien que haya a su alcance. Comparte el amor de Cristo por la humanidad caída y así encuentra su más profunda satisfacción en aliviar las necesidades de sus prójimos. Como su Señor, tiene una "comida" que otros no conocen, pues su alimento es cumplir la voluntad de Aquel que lo llamó y terminar "su obra" (Juan 4: 32-34).

Sirviendo al Señor.

El celo y el fervor emanan naturalmente del corazón del creyente que reconoce que en cualquier esfera de acción en que pueda servir está trabajando "para el Señor y no para los hombres" (Col. 3: 23-24; cf. Efe. 6: 5-8).

12.

Gozosos en la esperanza.

Los tres breves mandatos de este versículo parecen ser más enfáticos cuando se conserva el orden de las palabras en griego: "En la esperanza, gozosos; en la tribulación, sufridos; en la oración, constantes". Pablo ya ha alabado el espíritu de alegría (vers. , y también habló del regocijo del creyente "en la esperanza de la gloria de Dios" (cap. 5: 2). Esta esperanza cristiana, que es la causa de tal alegría, ya ha sido explicada (cap. 8: 20-25). Esta esperanza capacita al cristiano para mirar más allá de la oscuridad y la tribulación del momento presente, a las cosas que no se ven, pero son eternas (2 Cor. 4: 17-18). El hecho de que la esperanza, como muchas de las virtudes cristianas, brote de la virtud básica del amor, se afirma en 1 Cor. 13: 7: el amor "todo lo espera".

Sufridos.

hupoménÇ, "soportar" (cf. hupomon', "paciencia"; ver com. cap. 5: 3). El celo que se ha descrito en el versículo anterior, siempre encuentra oposición y dificultades. Pero el cristiano con la esperanza de la gloria de Dios en su pensamiento, no murmura contra Dios ni siente enemistad contra sus perseguidores. Tranquilamente permanece en su puesto del deber a pesar de las pruebas que eso implica. Esta paciente resistencia fue perfectamente ejemplificada por Cristo, quien, aunque fue sometido a las más difíciles circunstancias, soportó más de lo que cualquiera de sus seguidores tendrá que soportar. La virtud de saber resistir se necesitaba especialmente en los tiempos difíciles por los cuales estaba pasando la iglesia en los días de Pablo. El apóstol sabía por experiencia propia que serían intensos los sufrimientos por causa de Cristo (ver Rom. 8: 35; 2 Cor. 1: 4; 1 Tes. 1: 6; 3: 3-7; 2 Tes. 1: 4-6). La relación entre el amor y el saber soportar también se indica en 1 Cor. 13: 7: el amor "todo lo soporta".

Constantes.

Gr. proskarteréÇ, "persistir", continuar firmemente", "perseverar". La misma palabra se traduce en otros pasajes como "tener listo" (Mar. 3: 9); "asistir" (Hech. 10: 7); "atender continuamente" (Rom. 13: 6). Sólo mediante una constante comunión con Dios, puede el cristiano mantener la fortaleza y el valor para soportar las dificultades por las que inevitablemente pasará (ver Hech. 1: 14; 6: 4; Col. 4: 2).  Poner constantemente "la mira en las cosas de arriba" (Col. 3: 2) y estimar el valor de cada acto e impulso mediante la contemplación de la gloria de Dios y de su voluntad, son el remedio seguro para la impaciencia durante la ofensa y la oposición. Además, Dios da su Espíritu a los que ferviente y continuamente desean la presencia divina (ver Juan 16: 23-24; Hech. 1: 14; 2: 4); y el mismo Espíritu que produce "amor" (cf. Rom. 12: 9) y regocijo (cf. vers. 12), también proporciona "paciencia" y "templanza", literalmente "dominio propio" (Gál. 5: 22-23).

13.

Compartiendo.

Gr. koinÇnéÇ, "compartir", "tomar parte en", "actuar como compañero". Ver el uso de esta palabra en Rom. 15: 27; Fil. 4: 15; 1 Tim. 5: 22; Heb. 13: 16; 1 Ped. 4: 13. Lo que Pablo quiere decir es que los cristianos deben participar en las necesidades de sus hermanos en la fe. Deben considerar que las necesidades de sus hermanos son las suyas y sentirse dispuestos a compartir 618 sus bienes con los desafortunados. Esto es mucho más que el solo acto de dar limosnas; es una aplicación concreta del principio del amor (Rom. 12: 9). Es evidente que Pablo practicaba lo que predicaba, pues sus esfuerzos por conseguir fondos para el alivio de los conversos afligidos por la pobreza, eran constantes (Rom. 15: 25-26; 1 Cor. 16: 1; 2 Cor. 8: 1-7; 9: 2-5; Gál. 2: 10).

Santos.

Ver com. cap. 1: 7. Debiera cuidarse especialmente de "los que son de la familia de la fe" (Gál. 6: 10).

Practicando.

Gr. diÇkÇ, "perseguir", "correr detrás". Ver el uso de esta palabra en 1 Cor. 14: 1; 1 Tes. 5: 15; Heb. 12: 14; 1 Ped. 3: 11. El término parece implicar que los cristianos no sólo deben proporcionar hospitalidad, sino también afanarse por practicarla.

Hospitalidad.

Gr. filoxenía, "amor por los extraños" y, por lo tanto, "hospitalidad con los extraños". La hospitalidad fue considerada desde el principio como una de las importantes virtudes cristianas (ver 1 Tim. 3: 2; Tito 1: 8; Heb. 13: 2; 1 Ped. 4: 9). Era necesario ser Hospitalarios debido a la gran cantidad de creyentes que viajaban o eran perseguidos.  Muchos cristianos eran expulsados de sus hogares y de sus ciudades, y se veían obligados a buscar asilo entre los de su misma fe (ver Hech. 8: 1; 26: 11). La hospitalidad que los creyentes practicaban mutuamente contribuía mucho al vínculo que mantenía unidos a los miembros de la iglesia cristiana primitiva, ampliamente esparcidos.

14.

Bendecid.

Gr. eulogéÇ, "hablar bien de", "invocar bendiciones sobre".  En el vers. 13 Pablo ha hablado de la forma en que el cristiano trata a sus amigos; en este versículo indica el trato que debe dar a sus enemigos. "Bendecimos" a nuestros perseguidores cuando oramos y trabajamos por su bien. Las palabras de Pablo son similares a las de Jesús en Mat. 5: 44; cf. Luc. 6: 28; 1 Ped. 3: 9.

Persiguen.

Gr. diÇkÇ, "perseguir", frecuentemente con un mal propósito como aquí. Esta es la misma palabra que se ha traducido como "practicando" en el vers. 13. El cristiano debe "practicar" la hospitalidad para con los hermanos y bendecir a los impíos que lo "persiguen". Con este mandato Pablo anticipa el pensamiento, que desarrolla más plenamente en los vers. 17-21, de que el cristiano tiene el deber de amar a sus enemigos y vencer el mal con el bien. Este deber sólo puede ser cumplido por un creyente cuya mente ha sido renovada por el Espíritu (vers. 2) y cuyo amor es "sin fingimiento" (vers. 9).

15.

Gozaos.

Manifestar simpatía en todas las circunstancias, ya sean buenas o malas, es una prueba segura de que el amor es genuino. De las dos formas de simpatía mencionadas en este versículo, la primera quizá es la más difícil. Parece más fácil y más natural simpatizar con los afligidos; pero se necesita un alma noble para regocijarse con el éxito y los gozos de otros. Los adversarios de estas virtudes son la envidia que siente pena por la buena fortuna ajena y la malignidad que se complace con las desgracias de otros. Tales manifestaciones de egoísmo son las tendencias naturales del corazón no regenerado. En 1 Cor. 12: 26-27 Pablo compara la simpatía que debe existir entre los miembros de la iglesia cristiana con la que siente una parte del cuerpo por otra. Jesús lloró con simpatía ante la tumba de Lázaro (Juan 11: 35; DTG 490). Él se regocija aun en la salvación del más indigno pecador (ver Luc. 15: 5-7, 10, 23-24, 32; Jud. 24).

16.

Unánimes entre vosotros.

"Tened un mismo sentir" (BJ). Cada cristiano debe compenetrarse de tal manera de los sentimientos y deseos de sus hermanos en la fe, que pueda tener un mismo sentir con ellos (cf. Rom. 15: 5; 2 Cor. 13: 11; Fil. 2: 2; 4: 2).  Entre los cristianos siempre debería existir la armonía que resulta de propósitos, esperanzas y deseos comunes.

No altivos.

O "no te ensoberbezcas" (cap. 11: 20), "sin complaceros en la altivez" (BJ). "El amor no se vanagloria, no se hincha" (1 Cor. 13: 4, Versión Hispanoamericana). El orgullo aun puede ser provocado por los progresos espirituales (ver 1 Cor. 12).  No puede existir amorosa concordia donde hay algunos que son "altivos", donde hay ambiciones personales, fatuidad o menosprecio por otros.

Asociándoos.

Gr. sunapágomai, "ser arrastrado", como en el caso de una inundación; por lo tanto, "dejarse llevar". También puede traducirse "asociarse con", como aquí. Compárese con las otras únicas dos veces que aparece este verbo en el NT (Gál. 2: 13; 2 Ped. 3: 17), donde el sentido desfavorable está indicado por el contexto y no por el verbo. "Atraídos más bien por lo humilde" (BJ).

Los humildes.

"Lo humilde" (BJ). En griego es ambiguo, y puede referirse a hombres o cosas humildes. La palabra griega para "bajo" 619 o "humilde" (tapeinós) siempre se usa para personas en otros pasajes del NT; pero no es imposible que en este contexto Pablo esté hablando de "deberes humildes" o "tareas modestas". Sea cual fuere su significado, el énfasis se hace sobre la humildad.

Parece que la mayoría de los miembros de la iglesia cristiana primitiva eran pobres, y los pocos que eran ricos pudieron haberse sentido tentados a considerar con algo de desdén a sus hermanos más humildes (cf. Sant. 2: 1-9). Pero una carencia tal de amor y simpatía hubiera imposibilitado que los creyentes fueran "unánimes entre" sí. Por lo tanto, los cristianos debían tener una mente como la de Jesús. El era divino, pero no era "altivo"; por el contrario, tomó "forma de siervo" y "se humilló a sí mismo" para poder tratar de cerca a los humildes y pecadores con el propósito de ocuparse de su salvación (Fil. 2: 5-8). Si el Hijo de Dios estuvo dispuesto a bajar tanto por amor a sus criaturas corruptas, no hay duda de que los cristianos agradecidos deben también estar dispuestos a "asociarse" con cualquiera de sus prójimos mortales (ver OE 345-351; com. Sant. 1: 9-10).

Sabios en vuestra propia opinión.

"No os complazcáis en vuestra propia sabiduría" (BJ). Cf. com. cap. 11: 25. Sentirse orgulloso de las propias opiniones es una ofensa contra el amor cristiano, pues implica despreciar las opiniones ajenas y finalmente aun los consejos de Dios. Por eso el profeta advierte: "¡Ay de los sabios en sus propios ojos, y de los que son prudentes delante de sí mismos!" (Isa. 5: 21; cf. Prov. 3: 7). El cristiano cuya mente ha sido renovada no confiará en la presunción de su propia habilidad superior y comprensión, ni se negará a escuchar el consejo de otros; por el contrario, con amor y humildad respetará el juicio de sus hermanos en la fe, y estará dispuesto a escuchar y aprender. Estará listo para reconocer y admitir sus propias limitaciones y errores y para aprender de otros.

17.

Paguéis.

O "devolver" (BJ). En cuanto al principio que aquí se presenta, ver com. Mat. 5: 38-48. El amor devuelve bien por mal y busca atraer bendiciones y no destrucción sobre otros (ver Rom. 12: 14; 1 Cor. 13: 5-6; 1 Tes. 5: 15; 1 Ped. 3: 9).

Procurad.

Gr. pronoéÇ, "pensad cuidadosamente de antemano".

Lo bueno.

Gr. kalá (neutro plural), "cosas buenas", "cosas nobles", "cosas correctas". Quizá Pablo esté aludiendo a Prov. 3: 4, LXX. El cristiano debe desplegar mucha previsión para anular los obstáculos, a fin de que su conducta, evidentemente clara y justa, no sólo sea sin tacha delante de Dios, sino que también sea correcta delante de los hombres.  Los seguidores de una causa impopular que desean persuadir a otros de la verdad y la excelencia de su mensaje, deben procurar que su comportamiento siempre esté libre de todo reproche. Nunca deben dar lugar para que se dude de su proceder. El cristiano que quiere que su luz brille delante de los hombres para que puedan ver sus buenas obras y glorifiquen a su Padre que está en los cielos (Mat. 5: 16), nunca se ocupará en actividades o empresas de carácter dudoso, porque podrían no sólo desacreditarlo a él sino a todo el conjunto de cristianos.

Pablo nunca sintió miedo de enfrentarse a la oposición cuando el deber y la conciencia así lo exigían. Sin embargo, aquí aconseja y exhorta a los cristianos para que sean cautelosos y provisores a fin de no ofender innecesariamente y despertar la hostilidad de otros. Esta es la conducta que indica no sólo el amor sino también el sentido común equilibrado. Es imposible persuadir a la gente y al mismo tiempo estar en conflicto con ella.

18.

En cuanto dependa de vosotros.

Es evidente la relación con el versículo anterior. En lo que respecta al cristiano, debe hacer todo lo que pueda para mantener la paz; pero hay veces cuando la fidelidad a un principio puede obligarlo a provocar la oposición de alguien.  Por eso Pablo añade la condición, "si es posible". Lo que sabemos de la vida de Pablo, una vida de conflictos casi constantes, muestra que no siempre es posible estar en paz.  En un mundo cuyo príncipe es Satanás, los soldados de Cristo no deben esperar que todo sea paz; pero el cristiano debe vigilar para que cuando se altere la paz no sea por culpa suya.

19.

Amados.

En la RVR la palabra griega agap'tós (aquí en plural) generalmente se ha traducido como "amado", "amada" (Rom. 1: 7; 9: 25; 11: 28; 16: 12; 1 Cor. 10: 14; 2 Cor. 7: 1; Efe. 1: 6; Fil. 4: 1; etc.), o como "muy amados" (2 Cor. 12: 19; etc.).

Dejad lugar a la ira.

El artículo definido antes de "ira", indica que se hace referencia a la ira de Dios (cf. com. cap. 5: 9). Esta interpretación es confirmada por las palabras que siguen: "Mía es la venganza, yo pagaré". "Dejad 620 lugar" para que obre la ira retributiva de Dios. Los cristianos nunca deben tratar de vengarse de los que los tratan con injusticia, sino dejar las cosas con Dios. Sólo un Dios perfecto, que todo lo conoce y que ama a todos, puede juzgar con rectitud a los impíos y castigarlos con justicia. Tanto el lenguaje como el pensamiento de esta orden son ilustrados por Efe. 4: 27, donde Pablo explica que al vengarnos damos "lugar al diablo". Los que albergan pensamientos de venganza están dando la oportunidad para que Satanás les inspire ira, odio y amargura, cuando deberían estar fomentando el crecimiento de los frutos del Espíritu: amor, gozo, paz, paciencia (Gál. 5: 22).

También se han presentado otras dos interpretaciones de este pasaje. "Dad tiempo o lugar para que vuestra ira se enfríe", y "Dad lugar a la ira de vuestro oponente, es decir, rendíos ante ella"; pero ninguna de las dos interpretaciones concuerda bien ni con el griego ni con el contexto.

Escrito está.

La cita es de Deut. 32: 35. Cf. Heb. 10: 30. En Deuteronomio esta frase es una amonestación para el pueblo de Dios; en Hebreos se dirige a los apóstatas; pero en Romanos se usa como un consuelo para el pueblo de Dios injustamente perseguido. Dios, a su debido tiempo, tomará venganza por ellos, pues "¿acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche?" (Luc. 18: 7; cf. Deut. 32: 40-43; 2 Tes. 1: 6-10; Apoc. 6: 9-11).

Venganza.

Gr. ekdík'sis, "vindicación", "retribución", "castigo" (cf.  Hech. 7: 24; 2 Cor. 7: 11; 1 Ped. 2: 14). De esta palabra debe eliminarse la idea de un deseo de venganza personal, pues se trata nada más de la justicia retributiva de Dios.  Más bien significa la plena ejecución de la justicia para todos. En el día de la venganza de Dios, los impíos recibirán las consecuencias inevitables de su propia elección. Debido a la rebeldía de su vida, están en desacuerdo con Dios de tal manera, que la misma presencia divina es para ellos un fuego consumidor (2 Tes. 1: 6-10; Apoc. 6: 15-17). "La gloria de Aquel que es amor los destruye" (DTG 713).

20.

Si tu enemigo.

La cita es de Prov. 25: 21-22.

Ascuas de fuego.

Es decir, carbones encendidos. Ver com. Prov. 25: 22. La bondad es la mejor venganza de un cristiano contra su enemigo. Amontonar ascuas de fuego sobre la cabeza de un adversario debe significar realizar actos de amor y no de maldad, como se indica claramente en el contexto del AT y en el del NT. El pasaje de Prov. 25: 22 termina con estas palabras que Pablo no cita: "y Jehová te lo pagará", a saber, las buenas obras hechas a favor de tu enemigo. Así también en este contexto el significado general se resume en las palabras: "No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal" (Rom. 12: 21).

21.

No seas vencido de lo malo.

Vengarse no es una señal de fortaleza sino de debilidad. El que permite que su genio se agite y queden a un lado sus principios cristianos de amor y dominio propio, sufre una derrota. Pero la persona que domina el deseo de vengarse y convierte un mal que ha recibido en una oportunidad de mostrar bondad, gana una victoria sobre sí misma y sobre los poderes del mal. Esto no sólo es mucho más noble en sí mismo, sino que será mucho más efectivo, pues así se puede desarmar a un enemigo (cf. Prov. 15: 1) y ganar un alma.  Según este principio, Dios no ha dejado caer sobre los pecadores la retribución que desde hace mucho tiempo merecen, sino que más bien los ha colmado de amor y misericordia. Y la benignidad, la paciencia y la longanimidad de Dios es lo que guía a los hombres al arrepentimiento (Rom. 2: 4). El cristiano que está siendo transformado a la imagen de Dios (cap. 12: 2), mostrará por la forma como trata a sus enemigos que su carácter se va asemejando cada día más y más al carácter de Dios, que es amor (1 Juan 4: .

COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE

1 CH 22, 24, 42, 67, 121, 505; CM 230; CRA 51, 67, 83, 184, 195; CS 527; CV 273; DTG 406; ECFP 33; HAd 272; 1JT 27, 298; 2JT 214, 482; MC 92; MeM 6; MJ 241; PP 365; PR 47, 359; 2T 381; 5T 441; Te 18, 55, 132, 170; TM 159; 3TS 135

1-2 CH 49; CRA 535; EC 36; FE 289, 351; 2JT 422; 1T 694; 2T 492-7T 75; 9T 113; Te 96; TM 455; 4TS 329

2 CH 23; CM 201; 1JT 82, 599; 2JT 214; 621 MC 315; MeM 157, 328; 1T 285, 479, 704; 2T 44, 56, 71, 82, 86, 174, 185, 194, 301, 678; 3T 126, 163

3 5T 289

4-5 1JT 444

8 MeM 201

8-13 1T 692

9 4T 325

9-10 1JT 344; 5T 171

10 HAd 381, 383; HAp 223; MC 390; MeM 122; PP 126; 2T 162

10-11 2JT 45; 2T 419; 5T 108

10-13 3T 224

11 CE (1967) 108; CMC 165, 172, 283; CN 113, 115; EC 455; Ev 351; FE 214, 316; HAd 19; HAp 283; 1JT 32, 380; 2JT 160; MB 250; MeM 107, 250; MJ 70; PVGM 32, 281; SC 108, 276; 1T 317, 325; 2T 255, 500, 673, 701; 4T 191; 7T 12, 196; TM 182

12 CC 97; MeM 18; PVGM 136; 2T 48

13 CMC 33; HAd 405

15 MC 102, 115; 3T 186

16 1JT 449; TM 194; 3TS 220

17 MeM 340

18 ECFP 24; MeM 53; 1T 356

19 PE 274

21 MC 387

 

 

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2. Cristo y la Ley de Moisés (Éxodo 13:2,12; Deuteronomio 22:23,24; Mateo 17:24-27; Lucas 2:21-24; 41-52; Juan 8:1-11)
3. Cristo y las tradiciones religiosas (Isaías 29:13; Mateo 5:17-20; 23:1-7; 15:1-6; Romanos 10:13)
4. Cristo y la Ley en el Sermón del Monte (Mateo 5:17-37; Lucas 16:16; Romanos 7:24)
5. Cristo y el sábado (Génesis 2:1-3; Isaías 65:17; Mateo 2:23-28; Juan 5:1-9; Hechos 13:14; Hebreos 1:1-3)
6. La muerte de Cristo y la Ley (Hechos 13:38,39; Romanos 4:15; 7:1-13; 8:5-8; Gálatas 3:10)
7. Cristo, el fin de la ley( Romanos 5:12-21; 6:15-23; 7:13-25; 9:30-10:4; Gálatas 3:19-24)
8. La Ley de Dios y la ley de Cristo
9. Cristo, la Ley y el evangelio
10. Cristo, la Ley y los pactos
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12. La iglesia de Cristo y la Ley
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